Mensaje en la Fiesta de San Nicolás (01 de enero)

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Estamos viviendo esta tarde, gozosamente, un encuentro de oración comunitaria; vivimos el primer día del año con sentido de Dios y con sentido de pueblo; nos estamos aprestando para una despedida fraternal frente a nuestra Catedral Santuario de San Nicolás; como pueblo rezamos y cantamos juntos; sentimos hondamente que La Rioja se nos mete más en el alma con su historia, con su vida y con la riqueza que tiene de mensaje. Porque para comprender mejor nuestra alma y nuestra vida riojana, la de ayer y la de hoy, es necesario
hundir nuestra mirada en todo esto que estamos viviendo en este año nuevo, para desentrañar todo lo que hemos vivido ayer frente a la Casa de Gobierno, cuando cerramos el año con el ENCUENTRO o TINKUNACO y con el mensaje que cada año nos dejan los Allís y los Alféreses. Aquí descubrimos mejor toda la sabiduría cristiana que encierra el alma riojana y que como pueblo nos sentimos interpretados, en ese Niño Dios vestido de Alcalde y en ese Testigo de la Fe y Santo de la Iglesia de Cristo, San Nicolás, a quien le hemos
declarado nuestro patrono y como familiarmente le decimos: “nuestro padre San Nicolás”. Por eso le pedimos esta tarde que nos siga acompañando y nos ayude a descubrir y vivir el Evangelio de Cristo, que tiene en sus manos, y que él lo anunció tantas veces a su pueblo como obispo y que por fidelidad al mismo, derramó su sangre en el martirio.

Estamos viviendo la manifestación del Amor de Nuestro Padre Dios en este ENCUENTRO de pueblo; porque en la medida en que vivimos la fraternidad entre nosotros, glorificamos a Dios, Padre, y somos verdaderos hijos suyos.
Sentimos, esta tarde, que si en la Argentina se multiplicaran estos encuentros como el que estamos haciendo como pueblo, abriendo, el año nuevo con un juramento de fidelidad a Cristo, Autor de la PAZ, otro sería el rostro de nuestra patria. Porque es aquí donde retemplamos nuestra esperanza y nuestra confianza para seguir construyendo, confraternizados un pueblo creativo, pujante y que tiene el coraje de rechazar la tentación del cansancio moral que tanto mal nos hace.

La PAZ: En este primer día del año, nos unimos, también, al llamado universal del Papa Pablo VI en las “Jornadas Mundiales por la Paz”. Asumimos como lema de la Diócesis, para este año 1974, el lema universal: LA PAZ TAMBIÉN DEPENDE DE TI”, porque “la paz es posible”, como decíamos el año pasado, si nosotros queremos ser constructores de esa paz.
La PAZ, dice el Santo Padre Pablo VI, no es indolencia ni represión; la PAZ no se impone por el miedo, ni es fruto de componendas; la PAZ no se realiza sin el hombre y sin la sed de justicia; la PAZ es un tesoro espiritual y son dichosos los que la construyen cada día en su propio corazón y en las relaciones con sus hermanos; la PAZ necesita hombres con valentía, hombres que se comprometan en la defensa de los débiles y en promover la causa del pueblo ayudándole a que sea protagonista; la PAZ es sabiduría, es entrega y es deber; la PAZ es felicidad: la felicidad para el hombre y para los pueblos. Cada hogar, cada
barrio, cada pueblo debe convertirse en constructor de la PAZ; a la PAZ la viviremos verdaderamente cuando -como cristianos- hacemos programa de nuestra vida el Canto de María en la casa de Isabel, su prima; las Bienaventuranzas de que nos habla Mateo c. 5; y el mismo Mateo en el c. 25 hablándonos de las Obras de Misericordia. Construir la PAZ es ser en la vida el Buen Samaritano del Evangelio.
La PAZ es el Don de Dios; la PAZ es CRISTO, a quien nosotros hemos consagrado el año nuevo declarándolo nuestro “Alcalde”. La PAZ es el fruto de una tarea conjunta y laboriosa; se nos exige ser hombres veraces; creativos; serviciales; respetuosos de los demás; la PAZ exige condiciones en cada persona y en las relaciones que debemos tener como pueblo. A la PAZ la construye el joven, el adulto y el anciano; la construye el gobernante y el pueblo; la construye el legislador, el juez, el maestro; la construye el sacerdote, la religiosa y el cristiano; LA PAZ ES POSIBLE dijo Pablo VI, SÓLO SI SE LA CONSIDERA COMO DEBER, es decir, si cada uno de nosotros trabaja por la PAZ. Por eso se nos dice este año: LA PAZ TAMBIÉN DEPENDE DE TI. A este lema lo constituimos meta y tarea para el presente año en la Diócesis. Vivir este lema es ir realizando nuestro ENCUENTRO o TINKUNACO.

AÑO SANTO. Vivimos los cristianos un año muy especial -lo llamamos Año Santo- lo comenzamos en las Fiestas de Julio; en la Diócesis acaba en este año “74” y en toda la Iglesia el año “75”, en Roma. La meta de este Año Santo es, ustedes lo han oído muchas veces: La Reconciliación con Dios y con nuestros Hermanos; y acrecentar la Renovación traída a la Iglesia con diez años de Concilio. Vivir un Año Santo no es caminar por un camino sembrado de flores; es camino duro y difícil; porque es difícil cambiar un corazón egoísta, orgulloso y mezquino, en un corazón bueno, noble y lleno de la PAZ de Cristo. El año no es santo porque se lo declare así por un decreto, sino porque Dios nuestro Padre nos da gracias especiales para que cambiemos la vida personal y comunitaria según las exigencias del Evangelio. Aquí tenemos una gran tarea para el año “74”. Lo debemos seguir haciendo a todo nivel. Debemos poder sentir, como pueblo, los efectos de este AÑO SANTO. Es un año de mayor oración, de reflexión y de trabajo personal y comunitario para lograr sus objetivos. Si en este año pasado hemos vivido profundas alegrías y profundos sufrimientos; han sido una bendición de Dios, tanto las alegrías como los sufrimientos. Se lo agradecemos a Dios, porque nos han templado, nos han ayudado a purificar nuestra fe. En la debilidad humana hemos sentido mejor la fuerza de Dios; nos ha hecho sentir mejor las consecuencias personales y sociales del Evangelio de Cristo; porque el Evangelio no es para que se lea solamente en los templos; sino para que lo convirtamos en reflexión en oración y en vida también fuera del templo. Si estamos viviendo estas profundas experiencias dolorosas y alegres, significa que ya el Año Santo va calando hondo; va removiendo los obstáculos para que la fraternidad y la PAZ se construya, sobre sólidos fundamentos y no sobre la mentira y la ilusión. Nos va exigiendo también mirar a la Iglesia con otros ojos; serenos, limpios y evangélicos; nos va exigiendo como Iglesia, que no es el prestigio humano lo que tenemos que buscar, sino que nuestro pueblo riojano se ame más y sea, por tanto, feliz; esto es más que un simple discurso; es tarea y difícil. Aún más, algunos hermanos nuestros, que parecieran tener como objetivo injuriarla y ultrajarla, nos están revelando que están muy necesitados de esta “gracia especial” del AÑO SANTO. Ayudémosles a que descubran la “luz” y la “paz” de Cristo. Por eso no nos cansaremos de orar y de seguir brindándoles el ministerio apostólico para reencontrar la paz de Cristo en el ministerio sacramental que tenemos por mandato de Cristo.
Cristo, en su Evangelio, tiene una pedagogía especial para conducir a los hombres a la felicidad y a la PAZ; esa pedagogía es pasar por la Cruz para llegar a la resurrección; pasar por la muerte para llegar a la vida; lo que aparece como fracaso para los hombres, es triunfo a los ojos de Dios. La sabiduría cristiana de ustedes, hermanos, como pueblo, les hará tener una especie de “olfato” divino para distinguir bien el verdadero camino del falso; aún cuando deban guardar silencio, muchas veces, porque no les damos oportunidad para ejercer el derecho de expresarse. No lo olvidemos nunca, Dios es Padre muy celoso de su pueblo.

REPRESENTANTE DE PABLO VI: Un hecho extraordinario ha marcado la vida de La Rioja en este año que acaba de vivir —1973—. Me refiero a la presencia entre nosotros del Santo Padre Pablo VI en la persona de su Representante Personal Mons. Vicente Zazpe. A este hecho lo calificamos de histórico para La Rioja, quien conozca más de cerca el modo de obrar de la Santa Sede verá que este hecho va más allá de los límites de nuestra Diócesis. Cuando se silencien las pasiones humanas que entorpecen el paso privilegiado de Dios por nuestra tierra riojana, descubriremos con otros ojos, serenos y evangélicos la importancia y trascendencia de este “gesto” del Santo Padre Pablo VI en este AÑO SANTO para La Rioja.
Como cristianos y como argentinos sentimos la necesidad de testimoniarle públicamente nuestra gratitud al Santo Padre. Este “gesto” del Papa ha sido inspirado en el evangelio, no en “intereses” y juegos puramente humanos. Ha significado reafirmar la Fe cristiana de nuestro pueblo cristiano y el compromiso pastoral y misionero de la Iglesia Diocesana que quiere caminar e ir haciendo la historia con él. Ha sido un gesto apostólico para con los privilegiados de nuestro Padre Dios que son los pobres y los más necesitados, de la condición que sean. Porque demostrar un afecto especial por unos hijos, porque estos son más necesitados; es evangélico y no significa que excluye a ninguno de sus otros hijos.
Este gesto del Santo Padre nos obliga también a reflexionar y examinar todas nuestras actitudes para conformarlas mejor al evangelio y a la “identidad” del pueblo riojano. Nuestro esfuerzo será ir ahondando cada vez más la opción hecha de seguir caminando “desde” el pueblo, ayudándole a que madure su fe, su esperanza y el amor. Si así lo vamos logrando, habremos hecho, como cristianos, el mejor aporte a los gobernantes y a La Rioja, en este esfuerzo creativo de lograr una Rioja nueva, fiel a las más puras tradiciones y, a la vez, lanzada a un futuro mejor. A nosotros nos toca este presente. No podemos claudicar aunque nos cueste asumir “dolores como de parto”. Está naciendo una Rioja confraternizada y feliz, aunque hoy sus signos no sean lo suficientemente claros.
Por eso le dijimos a Monseñor Zazpe que le llevara al Santo Padre, entre otras cosas, lo más importante que no pudo escuchar ni ver: el silencio de los que no tienen voz, que están en los barrios de nuestras ciudades y metidos en los pueblos de nuestros llanos, o entre los cerros del Velasco y del Famatina o entre los más apartados pueblos del valle de Bermejo. Y con este silencio le llevara la voz de nuestros niños, de nuestra juventud, de nuestros enfermos y de nuestros ancianos; que le llevara la gratitud hecha oración del pueblo Riojano.

CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL DE SALTA: En nuestra patria, Dios mediante, se realizará un Congreso Eucarístico Nacional. La ciudad elegida ha sido Salta. Todo nuestro Año Santo debe tener para la Diócesis un sentido eucarístico. No olvidemos que la Eucaristía es engendradora de comunidades.
En la Eucaristía encontraremos la mejor escuela para aprender a liberarnos de todo lo que nos impide ser verdaderamente felices, como personas y como pueblo. Vivir a fondo el ENCUENTRO RIOJANO es vivir un AÑO SANTO EUCARÍSTICO. En el ENCUENTRO con Cristo Eucarístico descubriremos mejor cómo y hasta dónde debemos amarnos entre nosotros. Cómo ser constructores de la PAZ.

EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO: Y este AÑO SANTO, después, de diez años de Concilio, nos lleva a lo siguiente: así como en el Concilio, la Iglesia tuvo el coraje evangélico de realizar un gesto de profunda reflexión y revisión a la luz de la Palabra de Dios y de los “signos de los tiempos” en que vivimos, también la Diócesis de La Rioja ha realizado y seguirá realizando una seria y detenida reflexión y revisión para que en su vida y en su pastoral cada vez más aparezcan los signos de ser servidora de su pueblo “desde y con” la luz y la fuerza del evangelio.
Reafirmamos la “opción pastoral” que hicimos, que no es otra que la que nace del evangelio y del Magisterio de la iglesia. Por eso, el Santo Padre ha decidido que en toda la Iglesia, en este Año Santo y próximo ya el Sínodo Mundial de los Obispos, se reflexione acerca de lo siguiente: LA EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO, es decir: cuáles son las exigencias que reclama de nosotros cristianos, nuestro mundo actual. Como cristianos deberemos abocarnos este año a esta seria y profunda reflexión del mensaje cristiano, teniendo en cuenta nuestra realidad riojana.
Como ven, ser cristianos hoy, no es cómodo; todo lo contrario, es exigencia de vida y aporte a la reconstrucción según Dios de nuestra Patria. Este año deberemos, por tanto, tener como meta la reflexión del tema de la EVANGELIZACIÓN. Hoy nuestra sociedad tiene derecho a exigirnos una fe cristiana madura y comprometida. Debemos poder contar a la gente la experiencia de esa nueva vida que nos trajo Cristo, y cómo se construye una comunidad fraternal, creativa, llena de esperanza, si vivimos el evangelio que proclamamos. Por eso reafirmamos, con la ayuda de Dios y la intercesión de San Nicolás, nuestro compromiso de seguir trabajando, con la responsabilidad de la misión que tenemos, junto a nuestro pueblo, acompañándolo y compartiendo su vida de cada día y todo lo que con esfuerzo y sacrificio se viene realizando en nuestra provincia. De la misma manera con la honestidad y sinceridad evangélica señalaremos, cuando lo exija nuestra misión, lo que no sea conforme a lo que quiere nuestro Padre Dios. En este caso no será otra cosa, sino brindar el mejor aporte positivo a la difícil reconstrucción de nuestra comunidad riojana.
Pretender ver a la iglesia con otras intenciones, o interfiriendo campos que no le corresponden, es equivocarse y no comprender la misión que ella tiene en su pueblo.

A USTEDES SACERDOTES
Permítanme recordar lo que dijimos en las Fiestas de julio: este Año Santo debe ser para nosotros Sacerdotes, como cuerpo sacramental, un año especial para la reflexión profunda y para la concreción de los objetivos señalados; para vivir en la esperanza este don de Cristo que es nuestro Sacerdocio comprometido con nuestro pueblo. Somos llamados a ser los educadores de la PAZ por el anuncio del Evangelio y por la celebración sacramental de la vida de Cristo en y desde nuestro pueblo.

PARA USTEDES JÓVENES
Mirando el futuro ustedes tienen en sus manos este presente cargado de dolores y esperanzas. No se dejen seducir por lo fácil, lo superficial y los intereses egoístas. Nunca renieguen de las más puras tradiciones de sus mayores.
No se dejen atrapar por el “status” social o el deslumbramiento que pueda brindarles el poder, olvidando el dolor y las esperanzas del pueblo de donde son y pertenecen. No nieguen el pasado pero disciernan lo positivo y negativo que heredan. Ustedes son la primavera del pueblo, nunca rechacen la luz de Cristo para la inteligencia ni maten el corazón con el egoísmo. Si estudian, háganlo seriamente, porque lo necesitan ustedes mismos y lo necesitan quienes mañana dependerán de ustedes para que sepan dar razones de vivir, creer y esperar. Sean constructores de la verdadera PAZ que no se logra sin la JUSTICIA coronada por el AMOR fuerte y viril. Trabajen para que nuestra Rioja sea feliz para todos. Nunca la construyan con la mentira, el rechazo de los más pobres y con el juego de pasiones bajas, fruto de la debilidad o malicia humana.

HOGARES RIOJANOS
Este Año Santo “74” es también para ustedes hogares riojanos. Que renazca más vigorosa la paz y la unidad en el hogar entre padres e hijos (sabemos que no es nada fácil); trabajen para que nunca los hijos tengan que llorar mañana el desacierto de sus padres, los adultos y mayores; la paz de La Rioja depende también de la paz de cada hogar riojano. Transmitan la sabiduría de la vida y ayuden a sus hijos para que la fe cristiana ilumine la vida de cada día y se madure… Y ustedes hijos aporten con lo nuevo para el crecimiento de la felicidad y la paz del hogar.

COMUNIDADES PARROQUIALES
Este Año Santo es para ustedes, comunidades parroquiales de la ciudad y del interior de la Diócesis: reevangelícense permanentemente; celebren la Eucaristía como encuentro de hermanos reconciliados y constructores de la PAZ. QUISIERA MARCARLES UNA CONSIGNA PARA EL “74”: materialicen este Año Santo con la concreción de una obra del tipo que sea, pero de bien público, que sea signo y fruto de un AÑO SANTO vivido personal y comunitariamente.
Aprovechen las celebraciones patronales como el gran “encuentro” de pueblo; sean misioneras y comprometidas con toda clase de obras de bien común, privadas u oficiales. Sean siempre signo de vida y de esperanza.

A TODO EL PUEBLO
Este Año Santo es para todos nosotros, como pueblo riojano: es un “AÑO DE GRACIA” y de “BENDICIONES”. Multipliquemos los lazos de solidaridad para buscar juntos las soluciones a los muchos problemas que tenemos.
Quitemos los resentimientos de nuestro corazón, si los hubiere, para que no maten la confianza que nos debemos tener, la rectitud de corazón y la creatividad. La Rioja exige que le dediquemos lo mejor de nuestra inteligencia y de nuestros sentimientos y de nuestros esfuerzos. Sepamos llevar a cabo los cambios más profundos que reclama La Rioja como “testigos” del Evangelio de Cristo, que lo llevamos “adentro”, como pueblo, desde que comenzamos a construir nuestra propia historia. Abrámonos más allá de nuestros límites geográficos, para aportar lo que tenemos y recibir lo que nos hace falta.
Con la gracia y la luz que recibimos de Cristo, este Niño Alcalde, con la intercesión de nuestro Patrono San Nicolás, y con la ayuda maternal de María Santísima a quien ratificamos en su día nuestra consagración de la Diócesis, emprendamos la marcha de este nuevo año 1974.

+Enrique Angelelli – Obispo –