Hay que ponerle el pecho a la realidad

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Elva Sarmiento de Luján

Los padres Murias y Longueville celebraban misa aquí porque eran las afueras de Chamical. Grabriel venía dejaba la bicicleta y comía lo mismo que nosotros. Hablaba un castellano torcido, él tenía mucha paciencia y se hacía entender. Le gustaban los fideos, era un poco tímido, muy simple muy sencillo. A mí  a mi marido, Mario nos casó el P Gabriel y bautizó nuestra primera hija.

De ellos se decían que andaban con problemas, en donde no debían meterse. Nosotros no creíamos porque eran buena gente, se vivían momentos de mucha tensión, ya se comentaba que los perseguían. Supimos que se los habían llevado, cuando supimos que estaban muertos la gente más sencilla lloraba, los sentimos muchos. Ellos siempre hacían conocer a Dios para encaminar sus vidas, que no se aprovecharan de ellos, porque pasaban dos o tres meses trabajando en el campo y les daban un vale para comprar cosas en las casas del patrón. Ellos sacaban la voz por esa gente explotada dándoles la dignidad de hijos de Dios. Íbamos a misa de ellos, Carlitos celebraba aquí en la esquina para todo el barrio, tenía la idea de hacer una capilla que nunca se hizo. También visitaban y se preocupaban por los discapacitados.

Cuando murieron la gente se sentía perseguida, tenían miedo, no teníamos a quién reclamar si los mataron en la Base Aérea y se los llevaron los mismos militares. Ahí entendí muchas cosas, los quisieron callar, no querían que la gente abra los ojos y vean de otro modo la vida. Ellos trabajaban mucho con la gente pobre y nos hacían comprometer a todos con la comunidad.

Ahora tengo una panadería para alimentar a los niños pobres, siento que es el mandato del padre Gabriel. Nos decía que teníamos que dar, que compartir, que educar, eso fue para nosotros el inicio de algo. Hay que ponerle el pecho a la realidad, comprometerse, no hablar tanto de la opción por los pobres pero no siempre la viven. Tenemos que comprometernos con la realidad, que veamos la situación de la gente. Cada vez es peor la situación de la droga, de los jóvenes en la calle. Vienen a comer a mi casa y me cuentan que se drogan para dormir y no pensar que están mal, que tienen hambre. Antes venían sólo nños a comer, ahora también sus padres. y así seguimos, la gente nos regala comida, ropa. La Providencia no nos deja faltar nada, intentamos ser una luz de esperanza.

Tenemos que unirnos, formar una comunidad, comprometernos con Jesús.


Elba con su esposo Mario con quien lleva 50 años de matrimonio. Los casó el Beato Gabriel