Había mucho miedo

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Había mucho miedo

Uno se pregunta cómo habrá sido la vida de la gente de La Rioja en la época de los mártires. ¿Qué se decía? ¿Cómo vivían?

Un sentimiento dominante de los años 70, que aún hoy calla a muchos es el miedo. El miedo a ser señalado como lo que no se era, a ser secuestrado sin razón, a quedar en medio de una balacera, a ser matado tanto por fuerzas guerrilleras como militares y a partir de 1976 con más razón aún en manos de quienes gobernaban.

El Diario de la Comunidad de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús de La Rioja da cuenta de la historia vivida. Se lee que “antes de entrar a La Rioja, el colectivo en que venían las hermanas fue detenido y revisado”, “hay un diario local que critica a monseñor Angelelli”.

Diario de la Comunidad de las Hermanas. Martirio de Carlos y Gabriel

El Colegio de las Hermanas, ubicado en Bazán y Bustos 923 de la capital tenía aprecio por el obispo y viceversa. También por el mismo diario nos enteramos que Angelelli iba a celebrar misa, que al llegar saludaba primero al personal de servicio del colegio, que una de las hermanas (Felisa Bernahola) le transcribía a máquina sus homilías, otra de ellas (Susana Prolongo) cuenta de su austeridad y detalla que al arrodillarse se le veía, por la suela gastada de sus zapatos el color de sus medias. Así mismo solía ir a la comunidad a cocinar ñoquis, a almorzar, a conversar.

En una oportunidad llegó al Colegio a confirmar a un grupo de alumnas y algunos padres contrarios a su pastoreo, lo increparon y trataron mal. Esas personas eran cercanas al Diario El Sol, medio creado para denostarlo. Esa noticia generó ruido entre los detractores de Angelelli y entre los seguidores que, viendo parcialmente la noticia, generaron mala fama a las hermanas.

Diario de la Comunidad de las Hermanas. martirio de Monseñor Angelelli. Allí se lee que «con dolor y una pena sin medida recibieron la noticia inesperada del fallecimiento de nuestro querido Pastor»

En el mismo Diario de la Comunidad están, además de los recortes de los medios gráficos del “accidente” de Angelelli, el sentir de estas mujeres. El dolor que sintieron por el asesinato de Carlos y Gabriel y su asistencia al velatorio y al sepelio viajando en colectivo y exponiéndose a que no las dejaran llegar o volver. También comentan el asesinato de un laico que dejó solas a su esposa e hijitas.

Felisa cuenta que estaban ese día 4 estaban esperando a una familia que venía de Córdoba y que pasado el medio día deberían haber llegado. Cosa que no ocurrió. En ese momento llamaron al Colegio y dijeron que en Chamical no dejaban pasar porque la ruta estaba cortada, esta situación unida a otros hechos demuestran que ese corte de ruta fue para facilitar el ataque a Angelelli de modo que sólo su camioneta y el auto que provocó el vuelco estuviesen transitando. En la tarde en que lo mataron al Beato Enrique sonó el teléfono, atendió Felisa y una voz masculina dijo “Murió Angelelli ¡viva la Patria!” cortando la llamada de inmediato. Les fue difícil creer que el querido pastor ya no estaba. En el diario cronican que lloviznaba y parecía que el cielo lloraba con la gente, inmediatamente de enterarse se fueron a la Catedral y esperaron largo rato para que las dejaran entrar y otro rato hasta que trajeron el cadáver.

Y hay algo más. Felisa junto con Pura Zazú eran dos hermanas muy cercanas e inquietas. Igual que muchos dudaban de que hubiese sido un accidente. Durante el velatorio estaban sentadas en los primeros bancos de la Catedral, el ataúd de Angelelli que estaba frente al altar, era custodiado por militares que no dejaban detenerse ante él. Estas hermanas, arriesgando su pellejo idearon un plan para saber si era accidente o asesinato. Pura que era muy delgada y bajita simuló estar descompuesta, entonces Felisa la llevó del brazo al baño de la sacristía. Cuando volvían rumbo a su sitio, exageraron ambas la tristeza y el llanto, Pura se echó encima del cadáver de Angelelli como quien quiere abrazarlo, Felisa sosteniéndola la cubrió y allí Pura pudo ver una marca que delataba el asesinato. Confirmaron lo que sospechaban, lo habían matado. Junto con esto decidieron callar, si habían matado al pastor podían matar a muchas ovejas. Todos callaban también porque muchos sectores de la sociedad y de la Iglesia declararon que había sido un accidente y que de eso no se hablaba más. Felisa fue años después, testigo en el juicio de la causa de Angelelli y Lucrecia otra de las hermanas que había hecho los votos perpetuos en una Misa presidida por él, también colaboró en la causa. Todas las hermanas, cada 4 de agosto, se unieron a la conmemoración de la pascua del Pastor.

Había mucho miedo pero había más esperanza y eso es lo que sostuvo a todos e hizo aparecer el amor con que estos mártires entregaron su vida. El amor a Jesús, que no se puede esconder y el amor al pueblo que queda guardado en los corazones y en las memorias.

Ojalá venzamos todos los miedos y dejemos hablar al corazón.