Un inspirado de Dios

0
87

Carlos sigue ayudando a sus amigos más cercanos, por eso te invitamos a leer este testimonio de una amiga que goza de su intercesión:

Me llamo Olga Brollo y conocí a Carlos de Dios Murias por intermedio de mis hermanos. Ellos se estaban formando en el convento de Moreno – Buenos Aires junto a Carlos, él era mayor por algunos años. Como Carlitos era de Córdoba, cuando venía de vacaciones me traía cartas de mis hermanos al convento del divino amor, en ese tiempo era novicia, de paso me visitaba y se daban unas charlas muy lindas sobre espiritualidad, era muy amable.

Mi familia es del norte de Santa Fe. En varias oportunidades en vacaciones, Carlitos acompañaba a mis hermanos a nuestra casa. Eran días distintos, agradables, de buen humor, disfrutábamos mucho su presencia. Cuando llegaban visitas a casa, mi mamá tenia la costumbre, como éramos muchos hermanos, de preparar la comida y mandaba a los más chicos a comer en la cocina y preparaba el comedor para las visitas. Pero Carlitos siempre se iba a la cocina a comer con los niños.

Recuerdo que le preguntamos una vez a mamá, ya en sus noventa y pico de años, que recordaba de Carlos Murias. Ella nos contaba que acompañaba mucho a papá al trabajo, y en el camino se rezaban dos rosarios, a la salida pidiendo bendiciones, buen trabajo y a la llegada agradecimientos. En eso le preguntamos qué pensaba de Carlitos y nos dijo con tanta lucidez: “Carlos Murias era un inspirado de Dios”.

Olga Brollo (rojo) junto a sus hermanos y su mamá en sus 90 años

Tengo un hijo que se recibió en ingeniería de comunicación y se fue a Buenos Aires a trabajar. De repente no nos contestaba el teléfono, no sabía que pasaba y sin darnos cuenta estaba metido con la droga. Le pedí mucho a Murias por su recuperación. Cuando vuelvo de un viaje mi hijo me estaba esperando en el aeropuerto dispuesto a cambiar de vida, y entro a la Fazenda de la Esperanza en Dean Funes – Córdoba. Trabajo mucho durante un año, cuando iba terminando, se dio con una mala noticia, le apareció un cáncer. Nuevamente le pedí a Carlos Murias que me ayude en ese momento, lo operaron y le hicieron una quimio. Ahora mi hijo esta como responsable en la Fazenda de Carhué. Murias me ha ayudado siempre.

Cuando recibí la noticia de su fallecimiento lloré mucho y desde ese momento lo tenía como santo, porque murió por predicar la justicia.