Lectorado Fabián Vega – Homilía Monseñor Braida

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“Testigos de la Palabra para servir a la Palabra”

Homilía de Mons. Dante Braida – Parroquia Inmaculada Concepción de Chepes, La Rioja, 21/05/2023 a las 19.00, en la institución de ministerio del lectorado del seminarista Fabián Vega. Lecturas: Hc 1, 1-11; Ef 1, 17-23; Mt 28,16-20

Queridos hermanos y hermanas:

  1. En este día Domingo que celebramos la Ascensión de nuestro Señor, nos congregamos también para ser testigos del ministerio del lectorado que recibirá el seminarista Fabián Vega.

Damos la bienvenida a sus familiares que lo acompañan, a quienes han venido del Seminario de San Juan y de Córdoba, y de distintas comunidades del decanato y de esta parroquia Inmaculada de Chepes.

El Evangelio nos presenta las últimas palabras del Señor antes de la ascensión que nos envían a la misión, a continuar su obra de Salvación de todo el género humano: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”; y asegurándonos que no nos dejará solos: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. El libro de los Hechos agrega que Jesús, además, les dará el Espíritu Santo para que así, con él, ustedes “sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”.

                Con el poder que Jesús otorga a los Apóstoles y con la presencia fundamental del Espíritu Santo comienza la misión de la Iglesia. Misión que hoy está en nuestras manos para continuarla en este tiempo que nos toca vivir y en el lugar donde habitamos.

                Buscando crecer en la dimensión sinodal de la Iglesia vamos tomando más conciencia de que cada bautizado es colmado con la presencia de Dios para la misión, y que el Espíritu Santo a todos nos capacita y anima con carismas comunes y particulares para ser sus testigos en todo tiempo y lugar.

  1. La misión consiste en ser TESTIGOS DE JESÚS, de su amor, de su misericordia, de su cercanía a tantas realidades, de su compasión, de su vínculo con el Padre, de su entrega generosa en la cruz y de su resurrección… Ser TESTIGOS implica haber experimentado junto a Él su amor, su misericordia, su pascua… Por tanto esto requiere una cercanía existencial para con Él que, de muchas maneras, sale a nuestro encuentro. Uno de esos modos claros y concretos que tenemos de encontrarnos con el Señor es a través de la Sagrada Escritura, que nos hace presente la Historia de la Salvación y la vida misma del Mesías, Jesucristo Nuestro Señor. Todos estamos llamados a meditar cada día la Palabra para dejar que ella vaya sanando y trasformando más profundamente nuestras vidas.

Fabián, como ministro de la Palabra, ella tendrá que seguir siendo una fuente de ENCUENTRO permanente con DIOS, su lectura orante personal o comunitaria, es fuente de vida y sabiduría. Vida y sabiduría que luego tendrás que compartir con el Pueblo de Dios al cual tendrás que servir generosamente. Este tiempo de seminario te ofrece espacios propios para la oración y el estudio de la Palabra para que se genere en vos ese necesario habito para toda la vida y puedas ayudar a cada comunidad a vivir de la Palabra.

  1. La Palabra de Dios es fuente de transformación hacia una Vida Plena vivida a semejanza de nuestro Señor. Ella es fuente de discernimiento tanto de situaciones personales como comunitarias, eclesiales y sociales. La Palabra es creadora y restauradora de todas las realidades. También tiene su lado profético que nos lleva muchas veces ser signos de contradicción en un mundo que en ocasiones sigue un rumbo diferente marcado por el consumismo, la egocentrismo o por injusticias que degradan la condición humana.

Nuestros beato pastor Mártir Enrique Angelelli nos da claros ejemplos con su vida pastoral y su entrega de lo que la Palabra y el Magisterio de la Iglesia puede hacer para transformar realidades. Nos dice en una de sus homilías en épocas de incomprensiones: “Nos debemos sentir urgidos por la luminosa y ardiente proclamación del Evangelio. ‘Pobre de mí si no anunciara el Evangelio’ dice Pablo (1 Cor. 9,16). Nosotros mismos, pastores del Pueblo de Dios, debemos convertirnos en servidores de la Palabra de Dios, en discípulos del Señor, en la voz ardiente del Espíritu Santo. A esta Palabra de Dios y al Magisterio vivo de la Iglesia no podemos disminuirlos por comodidad, desfigurarlos por pereza, ni ocultarlos por cobardía aunque los factores de poder y las presiones de distinto tipo y orden busquen o pretendan hacernos infieles a la misión recibida por Jesucristo… ”[1]

                Querido Fabián, como ministro de la Palabra tendrás que vivir de ella y servir al pueblo desde ella, aunque por ella tu vida sea un signo de contradicción. Para que, junto con el Pueblo y como parte de él, puedan discernir los signos de los tiempos y obrar guiados por estos signos. Dios de muchos modos está presente y nos orienta en la vida cotidiana para que hagamos las opciones correctas y sigamos sus caminos y no otros que, de variadas formas se nos presentan, a veces ofreciéndonos una felicidad pasajera y efímera.

La rica experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base, llamada a renovarse constantemente, nos manifiesta lo que puede crecer una persona, un barrio o paraje de la zona rural, a la luz de la Palabra que siempre es fuente de vida y de crecimiento de modo Integral.

  1. También hoy, a la luz de mandato misionero de Jesús, la iglesia celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales bajo el lema: “Hablar con el corazón, «en la verdad y en el amor» (Ef 4,15). Nos dice el Papa al respecto: “Es el corazón el que nos ha movido a ir, ver y escuchar (al Señor); y es el corazón el que nos mueve a una comunicación abierta y acogedora… Sólo escuchando y hablando con un corazón puro podemos ver más allá de las apariencias y superar los ruidos confusos que, también en el campo de la información, no nos ayudan a discernir en la complejidad del mundo en que vivimos…

Comunicar cordialmente quiere decir que quien nos lee o nos escucha capta nuestra participación en las alegrías y los miedos, en las esperanzas y en los sufrimientos de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. Quien habla así quiere bien al otro, porque se preocupa por él y custodia su libertad sin violarla. Podemos ver este estilo en el misterioso Peregrino que dialoga con los discípulos que van hacia Emaús después de la tragedia consumada en el Gólgota. Jesús resucitado les habla con el corazón, acompañando con respeto el camino de su dolor, proponiéndose y no imponiéndose, abriéndoles la mente con amor a la comprensión del sentido profundo de lo sucedido. De hecho, ellos pueden exclamar con alegría que el corazón les ardía en el pecho mientras Él conversaba con ellos a lo largo del camino y les explicaba las Escrituras (cf. Lc 24,32).

En un periodo histórico marcado por polarizaciones y contraposiciones –de las que, lamentablemente, la comunidad eclesial no es inmune –, el compromiso por una comunicación “con el corazón y con los brazos abiertos”… es responsabilidad de cada uno. Todos estamos llamados a buscar y a decir la verdad, y a hacerlo con caridad. A los cristianos, en especial, se nos exhorta continuamente a guardar la lengua del mal… De nuestra boca no deberían salir palabras malas, sino más bien palabras buenas «que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan» (Ef 4,29). A veces, el hablar amablemente abre una brecha incluso en los corazones más endurecidos.

Como he podido subrayar, «también en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos… De una escucha sin prejuicios, atenta y disponible, nace un hablar conforme al estilo de Dios, que se nutre de cercanía, compasión y ternura. En la Iglesia necesitamos urgentemente una comunicación que encienda los corazones, que sea bálsamo sobre las heridas e ilumine el camino de los hermanos y de las hermanas. Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad.”

                En este día quiero dar gracias a Dios por el camino que vamos recorriendo en la diócesis buscando formarnos y acrecentar la comunicación a través de un Equipo que fue generando una hermosa y viva red capilar que llega a todas las parroquias, áreas pastorales, movimientos. Los animo a seguir dando pasos con mucha humildad y valentía al mismo tiempo, como respuesta al mandato misionero de Jesús y asumiendo las posibilidades de medios que nos ofrece este tiempo.

  1. Querido Fabián, que este ministerio que hoy recibes siga forjando tu corazón de discípulo y de pastor para que, en primer lugar, tu vida sea una clara expresión del Evangelio y, a su vez, que tus palabras sean siempre portadoras de buenas noticias, llenas de espíritu profético y de esperanza.

Queridas hermanas y hermanos aquí reunidos, que esta celebración nos renueve en la decisión de vivir de la Palabra que hace ‘nuevas todas las cosas’ y nos lleva siempre por caminos de plenitud.

La Virgen inmaculada nos guíe por estos caminos, ella que supo escuchar con un corazón abierto y disponible la Palabra y, con la fuerza del Espíritu Santo, pudo dejarse moldear por ella y seguirla con alegría y fidelidad. Así sea.

[1] ANGELELLI E. Misa Radial, La Rioja, 21 de abril de 1974.