Fiesta de San Nicolás (04 de Julio)

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HERMANOS RIOJANOS… PEREGRINOS… PROMESANTES

Esta Santa Iglesia de Cristo en La Rioja sale interiormente iluminada, fortalecida y enfervorizada en estas Celebraciones Patronales en honor de nuestro Patrono San Nicolás.

¡Alegrémonos en el Señor, porque hemos sido alimentados con su Divina Palabra y fortalecidos con su Cuerpo y con su Sangre!

¡Alegrémonos porque el Señor nos ha dado como intercesor y testigo de la Fe al Obispo y Mártir San Nicolás!

Cuando María Santísima, nuestra Madre, se encontró con su prima Santa Isabel (nos relata San Lucas en su Evangelio) ésta le dijo:

“FELIZ TU QUE CREÍSTE

PORQUE SE CUMPLIRÁ LO QUE TE PROMETIÓ EL SEÑOR”

También la Iglesia le dice -hoy- a La Rioja:

FELIZ TU, OH RIOJA, PORQUE ACOGISTE EL DON DE LA FE.

El Señor es fiel a su Palabra; te seguirá acompañando como Padre misericordioso; no temas.

Y con María, cantamos desde lo más hondo de nuestro ser: Nuestra Diócesis celebra y canta las “maravillas divinas” que el Señor ha obrado en nosotros, en cada mujer, en cada hombre, en cada hogar, en cada ciudad y pueblo de esta bendita, sufrida y esperanzada tierra.

Como Pedro y Juan en el pórtico dorado de Jerusalén, la Iglesia Diocesana le dice a su pueblo:

No tenemos oro ni plata, pero en el Nombre de Jesús Resucitado levántate fortalecida después de estas celebraciones y sigue caminando con esperanza y gozo en el Señor, en medio de tu dolor, porque tienes el Don de la Fe, de la Esperanza y del Amor; acrecienta y madura este Don; sigue caminando, no te detengas, sigue construyendo la felicidad de tus hijos en la paz y con la bendición de Dios, nuestro Padre. Somos hijos de la luz, no de las tinieblas. No temamos; Jesús -el Señor- es nuestra victoria.

El Evangelio es la Buena Nueva de la Vida de Dios en nosotros; Cristo nos llama a la Vida, no a la muerte.

Cristo nos convoca a ser hermanos y amigos, no enemigos y extraños.

Cristo nos convoca a la unidad en el amor, no a la dispersión y al odio entre hermanos. Cristo nos enseña el camino para ser felices:

“FELICES los que tienen espíritu de pobres, “FELICES los que lloran, porque recibirán consuelo,

“FELICES los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia,

“FELICES los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados “FELICES los de corazón limpio, porque verán a Dios,

“FELICES los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios,

“FELICES los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos,

“FELICES ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo.

Ustedes son la LUZ del mundo y la SAL de la tierra.

La Luz de ustedes debe brillar ante los hombres para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos.

Miremos el futuro con confianza y con esperanza, aunque el camino de cada día esté sembrado de cruces. Amarremos nuestras cruces a la Cruz de Cristo, así como lo hacemos el Viernes Santo en el Señor de la Peña, al amarrar nuestras débiles cruces de madera y de caña a la roca firme del Barrial de Arauco, símbolo de Cristo, que es la Roca viva y el Fundamento de nuestra Fe.

Somos las piedras vivas de la Familia de Dios, somos los sarmientos pegados al tronco de la vid, que es Cristo; llevamos en nuestros corazones la “semilla divina” de la Vida de Dios. Todo esto requiere esfuerzo, responsabilidad; debemos asumir la cuota de sufrimiento que a cada uno nos toca.

En esta hora difícil y decisiva, nos hace falta a todos la fortaleza del Espíritu Santo que habita en nosotros para que las CRISIS no nos asusten, para que las TENTACIONES no nos desequilibren, para que los RIESGOS no nos paralicen.

Esperamos del Espíritu Santo la fortaleza que nos asegura la esperanza.

Esperamos de Él la Luz beatísima que nos haga ver claro en un horizonte oscuro y nos lleve a hablar con precisión divina en un momento confuso, para que nos enseñe a hablar con audacia serena y a callar con prudencia cristiana.

Esta tarde, al declinar el día y antes de despedirnos, sentimos la necesidad de escucharlo a Dios que habla en cada uno de nosotros. Sentimos la necesidad del silencio interior para sabernos más necesitados de Dios y más solidarios los unos de los otros.

Sentimos la necesidad de orar por nosotros mismos, por nuestras familias, por los que están sufriendo mucho, por nuestra Provincia, por esta Iglesia Diocesana, por la Patria.

Nuestra oración se une de una manera particular a las intenciones del 41 CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL en Filadelfia y a nuestros hermanos del Líbano, como nos pide el Santo Padre. Nuestra oración debe ser universal, a nadie excluimos.

Oramos por nuestra Patria para que la sangre derramada con generosidad y heroísmo se convierta en ofrenda SUPLICANTE ante nuestro Padre Dios y podamos lograr la verdadera y ansiada paz.

Nuestra oración es también AGRADECIDA por habernos hecho miembros de la Iglesia de Cristo, por habernos guiado como Padre Bueno en nuestra historia y habernos salvado en los grandes momentos difíciles, por habernos probado con el sufrimiento, como Iglesia, y hacernos sentir que SABEMOS EN QUIEN hemos puesto nuestra confianza.

Necesitamos pedirle PERDÓN cuando somos infieles a sus mandamientos cuando no respetamos el templo vivo de Dios que es cada hombre cuando injuriamos a su Cuerpo Místico y Pueblo de Dios que es la Iglesia pedirle perdón por nuestros pecados privados y públicos, por nuestra soberbia y nuestra falta de amor cristiano, por nuestras desuniones, por nuestra insensibilidad ante el dolor de nuestros hermanos, cuando somos infieles en el cumplimiento de nuestros deberes.

Como Obispo, hago mías las palabras del Concilio:

“LOS GOZOS Y LAS ESPERANZAS, las tristezas y las angustias de los hombres, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren… son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo… Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de la Iglesia.”

Nada, por tanto, hay verdaderamente humano en nuestro pueblo riojano que no encuentre eco en el corazón de la Iglesia Diocesana, ni en el corazón de su Obispo como de todos los que comparten conmigo la difícil y sagrada misión pastoral…

Nos duelen los dolores de La Rioja y nos alegran las alegrías de La Rioja.

Como argentinos, nos alegran sus alegrías y nos duelen sus dolores.

A MODO DE ORIENTACIONES para esta segunda mitad del año tengamos muy presente lo siguiente:

  1. Sigamos intensificando el trabajo en el PROGRAMA PASTORAL MATRIMONIAL.
  2. Fortalezcamos nuestra unidad eclesial a todos los niveles, con la oración, la reflexión del Evangelio y el testimonio del amor operante.
  3. Que nuestro amor cristiano sea “ingenioso” para multiplicar la ayuda a los que más sufren en nuestra Diócesis.
  4. Aprovechemos todas nuestras Celebraciones Patronales para fortalecer- nos espiritualmente con la Palabra de Dios y los Sacramentos.
  5. Aprovechemos este tiempo para madurar más nuestra Fe, nuestra Esperanza y nuestro Amor fraternal.
  6. Ponemos a la Diócesis EN ESTADO DE ORACIÓN por la Patria y por la familia.

Háganse súplicas privadas y públicas por estas intenciones.

NOS DESPEDIMOS…..

Es hora de regresar a nuestras casas, es hora de reiniciar nuestras tareas… que nuestros rostros reflejen la alegría interior y la esperanza de seguir construyendo la felicidad de La Rioja.

Sabemos que no es fácil; reclama el esfuerzo de todos, reclama la confianza de hermanos, la serenidad y la necesidad de ser solidarios.

No temamos.

CRISTO hace con nosotros el camino,

SAN NICOLÁS jamás olvida a su pueblo riojano por el que tiene que interceder siempre,

MARÍA, la Virgen Madre, nos ayuda y nos bendice.

A ustedes los oyentes de L.V. 14… les despido hasta que nos encontremos de nuevo, en las Fiestas Patronales de cada pueblo, en las Visitas Pastorales, o en otras ocasiones que nos sea posible.