Homilía Mons. Braida- Centro Pastoral Santo Domingo, asunción del Nuevo Rector: P. Emmanuel Varas

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EVANGELIZAR ESCUCHANDO EL CLAMOR DEL PUEBLO

Homilía  Mons. Dante Braida en el Centro Pastoral Santo Domingo, asunción del Nuevo Rector: P. Emmanuel Varas.

La Rioja 20/08/2023.  Textos bíblicos: Is 56,1.6-7/Mt 15,21-28

“Mujer, ¡qué grande es tu fe!” (Mt 15,28)

  1. Una vida sin fe va perdiendo poco a poco su sabor y su sentido más profundo. Pero podríamos preguntarnos ¿qué significa creer? ¿cómo está nuestra fe? ¿cómo se expresa mi fe hoy?

Bien podemos dejarnos iluminar por el Evangelio que acabamos de escuchar para encontrar una respuesta clara y alentadora. Jesús, que está en un país extranjero, se encuentra con una mujer que tiene una misión concreta: ser madre. Además ama a su hija. Pero, a su vez, tiene problemas, su hija está muy enferma y no consigue que se cure. Sin embargo escucha hablar de Jesús y confía que puede salvar a su hija. Tiene fe. Por eso se acerca y a pedir ayuda. Sin embargo se encuentra con varias dificultades que ponen a prueba esa fe. Los discípulos que quieren de algún modo apartarla, Jesús que inicialmente actúa con cierta indiferencia y mantiene un diálogo distante y con respuestas evasivas aludiendo a que él vino solo para el pueblo de Israel. Sin embargo la mujer insiste, insiste e insiste. Grita, se postra, habla, dice lo que siente y expresa lo que busca. Y finalmente responde que no quiere sacarle el pan a los hijos, pero considera que ella puede recibir algunas ‘migajas que caen al suelo’ de la mesa de esos hijos.

Sus palabras son toda una súplica, un clamor que expresa su necesidad. Ella no duda, tiene valor y  persevera aun cuando no tiene resultados inmediatos. Jesús queda más que sorprendido al ver la fe de esta mujer y la alaba. “Mujer, ¡qué grande es tu fe!” le dirá, concediéndole lo que ha pedido. Por eso la fe, en primer lugar, hace referencia a una relación directa con Dios, relación de confianza que lleva a una oración perseverante.

Podemos contrastar esta escena de la mujer con Pedro, cuando sale de la barca con los ojos puestos en Jesús que lo llama a su encuentro camina sobre el agua, pero cuando duda y pone los ojos en la tormenta del mar empieza a hundirse. Jesús le dirá ‘Hombre de poca fe, porqué dudaste?

  1. Queridos hermanos y hermanas, como esa mujer cananea, todos tenemos una misión en la vida. La vida de cada uno de nosotros es una misión. Podemos preguntarnos: ¿Cómo esto y llevando adelante hoy esa misión? ¿Soy responsable en ella? ¿cómo la vivo? A su vez, también puedo preguntarme ¿Cómo está mi fe hoy? ¿Es una fe grande? ¿Cuáles son las dificultades que tengo en la vida para llevar adelante esa misión que tengo y que soy?

Porque también en nuestras vidas e historias tenemos dificultades, heridas que nos duelen. Tenemos nuestra propia historia de vida y no siempre es una historia fácil: hay muchos dolores, a veces conflictos y también pecados. ¿Tenemos que esconder esa historia? ¡Claro que no! Tenemos que ponerla delante del Señor y también nosotros clamar: “¡Señor, si Tú quieres, puedes sanarme!” Esto es lo que nos enseña esta mujer: el valor de llevar la propia historia de dolor delante de Jesús; ella se animó a experimentar la ternura de Jesús. Por eso hoy, que cada uno tenga en cuenta su propia historia. Sí, siempre hay cosas difíciles. Pero hoy, con san Francisco Solano, venimos al encuentro de Jesús, llamamos al corazón de Jesús y con la confianza de aquella mujer podemos repetir: “¡Señor, ayúdame, Señor socórreme!”. Tenemos que tener presente que Jesús, tiene un corazón lleno compasión, capaz de llevar sobre sí nuestros dolores, de cargar nuestros pecados, nuestros errores, nuestros fracasos y abrirnos a nuevas oportunidades.

Por eso en el Evangelio de hoy Jesús nos invita a la confianza, a la perseverancia en la oración, a crecer en la fe y caminar hacia adelante con esperanza y ánimo. Él está con nosotros.

  1. Por otra parte a Jesús lo vemos presente en un país extranjero, va a Tiro y Sidón, por lo tanto pasa fronteras para estar cerca de otra gente diferente a la de su pueblo y allí también escucha a las personas y las atiende en sus necesidades.

Cuando san Francisco Solano llega a esta tierra, lo hace como un franciscano misionero, deja su tierra natal y, guiado por el Espíritu Santo, es parte de la misión de la Iglesia que siempre debe ir a lugares alejados a llevar la Palabra de Dios y hacer que todos los pueblos vivan del amor de Dios y reciban su paz. Tiene que pasar varias fronteras geográficas y sobre todo culturares para llevar adelante esa misión. Por eso tiene una sensibilidad especial por los pueblos originarios, valorando sus vidas e historias les comparte el evangelio de Jesús, les ofrece y ellos reciben la gracia del bautismo. Hoy esa misión la tenemos que llevar adelante nosotros, todos los bautizados. Buscando acercarnos a toda realidad humana, especialmente a la más afectada por la carencia, la pobreza, la enfermedad y ofrecer un oído atento que escucha y un corazón que se compadece y se dispone a hacer algo para ayudar.

Nos dice el papa Francisco en su primera exhortación: “…Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (EG n° 20). “La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad” (EG n° 46).

                En estos tiempos en los que queremos profundizar la sinodalidad de la Iglesia, los invito a orar con más insistencia y a sumarnos a la misión evangelizadora de la Iglesia. Estés como estés, en la Iglesia tienes un lugar y eres parte de su misión. ¡Vívela!

  1. Es bueno tener presente todo esto hoy que recibimos al P. Emmanuel como Rector-Administrador de esta Iglesia y Convento que hace dos años dimos en llamar ‘Centro Pastoral Santo Domingo’ ya que la Iglesia está para evangelizar y llegar a los más alejados y, a su vez, hacer que el evangelio llegue más profundo en nuestros corazones y nos cambie la vida. Nos convierta más en una presencia viva de Jesús rico en misericordia y siempre dispuesto ayudar y dar nuevas oportunidades.

Hace poco vivimos aquí la Visita Pastoral y muchos expresaron sus sentimientos de nostalgia con la ida de los frailes dominicos pero que, a su vez, asumían con confianza esta nueva etapa del camino y veían con esperanza la llegada de nuevos grupos que iban incorporándose a la vida del Centro pastoral.

Queremos seguir en ese camino. Una Iglesia sinodal es una Iglesia abierta, que da participación siempre en vistas de caminar juntos, buscando la comunión y siendo fieles a la misión que Jesús le encomendó: ir a todo el mundo, es decir, a todas las realidades humanas, a todas las periferias para llevar su Buena Noticia y sembrar de esperanza la vida de las personas.

  1. Los invito a poner toda la confianza en Jesús y a seguir andando. Que Santo Domingo nos anime a vivir con esperanza y alegría nuestra misión de cada día y esta nueva etapa en el Centro Pastoral; que nuestros beatos Mártires riojanos, Carlos, Gabriel, Enrique y Wenceslao nos ayuden a confiar más en Dios, a creer más en su Evangelio y a entregar la vida en el servicio de los demás; y que Nuestra Señora del Rosario nos anime a seguir siempre los caminos de su Hijo aprendiendo cada día de su corazón misericordioso. Así sea.