Una Iglesia en salida y misionera

0
25

Con San Jerónimo el 30 de septiembre cerramos el mes de la biblia, que en su corazón está el llamado a la misión, por eso nos prepara a centrarnos en este dinamismo, que nace del encuentro con Jesús y su gracia. Como fieles de la diócesis del Rioja, es bueno que comencemos este mes de octubre, con una aproximación a las principales ideas de una de las tres líneas pastorales que tenemos.

La actitud misionera de una Iglesia en salida

Es un desafío, un cambio de visión, abrirnos de forma constante en nuestra realidad concreta a ir a nuevos lados, a lo que llamamos hoy las periferias, no se trata de que busquemos lo difícil, sino una actitud que esté abierta, que se preocupe, que ore por todo lo que pasa en la diócesis, desde esa óptica de Pablo, la preocupación por todas las iglesias. Tal vez mis posibilidades sean solo abrir caminos digitales, o tal vez por mi trabajo pueda estar en contacto con espacios diferentes al de donde vivo, o tal vez tenga la fuerza para emprender algún proyecto eclesial o social por el bien de la diócesis, a veces será también activar los movimientos que ya existen, con probados resultados e interactuar y promoverlos donde estoy, como cursillos o el movimiento carismático por poner dos. o trabajar por la unión del decanato, prestando servicios donde más falta exista y a su vez la interacción entre los decanatos, teniendo una mirada que salga de mi lugar, que comparta y cree nuevas realidades de comunión y participación en sinodalidad, también lo que pueda surgir del dialogo ecuménico, interreligioso o cultural siempre desde una identidad católica, pero si no puedo nada de lo expresado, orar e interiorizarme asumiendo y acompañando esta línea pastoral desde el corazón.

Con el consuelo y la esperanza del Evangelio, el gozo y la plenitud que la gracia produce en el corazón que la recibe, no tiene comparación con nada, vivir de la mano de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es lo mejor que nos pueda pasar en la vida, es la puerta al cielo y para construir un inicio de mundo mejor en la tierra.

Llegar a personas alejadas o en situación de riesgo y vulnerabilidad, a los más pobres, débiles y sufrientes, dentro de la actitud de salida expresada, en donde todos son los llamados a recibir a Cristo, sin exclusión de nadie, existe la opción preferencial por los más necesitados o sufrientes.

Con una mayor cercanía y proximidad promoviendo la cultura del cuidado, dando respuesta a la pregunta de Caín: ¿soy yo acaso custodio de mi hermano?, y la respuesta desde el génesis hasta el apocalipsis es: si somos custodios de nuestros hermanos y será un punto fundamental del examen final que nos hará Jesús, misericordioso y justo juez. Haciéndonos cargo los unos de los otros, erradicando la cultura de la indiferencia, la exclusión y la confrontación.

Y también el cuidado de la creación, asumamos una sana y preclara ecología cristiana, que nos lleve a la espiritualidad del amor a la creación como criaturas de Dios, como expresión de su amor hacia el ser humano, que Dios creo con especial amor y le confió el cuidado sabio y armónico de toda la creación. En la encíclica Laudato Si‘, el papa Francisco nos invita a una conversión ecológica: «Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir.”

“Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades.” El Mes de las Misiones 2022 en nuestra patria lleva el lema «Para que sean mis testigos».

El mes de las misiones comienza con la memoria de San Teresa del niño Jesús, quien muy joven entregó su vida por la salvación de las almas y por el incremento de la iglesia, nombrada junto a San Francisco Javier patrona de las misiones.

Pidamos tener el fervor de los santos y santas misioneros, que con su creatividad nos muestran como seguir las huellas de Jesús Resucitado, que nos abre al Padre Dios y nos da el Espíritu santo.