¿Todo tiene remedio? El desafío de esperanza de la Vigilia Pascual

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Reflexión a cargo de Iván Bussone

Introducción

Hay un refrán español, muy común entre nosotros, que dice: “todo tiene remedio menos la muerte”. Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿realmente todo tiene remedio? ¿Confías en que todos tus problemas tienen alguna solución? Y si tienen solución, ¿por qué estás angustiado ante ese problema que te aqueja? Por otra parte, en este refrán está claro que la muerte no tiene remedio. Curiosamente, la muerte es una de las principales causas del miedo, el pánico, la angustia, la desesperación, la ansiedad y de tantas otras experiencias negativas en los seres humanos. A lo largo de estas líneas, deseamos mostrarte qué es lo que conmemora la Iglesia el Sábado Santo y, a partir de ello, ofrecerte una reflexión sobre estas preguntas.

En las profundidades de la noche, cuando las sombras parecen más densas y el silencio es más elocuente, se lleva a cabo en la noche del Sábado Santo un rito ancestral que trasciende el tiempo y el espacio: la Vigilia Pascual. Este momento único en la liturgia cristiana no es solo una conmemoración histórica, sino un portal hacia la esencia misma de la fe, donde la muerte cede ante la luz de la resurrección y la esperanza se renueva en cada corazón creyente.

El silencio del Sábado Santo

Durante el Sábado Santo, la Iglesia se sumerge en un profundo recogimiento conmemorando a su Señor en el sepulcro. Es un día de meditación intensa sobre la pasión y muerte de Jesús, su descenso a los infiernos y la espera expectante de su gloriosa resurrección, todo ello acompañado de oración y ayuno.

En este día, la Iglesia no celebra la santa misa, dejando el altar desnudo como símbolo de la ausencia del Señor hasta que, después de la solemne Vigilia pascual, se inaugure la alegría propia de la Pascua y se extienda durante los cincuenta días pascuales.

La Vigilia Pascual

La Vigilia pascual es una costumbre muy antigua, una noche de vela dedicada al Señor, siguiendo la recomendación del Evangelio: “Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor…” (Lucas 12, 35-37).

Esta Vigilia es la noche más importante de todas las noches porque en ella resucitó Cristo. Es la más noble de todas las solemnidades. Esta es la noche santa por excelencia por eso san Agustín afirmó que es “la madre de todas las vigilias santas”.

La misa de la Vigilia, incluso si se celebra antes de la medianoche, es la misa de Pascua del Domingo de Resurrección, anticipando y celebrando la victoria de Cristo sobre la muerte y su gloriosa resurrección.

Estructura de la Vigilia Pascual

La ceremonia se divide claramente en cuatro partes distintas.

En la primera sección, conocida como el Lucernario o “liturgia de la luz”, se lleva a cabo la bendición del fuego que es utilizado para encender el Cirio Pascual, que simboliza la resurrección de Cristo. La luz de este gran cirio se transmite a las pequeñas velas de los fieles y, en el altar, se le rinde homenaje con un himno (Pregón Pascual) que invita a la alegría de todo el pueblo y al canto jubiloso.

En medio de la oscuridad de la noche, cada llama encendida en la Vigilia Pascual es un testimonio vivo de la esperanza que reside en el corazón humano. Es el recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros y desafiantes de nuestras vidas, la luz de la fe puede disipar las sombras y conducirnos hacia una nueva vida en Cristo. Esta celebración trasciende lo ritual para convertirse en un encuentro íntimo con la verdad más profunda de nuestra existencia: que la muerte ha sido vencida y la vida eterna nos aguarda.

La segunda parte, la Liturgia de la Palabra, nos permite escuchar diversas lecturas bíblicas junto con sus respectivos salmos. Estas lecturas relatan cómo el Señor liberó a su pueblo de la opresión, lo guió con su mano poderosa y finalmente envió a su Hijo para redimirnos. Después de cada lectura, una oración nos invita a aplicar lo escuchado en nuestras vidas.

En la tercera sección, la Liturgia Bautismal o “liturgia del agua”, se realiza la bendición del agua bautismal, momento en el cual (si hay candidatos) se bautiza a los nuevos miembros de la familia de Dios y se renuevan las promesas de nuestro propio bautismo.

Finalmente, la cuarta parte es la Liturgia de la Eucaristía o “liturgia del pan y del vino”, en la que se consagran estos elementos con las palabras de Jesús pronunciadas en la Última Cena. Durante esta liturgia, recordamos la muerte del Señor y proclamamos su resurrección hasta que él regrese.

Consecuencias para tu vida

La Vigilia Pascual es la celebración solemne de la resurrección gloriosa de Cristo Jesús. Efectivamente, Jesús al entregarse a sus enemigos murió crucificado, pero la muerte no tuvo la última palabra. La muerte no es el capítulo final de su historia, porque al tercer día sucedió algo mucho más admirable: su gloriosa resurrección.

El poder de Dios lo resucitó de entre los muertos (cf. Rom. 8, 11) para nunca más morir puesto que la muerte ya no tiene poder sobre él (cf. Rom. 6, 9). Con su muerte, Jesús venció la causa de todos los males que aquejan a la humanidad: el pecado. Y con su resurrección venció al peor enemigo del hombre: la misma muerte: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?” (1Cor. 15, 55).

Si Jesús venció la muerte, está equivocado el refrán “todo tiene remedio menos la muerte”. Para un cristiano, ese refrán debe cambiar a “todo tiene remedio, incluso la muerte puesto que un hombre la venció”. Si Jesús resucitó, hay esperanza, es posible una vida nueva y la muerte se convierte en un paso (= pascua) a la eternidad.

La celebración de la Pascua es para renovar la confianza en que todas las dificultades, incluso las que parecen insalvables, tienen solución. Ese problema que te aqueja, esa enfermedad, adicción, crisis financiera, dependencia emocional, insomnio, trauma que aún sufres, pecado en el que reincides, frustración y tantas otras realidades que no te dejan vivir en plenitud, tienen solución. Tal vez esa solución no sea como la que deseas, pero tiene remedio. Quizás vez el proceso que has llevado a cabo para solucionarlo no fue el adecuado, pero eso no implica que no tenga solución. Incluso puedes haber llegado a creer que jamás podrías salir de esa situación porque lo has intentado muchísimas veces, hasta convencerte de que no tiene remedio. Pero una cosa es que no conozcas el camino para lograr la salida y otra es negar que tiene salida. Así como el templo estará a oscuras en la Vigilia Pascual y Cristo Jesús, simbolizado por el Cirio pascual, disipa la oscuridad… también Jesús puede disipar la oscuridad en la que estás sumergido, porque por Él, con Él y en Él, todo, absolutamente todo, tiene remedio, incluso tu propia muerte.

Conclusión

La Vigilia Pascual nos recuerda que la muerte no es el final, sino un umbral hacia la eternidad. Es un llamado a abrazar la luz de la resurrección en medio de nuestras oscuridades personales, confiando en que cada desafío tiene una solución en la providencia divina. Que esta celebración te inspire a vivir con renovada esperanza, a amar con mayor generosidad y a caminar en la fe, sabiendo que en Cristo todo tiene remedio, incluso la muerte misma.