Tercer día Novena de San Nicolás: – Homilía de Monseñor Braida

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 “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita” (papa Francisco)

Homilía de mons. Dante Braida en el tercer día de Novena en honor a San Nicolás de Bari, patrono de La Rioja. 30/06/2024. Aniversario de la dedicación del templo Catedral. Texto bíblico: Mc 5,21-43

  • “90 años de fe, esperanza y misión”. Con este lema estamos viviendo la novena y fiesta de San Nicolás de invierno en este año de jubileo diocesano. Nuestra Iglesia de La Rioja cumple 90 años de vida. Hoy es el tercer día que reflexionamos sobre la FE, los tres siguientes lo haremos sobre la ESPERANZA y los tres días finales sobre la MISIÓN.

Hoy también conmemoramos la dedicación de esta Iglesia Catedral. Por ello encontramos encendidas las velas en las columnas de este Templo que se inauguró en el año 1912. Hoy damos gracias por todos los que realizaron esta obra a inicios de pasado siglo, luego de que el terremoto de 1894 destruyera la antigua iglesia Matriz. Luego este templo fue declarado Santuario y posteriormente Basílica Menor, y, en el año 1948 fue inaugurado y bendecido el camarín de San Nicolás.

  • En este templo, tan significativo para el pueblo riojano, venimos a cultivar nuestra amistad con Dios y a encontrarnos como su pueblo. Venimos a escuchar su Palabra que alimenta nuestra fe, para crecer juntos y madurar nuestra vida cristiana y como pueblo de Dios.

El evangelio que hoy escuchamos, justamente nos expresa la valoración de Jesús a la fe de una mujer que se acerca para tocarlo confiando que sería sanada y la fe de un padre que pide por la curación de su hija.

En primer lugar esa mujer que se acerca a Jesús por detrás era alguien que venía sufriendo desde hace muchos años. Por su enfermedad era considerada impura y tenía que vivir aislada para no ‘contaminar’ a otros. Por tanto no solo su cuerpo estaba afectado por las hemorragias sino que su mundo afectivo y sus vínculos con los demás estaba dañado. No pude siquiera tener un proyecto de vida, de familia, de comunidad. Además intentó muchos caminos, gastando todos sus bienes, para sanarse y cada vez estaba peor. Estaba en una situación límite. Por tanto se acerca a Jesús como la última oportunidad y lo hace con confianza de tal modo que cree que con solo tocarlo podrá ser sanada. Y así sucede. El mismo Jesús al escucharla atentamente y comprenderla la anima diciendo: “Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz, y queda sana de tu enfermedad”.

Seguramente en nuestras vidas pasamos situaciones difíciles, experiencias límites, o momentos en que no sabemos qué hacer ante una dificultad. A veces recurrimos a opciones que prometen una solución rápida pero no conseguimos nada.

Por eso, un punto de partida certero es volver a Jesús, acudir a Él en un vínculo estrecho de intimidad y cercanía. Nuestra fe tiene que hacerse diálogo con él, abandono en él, vínculo afectivo permitiendo que Él reciba nuestras heridas y nuestros límites. Cuando con fe nos acercamos a él, pronto podemos experimentar que no estamos solos y que podemos descansar en él y comenzar a ver la realidad de otra manera y encontrar su sentido más profundo. Aunque muchas veces las cosas no se resuelvan como a nosotros nos parece, sí, en Él, le encontraremos su verdadero sentido.

  • Ocuparse de la mujer hizo que Jesús se demorara en el camino y aparentemente llegara tarde a casa del Jairo, el jefe de la sinagoga. Tal es el caso que le avisan que la niña ya ha fallecido. Sin embargo Jesús dice a Jairo ‘no temas, basta que creas’. Él, que había visto lo sucedido con la fe de la mujer sanada, tenía motivos para creer y confiar aunque muchos se burlaban de la situación.

Por la fe de este padre, Jesús entra a su casa y a la habitación de su hija. Lo hace en compañía de tres discípulos. Y donde todos veían muerte Jesús ve vida y, tomando de la mano a la niña la devuelve sana a su familia. También tiene el gesto tierno de decirle que le den de comer. Jesús obra con poder y con ternura a la vez. La fe de un padre ayuda a su hija.

Nuestra fe en Dios no es para un vínculo intimista e individualista. La fe implica un trato personal con Dios que, al mismo tiempo, nos compromete con los demás.

En esta situación vemos la fe de tantos padres que velan por sus hijos en todas las etapas de la vida, que se desvelan por ellos y acompañan su crecimiento. Vemos especialmente a personas que padecen por las dificultades en que pueden encontrarse sus seres queridos y se comprometen a acompañar con la oración y la cercanía y la ayuda concreta.

Tenemos presente aquí a tantas madres y padres que sufren por sus hijos que están atrapados en algún tipo de consumo de drogas, o los que acompañan a sus hijos que no encuentran el sentido de sus propias vidas. Padres con hijos enfermos, con enfermedades largas y complejas. O Padres cuyos hijos han emigrado por necesidad y no pueden acompañarlos de cerca. Pedimos especialmente por ellos y por sus necesidades.

Nuestra fe es una fe samaritana, que confía en un Dios que se hizo carne, que se puso y se pone en nuestro lugar acompañándonos en toda situación y, a la vez, nos invita a hacer lo mismo: ponernos en el lugar de los demás, acercarnos, escuchar, comprender y buscar, junto a ellos, caminos de salida.

La fe crece con la oración diaria y con la acción concreta que expresa el amor y la misericordia de Dios. 

  • Hoy que celebramos la dedicación de este templo Catedral. Este templo es el lugar de la cátedra del Obispo, donde imparte sus enseñanzas al pueblo, pero es también expresión del mismo Pueblo de Dios. Por eso lo llamamos “Iglesia” porque es la casa que nos reúne como pueblo convocado por Dios.

Este Templo que es también un Santuario donde muchas personas acudimos para encontrarnos con Dios y con su misericordia. Venimos a agradecer y muchas veces elevar una súplica en nuestras necesidades. Al llegar aquí, con toda fe y con toda confianza nos nace una oración invocando la intercesión de San Nicolás, o al Virgen o el beato mons. Angelelli.

En este lugar venimos a hacer experiencia de la Misericordia del Señor confiando que, como esa mujer y ese padre del evangelio, nuestra fe será tenida en cuenta por Él.

A su vez, la Iglesia, particularmente los que tenemos alguna responsabilidad en ella, o estamos en algún grupo o servicio, tenemos que ser especialmente expresión de la misericordia de Dios. Nuestras miradas, gestos y acciones tienen que disponerse a recibir y acoger con la ternura de Jesús a quienes llegan a este lugar, reconociendo que todos tenemos un lugar en  la Iglesia, pero que, particularmente debemos ocuparnos de los que acuden aquí con mayor necesidad.

Nos dice el Papa Francisco: “La salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia. No hay acciones humanas, por más buenas que sean, que nos hagan merecer un don tan grande. Dios, por pura gracia, nos atrae para unirnos a sí. Él envía su Espíritu a nuestros corazones para hacernos sus hijos, para transformarnos y para volvernos capaces de responder con nuestra vida a ese amor… Esta salvación, que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia, es para todos… Nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas. Dios nos atrae teniendo en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que supone la vida en una comunidad humana. Este pueblo que Dios se ha elegido y convocado es la Iglesia. Jesús no dice a los Apóstoles que formen un grupo exclusivo, un grupo de élite. Jesús dice: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos» (Mt 28,19).  Continúa Francisco: “Me gustaría decir a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a los que son temerosos o a los indiferentes: ¡El Señor también te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor!  Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.[1]

  1. Querida comunidad aquí reunida. El Evangelio que escuchamos y contemplamos hoy sea un aliento para nuestra vida y motivo de una profunda alegría. Los invito a que abramos nuestros corazones a dejarnos llenar por la misericordia y la ternura de Jesús. Los invito a que hagamos de nuestra Iglesia una casa, una comunidad que sea expresión de esa misericordia y ternura.

Este Templo, cuya dedicación hoy celebramos, el próximo domingo 7 de julio nos recibirá como peregrinos de toda la diócesis para celebrar la fiesta de San Nicolás y los 90 años de la diócesis de La Rioja. De muchas maneras estamos organizando esa jornada. Los invito a que acrecentemos nuestra oración para que ese encuentro, ese tinkunaco de comunidades que peregrinarán con algunas imágenes de cada decanato, sea un motivo de alegría, de renovación en la fe y en el compromiso misericordioso y misionero para toda la diócesis. Así sea.

[1] Papa Francisco. Evangelii Gaudim 112-114