Ser mujer del Sínodo – María Marcela Mazzini

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Marcela Mazzini es antes que todo una mujer de Iglesia. También es Argentina. Laica, casada, madre de dos hijos. Catequista. Acompañante espiritual. Doctora en Teología (UCA) en donde es docente. Participa en el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina y fue una de las delegadas argentinas a la Asamblea Sinodal de Brasilia.

Desde el Área de Pastoral de la Mujer le hicimos esta entrevista

¿Cuáles son las particularidades de las mujeres de la Iglesia  latinoamericana?

Mirando la encuesta del observatorio mundial de mujeres, que hizo la unión de organizaciones femeninas católicas (umofc), las aspiraciones de las mujeres en los distintos lugares del mundo son bastante similares: sobre todo el deseo de participar en en equidad con los varones en las distintas instancias de la vida, también en la Iglesia. Particularmente en la Iglesia latinoamericana y Argentina se ven dos realidades: Las mujeres de las clases medias que en sus trabajos, en su vida social y profesiones son incidentes y no quieren quedarse en una iglesia en donde van al consejo pastoral y no se las considera, ahí se nota que las mujeres jóvenes se están yendo de la iglesia y eso está claramente en los informes de Argentina y algunos países de América Latina. La otra realidad es la de las mujeres de las bases, de los sectores populares, de los barrios, las zonas rurales, allí se da un fenómeno en que siendo una necesidad se transforma en virtud. En esos lugares no hay muchos sacerdotes y las mujeres conocen a la perfección el barrio: por ejemplo el apoyo, el merendero, ellas lo organizan. Los enfermos, los que están sin trabajo, donde hay violencia, entonces los sacerdotes las siguen mucho porque estas mujeres les dan el pulso de la realidad. Allí se da una sinergia muy interesante y gracias a ello adquieren mucho protagonismo y son en general muy escuchadas. En estas oportunidades no espacio para el clericalismo

 ¿Cuál es el aporte de las mujeres en Latinoamérica?

El mismo observatorio mundial de mujeres muestra que las mujeres participan, somos de participar en la iglesia. No es que queremos hacer más cosas, (porque ya hacemos de todo), sino que queremos estar en los lugares en donde se toman las decisiones e incidir en las decisiones de la comunidad y estar junto a los varones (laicos y clero), en todos los ámbitos, no solamente en la fiesta patronal para decidir si es a la mañana o a la tarde, sino pensar juntos la catequesis, la liturgia, la misión, aunar criterios, ver problemas. Esta es la aspiración de las mujeres.

Los aportes de las mujeres a la asamblea Sinodal de Brasilia han sido en general muy positivos y bien recibidos. No se notó resabios de clericalismo.

¿Cuáles son las mayores alegrías, tristezas, esperanzas que las mujeres manifiestan?

Nuestros países están atravesando momentos sociales muy complicados. Las mujeres han manifestado la preocupación por los hijos, el problema de la violencia, la droga, la falta de trabajo, la falta de oportunidades, el recrudecimiento de la violencia familiar en la época de la pandemia, la partida de los hijos por falta de oportunidades… aún así el ardor misionero permanece. Las mujeres en general, estamos educadas para seguir las causas que importan y aún aquellas que no parecen tener tanta chance, por no decir las causas perdidas. Las mujeres de iglesia siguen firmes. Me impresionó en Brasilia ver el testimonio de los pueblos originarios, de ellas y de ellos. En la pequeña comunidad donde dice conversación espiritual, había una señora de una comunidad del norte de Argentina que estaba muy comprometida en la misión.

 ¿Cuál es tu sentir como mujer sinodal?

Mi sentir como mujer de iglesia y que mira el sínodo es creer que ésta es la verdadera reforma de la iglesia. Aprender a hacer las cosas de otra manera, a caminar juntos si aprendemos este estilo sinodal de ser y de hacer se va a producir una verdadera reforma en el sentido de la conversión. Esto nos impulsa a la conversión personal y a la conversión comunitaria. El sínodo propone un verdadero cambio de cultura eclesial donde uno de los grandes problemas es el clericalismo, si logramos hacer esos cambios que necesitamos y asumir la corresponsabilidad que el bautismo nos marca, vamos a hacer un cambio muy profético, miro este movimiento con esperanza. Depende de nosotros y nosotras, que no quede en buenas intenciones sino que produzca realmente cambios. Hay resistencias, hay oposición, hay que cambiar una cultura eclesiástica y eso toma tiempo, decisión y voluntad.

¿Cuál es tu deseo para la Iglesia?

Deseo para la iglesia una iglesia más fraterna en donde se haga realidad el lema del Sínodo: “Comunión Misión Participación”. Me uno al sueño de Francisco.