Mons. Braida – Homilía Domingo del Buen Pastor y aniversario de ordenación sacerdotal

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El Buen Pastor da la Vida

Homilía de Mons. Dante Braida pronunciada en la jornada del Buen Pastor y 28° aniversario de su ordenación sacerdotal. Iglesia Nuestra Madre de La Merced. La Rioja. 21/04/2024.   Lecturas: Hc 4, 8-12; 1° Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18

Queridos hermanos y hermanas:

  • Con alegría y esperanza celebramos hoy a Jesús, nuestro Buen Pastor Resucitado. Lo hacemos en el domingo, día del Señor en este tiempo pascual que vamos transitando y en esta jornada del Buen Pastor en el que rezamos especialmente por las vocaciones en la Iglesia.

Con ustedes también en este día doy gracias por el 28° aniversario de mi ordenación sacerdotal.

¿Y cómo ejerce Jesús su oficio de pastor? El evangelio de hoy nos presenta tres características que definen la «acción pastoral» de Jesús, buen Pastor:

  • Da su vida por nosotros. Sabemos que “no hay mayor amor que dar la vida”; por tanto de este modo Jesús vive y expresa su gran amor por nosotros, por cada uno de nosotros.
  • Jesús habla del conocimiento íntimo, la comunión de vida, que busca tener con nosotros. Tan profundo es este conocimiento o comunión mutua que Jesús la compara al vínculo que Él tiene con su Padre.
  • Jesús, como buen pastor, busca la unidad del rebaño, amplía su horizonte a otras ovejas, no se cierra en las que ya están sino que se ocupa y piensa en las que todavía no pertenecen al único rebaño de Dios.
  • El buen Pastor da la Vida por sus ovejas, porque las ama y quiere la Vida de cada una de ellas. Las ama porque su vida es Amor. Porque él mismo es amado por su Padre y él lo ama del mismo modo. Sí, Jesús nos ama y ama cada una de nuestras vidas y quiere que ‘tengamos Vida y Vida en abundancia’ (Jn 10, 10).

Para que ese amor nos llene y se exprese en nuestra vida necesitamos crecer cada día en un vínculo cercano con Jesús y su Padre Dios, ayudados con la presencia del Espíritu Santo en cada uno. Para ello necesitamos darnos cada día tiempos para la oración, necesitamos valorar momentos para estar ante la Eucaristía, en la celebración de la misa del Domingo especialmente y en la adoración. En cada parroquia hay propuestas de adoración y también en algunas las capillas de adoración. Sé que muchos de ustedes tienen ya incorporados esos tiempos. Una visita al templo, frente al sagrario es de gran ayuda para el vínculo con el Señor, como también orar en nuestras casas. Dios nos ha creado con capacidad para relacionarnos con él ‘cara a cara’.

En su mensaje para este año sobre las vocaciones, el papa Francisco nos dice: “El Señor habla a nuestro corazón y quiere encontrarlo disponible, sincero y generoso. Su Palabra se ha hecho carne en Jesucristo, que nos revela y nos comunica plenamente la voluntad del Padre. …estamos llamados a redescubrir el don inestimable de poder dialogar con el Señor, de corazón a corazón, convirtiéndonos en peregrinos de esperanza, porque «la oración es la primera fuerza de la esperanza. Mientras tú rezas la esperanza crece y avanza. Yo diría que la oración abre la puerta a la esperanza. La esperanza está ahí, pero con mi oración le abro la puerta»”.

  • También Dios se nos manifiesta mucha veces a través de mediaciones humanas. Hoy demos gracias a Dios, por la vida recibida de él, por la fe que nos ha dado y porque ha puesto y pone a nuestro lado personas que acompañan nuestra vida y nos manifiestan claramente su amor incondicional.

Para discernir nuestra vocación y seguirla fielmente necesitamos recibir el amor de Dios y a la vez darlo a los demás en el servicio, en la ayuda solidaria, en el ocuparnos del prójimo. Empezando por aquellos que están cerca de nosotros en la vida cotidiana y buscando acercarnos, con espíritu misionero, a los más alejados.

El amor de Dios debe circular en nuestra vida en un constante recibir y darlo generosamente. Es necesario vivir un compromiso constante en este servicio a los demás porque en ellos vamos descubriendo los signos vocacionales para discernir nuestro lugar en la Iglesia y en la Sociedad y porque toda vocación se realiza en el servicio y los compromisos de cada día.

También nos recuerda el Papa en este mensaje que hemos sido llamados a “ser peregrinos de esperanza y constructores de paz; lo cual significa fundar la propia existencia en la roca de la resurrección de Cristo, sabiendo que cada compromiso contraído, en la vocación que hemos abrazado y llevamos adelante, no cae en saco roto. A pesar de los fracasos y los contratiempos, el bien que sembramos crece de manera silenciosa y nada puede separarnos de la meta conclusiva, que es el encuentro con Cristo y la alegría de vivir en fraternidad entre nosotros por toda la eternidad. Esta llamada final debemos anticiparla cada día, pues la relación de amor con Dios y con los hermanos y hermanas comienza a realizar desde ahora el proyecto de Dios, el sueño de la unidad, de la paz y de la fraternidad. ¡Que nadie se sienta excluido de esta llamada!

Cada uno de nosotros, dentro de las propias posibilidades, en el específico estado de vida puede ser, con la ayuda del Espíritu Santo, sembrador de esperanza y de paz. Por todo esto les digo una vez más, como durante la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa: “Rise up! – ¡Levántense!”. Despertémonos del sueño, salgamos de la indiferencia, abramos las rejas de la prisión en la que tantas veces nos encerramos, para que cada uno de nosotros pueda descubrir la propia vocación en la Iglesia y en el mundo y se convierta en peregrino de esperanza y artífice de paz. Apasionémonos por la vida y comprometámonos en el cuidado amoroso de aquellos que están a nuestro lado y del ambiente donde vivimos. Se los repito: ¡tengan la valentía de involucrarse! Don Oreste Benzi, un infatigable apóstol de la caridad, siempre en favor de los últimos y de los indefensos, solía repetir que no hay nadie tan pobre que no tenga nada que dar, ni hay nadie tan rico que no tenga necesidad de algo que recibir”.

  • En la Iglesia identificamos básicamente 3 vocaciones:

Vocación laical tiene que ver con servicio comprometido en el mundo para mejorar y cambiar para bien la sociedad en que vivimos. Por eso, queridos jóvenes si son llamados a este camino tienen un amplio campo de acción en la profesión y oficio que tengan, en el ámbito del trabajo, en el compromiso con las instituciones sociales, en el ámbito de las comunicaciones, de la educación, de la salud, de la política, del matrimonio y la familia.

Vocación a la Vida Consagrada, una bella vocación que tiene por misión manifestar de un modo radical el Reino de Dios, asumiendo una vida orante y comprometida en un carisma al servicio del pueblo de Dios, en muchas ocasiones al servicio de los más pobres de la sociedad.

       Vocación al ministerio sacerdotal, es una vocación al servicio de la Iglesia, ayudando a que todo el pueblo de Dios inicie y crezca en un vínculo estrecho con el Señor y viva su vida haciendo la voluntad de Dios. La celebración de los sacramentos, la predicación de la Palabra, el ir al encuentro de la gente en sus lugares, como buen pastor, acompañar situaciones de vida difíciles, crisis, son un modo concreto en que viven su vocación. Unida a esta vocación podemos incluir la vocación al ministerio del diaconado, en los últimos años de la Iglesia, se ha recuperado como vocación propia para poner de manifiesto de un modo más claro y patente la dimensión de servicio de la vida cristiana.

  • Cómo les decía, hoy celebro 28 años de sacerdocio. El 21 de abril de 1996, en el atrio de la Parroquia Inmaculada Concepción de mi ciudad natal, Reconquista, recibí la ordenación sacerdotal.

Como todos, tuve que atravesar un buen tiempo de discernimiento vocacional. Rezar, participar de grupos de la Iglesia. Crecer en el ámbito de una familia de fe me ayudó como también el estar integrado a la vida social asumiendo mis responsabilidades en el estudio, en participar, con amigos y amigas, de tiempos de recreación y deportes, también de actividades misioneras y de servicio a los demás. En todo fui viendo primero con mayor dificultad y luego con más claridad que en mi vida el Señor me quería en este camino del Sacerdocio, como a otros amigos los llamó el Señor a la vida laical. La oración y los signos en la vida cotidiana me ayudaron descubrir el camino. Necesité también dialogar con un sacerdote acompañante. Recuerdo muy bien el día que fui al obispado a dialogar con Mons. Sigampa para plantearle la posibilidad de ingreso al seminario.

Luego vino la etapa de la formación en el Seminario ‘La Encarnación’ de Resistencia, Chaco. Y luego de la ordenación, luego vino del de vivir el ministerio en varias parroquias, incluido unos años de misión en Cuba. Finalmente llegó otro llamado del Señor para servir a su Pueblo como Obispo, primero como auxiliar en la arquidiócesis de Mendoza y luego con ustedes aquí desde hace cinco años.

Hoy quiero, con ustedes aquí reunidos y con quienes nos acompañan por las redes y la televisión, dar gracias al Señor por este llamado y quiero vivirlo entregando mi vida para que cada miembro del pueblo de Dios, cada bautizado, encuentre su lugar, su propia vocación en la Iglesia, y la pueda vivir plenamente. Pueda ser feliz en esa vocación.

  • Al celebrar en estos días los 90 años de la diócesis, pidamos juntos al Buen Pastor resucitado, que nos dé la gracia de crecer cada día en vínculo profundo con él, que podamos vivir cada compromiso de servicio a los demás con alegría y responsabilidad para encontrar en allí los signos de la vocación que Dios tiene para cada uno.

También le pedimos al Señor que habiendo encontrado nuestro lugar en la Iglesia, nuestra vocación, ayudemos a otros, especialmente a los adolescentes y jóvenes, a encontrarlo para que todos vivamos plenamente la vida y el amor del Señor se manifieste en cada momento de nuestro caminar.

Que nuestra Madre de la Meced y su esposo San José nos ayuden en este camino de Vida plena. Que los beatos mártires Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao, que dieron sus vidas por el Evangelio, cada uno en su propia vocación nos alienten a encontrar nuestra propia vocación y a vivirla con alegría y fidelidad hasta sus últimas consecuencias. Así sea.