Misa de despedida para la visita «Ad Limina» (03 de Septiembre)

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Mis buenos Hermanos. Vamos a reflexionar juntos esto que estamos viviendo esta tarde. Solamente se entiende esto que hacemos esta tarde si lo miramos desde la fe. O sea si lo miramos desde la Iglesia como misterio de fe. Por eso cuando rezamos el credo, así como decimos “creo en Dios que es Padre, creo en Dios que es Hijo, creo en Dios que es Espíritu Santo”, decimos también con la misma fuerza de la fe “creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica”. Y decimos finalmente “creemos en la trascendencia, es decir creemos en la vida eterna y en la resurrección“. Es un problema de fe. Esta sería la idea fundamental.

Humanamente hablando, yo les tengo que decir a ustedes, interiormente (lo digo como lo siento. Además no tengo ningún derecho a hacer que ustedes lo acepten o no lo acepten), lo digo como lo siento. Y es un poco como de con- fusión. Un viaje que suscite esto. Esto de hoy y lo que hemos vivido un grupo que fuimos de aquí, ayer en Chamical. Pero la fe es la que le da sentido a esto que estamos viviendo hoy. Y también está el afecto.

¿Y qué es éste viaje? Me voy a Roma. ¿Qué significa esto? Bueno, lo he ido diciendo varias veces. Quizás es bueno repetirlo ahora, por lo menos las ideas fundamentales. Miren, todavía no acabamos de escribir una serie de carpetas, que serían los informes que tengo que llevarle al Santo Padre de la diócesis de La Rioja en los cinco últimos años. ¿Por qué? Porque, bueno, así está dispuesto diríamos en lo que hace a la parte visible de la Iglesia. Que cada cinco años los Obispos de todo el mundo llevamos la vida y la marcha de una iglesia particular o Diocesana para dialogarlo con el Papa como Cabeza del Colegio Episcopal y como Padre de toda la cristiandad, como Vicario de Jesucristo y como Sucesor de Pedro. No es con el sentido humano de la inspección. No, no. Es un sentido de profunda comunión. Es, crece o no crece una comunidad determinada, en la fe, en la esperanza y en la caridad. Y a todos los Obispos de América Latina nos toca en este año 1974. Tocará después en el año 1979. Está dividido por continentes: los 4, los 9 nos toca a los Obispos de América latina. 74-79, 84-89. Si es que no cambian. Eso se lo dejamos a otros. Pero lo que quiero decir, todos los Obispos de América Latina. Digo que todavía no están acabadas, porque yo me hubiera ido antes. Pero mañana, si Dios quiere, o pasado, finalizaremos quienes (públicamente yo quiero darles un testimonio de gratitud por la tarea que están realizando en la Secretaría General del Obispado). Un trabajo intenso y al mismo tiempo recogiendo lo que ya se venía recogiendo de toda la Diócesis, y además utilizando por cierto el Archivo diocesano.

Pero fíjense ustedes que esto no es lo más importante de una visita del Obispo al Papa. No, no es lo más importante. Lo repito de nuevo. Porque si fuera lo más importante una carpeta más o menos bien preparada, con unos gráficos muy lindos. Porque van a ir unos gráficos de La Rioja, en todos los aspectos. La Rioja está como graficada allí, con números, estadísticas, colores, hechos muy bien por una Hermana que dibuja. En fin, todo eso es muy lindo. Pero no es lo más importante. Casi diría que si fuera a Roma para decirle “Esta es la carpeta del informe de la diócesis de la Rioja”, aun cuando técnicamente pudiese merecer un 10, me sentiría y nos deberíamos sentir un poco como frustrados y fracasados. O sea, es llevarle lo que no va en la carpeta, llevarle lo que no va en la carpeta; lo que en cierta manera refleja una carpeta.

Dialogar con Pedro. Esta primera lectura tan interesante. Dialogar con Pedro y contarle a Pedro lo que le contaban los Apóstoles. En este caso se llama Pablo pero es su sucesor. Contarle a Pedro cómo la Iglesia que un día fue clavada, metida, engendrada en esta tierra, esa Iglesia que fue una pequeña planta, hoy se encuentra en esta situación. La Iglesia de Jesucristo. Cómo, no solamente la Iglesia, sino cómo este pedazo de mundo, este pedazo de tierra, este pedazo de América, de Argentina, este pedazo de tierra nuestra que es La Rioja. Esta Rioja en el contexto nacional y en el contexto latinoamericano. Cómo es este hombre riojano en el contexto argentino, cómo vive este hombre, este hombre que somos nosotros. Cómo vive, cómo reza, cómo piensa, cómo sufre, cómo se alegra. Es decir, llevarle eso que casi no se puede contar. Y es lo que quiero decir yo: y no lo van a entender mucho mientras esto no lo viva. Pero es más o menos decirle: pero no se pueden entender aún cuando las estadísticas fuesen muy buenas. Y aún cuando se les diga “saben que hay problemas, hay líos también”. Todo eso le voy a contar. No se puede entender sin un con- texto. Esto es lo más importante para mí, una de las facetas, en una visita al Santo Padre. Esta es La Rioja con su historia, esta es La Rioja con su presente, y esta es La Rioja con la esperanza de mirar adelante. Y en esa Rioja esta es la Iglesia. La Iglesia que es la misma, la de ayer, la de ahora y la que con la gracia de Dios será la del futuro.

Y en ese diálogo, es decirle esta es la Iglesia que se alegra y que sufre. Esta es la Iglesia que es fiel y es pecadora. Esta es la Iglesia que se esfuerza por ser santa y también manifestamos nuestra debilidad y nuestros pecados. Esta es la Iglesia que por querer hacer que el Evangelio se encarne, esta Iglesia también tiene el signo de la persecución y del rechazo, también; no hay que ir a contarle sólo cosas lindas. Todo. Todo. El lenguaje tiene que ser evangélico, el relato tiene que ser evangélico. Y los datos más o menos lo más acercados a la verdad. De lo contrario no vale la pena hacerse un viaje tan largo, que uno ya tiene ganas de volver antes de salir. Sí, es eso.

No le puedo decir, no le podemos decir “la comunión esa que la vamos a vivir intensamente dentro de un rato aquí sobre la mesa del altar, no está realizada del todo”. Y será hasta allá, hasta el día del juicio. La vamos realizando. No, no está realizada. Es decir la comunión, cuando digo la comunión de mente y de corazón, no, no está. Y no está por muchas razones. Y es complejo el problema. Es decir, es compleja la vida. Y unos hermanos caminan más adelante y otros no tan adelante. Y unos ven y otros no ven. Y unos tienen actitudes que son evangélicas y otros tienen actitudes que no son tan evangélicas. Y le diré a Pablo: “Pablo, hermano nuestro, y padre nuestro. Esta Iglesia también por tus mismos hijos es herida, es rechazada. Es rechazada como no siendo fiel a la fe católica”. También eso. Es decir, todo esto tiene que como graficar el estado y el signo, la vida, el grado de madurez de nuestra Iglesia Diocesana. O sea, con la vida de nuestro pueblo, con los esfuerzos que se hacen en nuestro pueblo. También la vida de una comunidad cristiana que quiere responder en nombre de Cristo como servidor al pueblo de La Rioja. Yo diría que no es nada más que eso. Es decirle a él también: Mire, no vengo solo. Pero no es una poesía ni un puro sentimentalismo. Yo vengo con todo un presbiterio detrás. Vengo con todo un cuerpo de religiosas. Vengo con todo un laicado. Vengo con todo un pueblo que reconoce, acepta y confiesa la fe, una, santa, católica y apostólica. Vengo de una manera muy especial por aquellos que nunca podrán decir una palabra porque están sin voz. Los que nunca tienen voz. Yo quiero representarlos a ellos de una manera muy especial. Pero a todos. A todos. No para ir a rendir cuentas sino para ir a intensificar una comunión. Una comunión en la fe. Esta es la visión grande que toma una visita que se llama “Ad Limina”.

Es decir, una visita que va allá lejos, junto a las tumbas de Pedro y Pablo. Y poder decir, como he dicho varias veces en las misas sobre todo radiales, allí, hincado en esa tumba de Pedro, el mismo credo que vamos a rezar esta tarde aquí. Que lo rezamos todos los domingos. Es decir, llevar el credo de la Iglesia riojana y de esta tierra riojana. Llevarlo allá y volverlo a recitar junto a la tumba de Pedro.

Decirle también a Pablo VI, con un poco de cariño y de afecto, porque si esto que es chiquito tiene problemas, el mundo tiene más problemas y caen sobre sus espaldas. Poderle decir que algunos padrenuestros se los echamos y un poco de afecto se lo llevamos como para hacerle un poco más llevadero el peso de la cruz, al estar, diríamos, guiando a la Iglesia de Jesucristo en un mundo como el que estamos viviendo, que es un mundo de profundos cambios. Lógico. Es humano también. Ante un padre nuestro en la fe, anciano. Y también, no es de mármol, es de carne y hueso. Y habrá que decirle “mire, sabe que de allá le arrimamos unos padrenuestros y lo queremos”.

Y sabe, así como usted por la misión que Cristo le ha confiado, nosotros le venimos agradecer muchos gestos de usted. Entre otros, el gesto de habernos mandado un Representante Personal, no con un sentido político sino con un sentido muy profundo de fe. Le venimos a decir que le llevamos a usted, le ratificamos la comunión. Esto creo que sería lo fundamental.

Llevo algunas cositas para darle como símbolo de La Rioja. Un poncho de guanaco con una cosita muy bien grabadita. De paso está el autor aquí. Grabadito, muy lindo. Un poncho tejido por la mujer riojana como signo de fidelidad y gratitud de esta Iglesia de La Rioja al Santo Padre. Más o menos ése es el texto. Un poncho muy bien tejido por cierto, como lo hacen nuestras tejedoras. Y al mismo tiempo muy bien preparado. Una cosita linda, sencilla.

Un Cristo, una cruz, traído del oeste. Ha sido trabajado por gente de nuestra tierra, juntando la madera más linda que tenemos. Es un Cristo, de algarrobo la cruz, la imagen es de retamo, y los clavos son de chañar. Entonces, dice esto “cariñosamente al Santo Padre”. En el oeste lo hicieron, pero en Chamical me lo dieron.

Y nuestro Dionisio Díaz hasta hace un rato ha estado trabajando, como trabaja él. Y quiere que le lleve un Cristo que le ha puesto “Cristo Indio”. Una preciosa talla. Que se lo lleve en nombre de La Rioja. O sea, un hombre nuestro, riojano, madera nuestra, carisma nuestro. Un hombre nuestro que talla, que graba. Eso quiere que le lleve. Hizo dos. El “Cristo del hogar” también. Que eligiera. Me he quedado con el Cristo Indio. Una cara linda, ¿no es cierto? Hecho de algarrobo. Es decir: son detalles pareciera de niño, que cuento. Pero creo que es profundo el sentido que tiene todo esto. Y créanme. Acabó Ayer. Lo cuento porque se une al sentido de lo de esta tarde. Quienes hemos estado lo podrán relatar mejor. Pero no se puede describir lo que hemos vivido. Y cuando ayer en Chamical me encontré que todos los Llanos y todo el Oeste estaban allá. Gente que se había hecho entre ir y volver casi 600 kilómetros. Porque desde Vinchina venirse a Chamical o de Campanas a Chamical, o de Guandacol a Chamical, o del Sur, de allá de Ulapes, es lejos. Un día realmente evangélico, diría, cariñoso. Un día de fraternidad y que remató con una Misa tan estupenda, tan linda, a la vez sencilla, pero muy honda. Que les cuento esto porque yo volvería a decir “Esta es La Rioja”. Es decir, esto no se puede describir ni se puede contabilizar. El que se hizo 600 kilómetros para estar cinco horas y juntarse con 40 ó 50 personas, porque los quiere y los siente hermanos. Y vino a darse un abrazo, a tratar unas cosas así, muy en profundidad, pero con mucha sencillez, comerse un pedazo de carne, tomarse un vaso de vino, y volver. Eso no tiene precio.

Entiendo que lo que estamos viviendo, así, desde este ángulo, tiene sentido esto de esta tarde. Y de una manera muy especial, yo quiero decirles a ustedes que si algo también llevo para decírselo al Papa, es precisamente el laicado. A ustedes mis queridos laicos, en este proceso del laicado riojano, tan, yo diría, tan dolorosamente esperanzador. Porque si no, no hace nada. En el dolor nacen las cosas y con esperanza, un proceso tan hondo, tan hondo, pero que se va articulando, porque así parecería que Dios lo va llevando así. A ustedes les quiero decir de una maneja especial esta tarde “muchas gracias”. No tanto por lo personal, y también por lo personal. Pero por lo que ustedes son y significan. El laico, ya se llame perteneciendo a una institución, o el laico que está haciendo una Rioja más feliz en la responsabilidad que esté. Desde un puesto oficial hasta un puesto escondido o un lugar escondido. Acá en la ciudad de La Rioja o trabajando allá por Villa Nidia, Aguayo, o metido allá por Jagüé o por Guandacol o por El Zapallar, o por el norte, o por donde sea. A ese laico como se llame, hombre o mujer, grande o chico, más inteligente o menos inteligente, no sé, pero a ese laico también institucionalizado (es decir, asociado, por- que hace falta también irse asociando, pero bien, como fruto de una realidad y de una necesidad), a ese laico yo le quiero decir una palabra sola “muchas gracias”. Pero al mismo tiempo, le quiero decir “y de ese laico yo he aprendido mucho”. Y de ese laico, lo que he aprendido se lo llevo al Santo Padre.

Que la Virgen a todos nos bendiga y nos acompañe a todos. Que San Nicolás nos siga dando la mano, como el Negro la sigue dando.