Mensaje Diocesano del Año Santo (01 de Julio)

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Ha querido Dios Nuestro Señor, regalarnos un favor muy grande a la Diócesis de La Rioja, en estas fiestas patronales de San Nicolás. Hace oficialmente la apertura del Año Santo. Lo haremos unidos a todas las Diócesis del mundo por expresa decisión del Santo Padre Paulo VI. Lo hacemos hoy con la participación de Ustedes, pueblo de La Rioja, convocado en nuestra Iglesia Catedral y Santuario del patrono de la Provincia y de la Diócesis.

Y porque también celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo. Celebración que nos permite reafirmar nuestra fe y nuestra fidelidad a la Iglesia de Cristo que se edifica sobre el fundamento de los Apóstoles y de sus sucesores que son los obispos en comunión con Pedro y que hoy toma el nombre de Paulo VI. Y esta Iglesia riojana que tiene todos los elementos fundamentales de la Iglesia de Cristo, Que es una Santa-Católica y Apostólica, se apresta hoy como todas las Iglesias locales del mundo, a dar comienzo a un gran movimiento de reconciliación y renovación, como fruto de 10 años de la celebración del Concilio Vaticano II.

Porque, hermanos cristianos, diez años de Concilio han sido suficientes para marcar en toda la Iglesia y en el mundo huellas que no es posible desconocer y volver atrás. Hacerlo sería ponernos al margen de la Historia y ser infieles a Dios. Se trata por tanto de ir haciendo que el Concilio se convierta en vida cada vez más en nuestra Diócesis, como en toda la Iglesia ya que esta vida se vea reflejada en nuestras mentalidades y costumbres cristianas, a fin de que el gran programa de vida marcado y señalado por el Concilio no quede archivado como voces del pasado. Por tanto se trata también de que siga influyendo en la vida concreta de cada cristiano de la Diócesis, tanto de las generaciones presentes como futuras. Por eso si con la iglesia en el Concilio hemos asumido el desafío del cambio, que es universal, profundo y acelerado, como lo señala el mismo Concilio; con todas sus tensiones, dolores y esperanzas, y lo hacemos con la serena, humilde y firme decisión que nos da el Señor. Queremos ser fieles al Espíritu Santo que purifica y transforma, que renueva y cuestiona, que quema lo viejo y da paso a lo nuevo, que da paso a la vida y a lo que no muere. Que está purificando a toda la comunidad de los cristianos que es la Iglesia, para que seamos verdaderamente testigos del Evangelio que es la Buena Noticia gozosa de Dios.

Por eso el Año Santo que iniciamos está marcado por estos diez años de Concilio. No queremos ni debemos renunciar de seguirlo haciendo calar hondo en toda la Diócesis de La Rioja.

El gran objetivo de este año Santo señalado por el Santo Padre es la Reconciliación. Reconciliación con nuestro Padre Dios y Reconciliación con nuestros hermanos. Será un año de un gran examen de conciencia personal y de toda la comunidad diocesana. Lo deberemos hacer dejándonos urgir y cuestionar por el Evangelio y la irrenunciable exigencia de traducirlo en la vida diaria. Tendremos que pedirle mucho al Señor que nos de la luz, la fuerza y la valentía para revisar nuestra mentalidad y criterios de ver las cosas y nuestra conducta privada y pública si es verdaderamente de la fe que profesamos como cristianos. Deberán entrar en esta revisión del Año Santo además de nosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, nuestras comunidades parroquiales, nuestras instituciones, las Obras y Proyectos que tenemos entre manos; todas nuestras actitudes concretas como cristianos frente al desafío de la hora que nos toca vivir.

Deberá llevarnos este Año Santo en nuestra diócesis a producir el fruto esperado. Se lo pedimos insistentemente a Cristo. El fruto es la paz. Pero esta paz no se logrará si no trabajamos incansablemente por establecer un orden justo como lo quiere Dios. Realizar una justicia como la describe Dios en la Biblia. Traducir el amor en las obras de cada día.

Otra gracia y favor grande que nos hace nuestro Padre Dios es el Sufrimiento al comenzar este Año Santo, con que ha marcado a nuestra Diócesis Riojana.

Esto nos significa que nos hace un fuerte llamado, Dios Nuestro Señor, para que saquemos las lecciones para el futuro. Es llamado para que cambiemos de vida. Es un llamado para que aprendamos que la reconciliación y la renovación de una comunidad y de un pueblo solamente se hace si ponemos firmemente

las manos en el arado para quitar todo lo que impide una verdadera liberación cristiana. Nuestro Encuentro o Tinkunaco deberá no sólo una ceremonia religiosa sino tarea para todo el año. Realizar el Tinkunaco en La Rioja es realizar el Año Santo en la Diócesis.

Por cierto que no es nada fácil, es doloroso el camino, a veces se convierte en un via crucis, pero no debemos temer ni bajar las manos. Ayudémonos a caminar juntos. Lo sucedido en Anillaco nos enseña que el sufrimiento de un pueblo y el uso de ese mismo pueblo, llevará, no lo duden, a un despertar de la Costa porque Dios no abandona a la Costa. Muchos, quizás no lo comprendan ahora; otros no ven el verdadero problema y el móvil que se persigue; otros lo reducen a la figura de un anciano párroco por los lazos afectivos que lo ligan; a muchos no les es posible llegar a una adecuada información. Pero sí lo podemos afirmar: que ya amanece para la Costa, el alba de una verdadera paz. Pero por caminos distintos por donde se la quiere llevar. Este sufrimiento es redentor como lo fue la Cruz de Cristo.

Este Año Santo deberá crear lazos de solidaridad entre las familias de los barrios y de los pueblos. Únanse y no vivan desunidos. Quiten los resentimientos del corazón porque les mata la creatividad y los hace egoístas. Les ayudará a quitar los miedos, aunque muchos se comprendan por la necesidad del pan de los hijos.

Este Año Santo será para mí, como Obispo de la Diócesis, para que sea fiel intérprete de lo que quiere el Señor. Para que jamás venda por un plato de lenteja la felicidad de mi pueblo. Para que me convierta más a Cristo y sea un auténtico testigo de su Evangelio.

Este Año Santo será también para ustedes hermanos sacerdotes. Juntos deberemos reflexionar todas las exigencias que tiene nuestro sacerdocio como servicio al pueblo de La Rioja. Lo que exige la fidelidad que un día prometimos ante el altar el día de nuestra consagración sacerdotal.

Este Año Santo será para ustedes religiosas de la diócesis para que repiensen qué exigencias tiene la consagración de ustedes en esta Rioja que han elegido para testimoniar la entrega en el servicio a este pueblo.

No teman si deben mezclar sus manos con las del pueblo para buscar las soluciones conforme al evangelio. También ustedes podrán ser perseguidas.

Este Año Santo es para ustedes hermanos laicos. Revisen lo que les exige la Fe al llamarlos por el bautismo miembros vivos del Cuerpo de Cristo y constructores de una sociedad según el Plan de Dios. No se pierdan en discusiones estériles. La Rioja exige que le dediquen lo mejor de la inteligencia y del corazón de ustedes. Confúndanse con el pueblo del que son parte y sean testigos de que por el Evangelio son capaces de realizar los cambios más profundos que reclama La Rioja.

Este Año Santo es para ustedes hogares riojanos. Revisen la vida familiar a la luz del Evangelio y de las enseñanzas de la Iglesia. Que el hogar de ustedes sea siempre el lugar del encuentro querido por Dios, y la realización del verdadero amor.

Este Año Santo es para ustedes jóvenes. Ustedes tienen en sus manos un presente preñado de dolores y esperanzas. Tienen una Rioja que hay que rehacerla siguiendo las más puras tradiciones de los mayores. No renieguen del pasado pero disciernen todo lo positivo y lo negativo que heredan. Construyan un futuro mejor. Ustedes son la primavera del pueblo, nunca pierdan la juventud de la mente y del corazón. No envejezcan nunca la inteligencia de ustedes y maten el corazón con el egoísmo. Prepárense para que sepan siempre dar razones por qué viven, por qué creen y por qué esperan. No se marginen de la historia. Sean protagonistas de una nueva Rioja según el Evangelio.

Este Año Santo es para ustedes, Chicos. Recen mucho para que nosotros los grandes, les dejemos una Rioja donde ustedes sean felices cuando sean grandes. Que nunca tengan que recurrir a la violencia para poder comer, para tener mayor cultura, o para cambiar una sociedad que negando al Dios Vivo y Padre de Todos lo haga ídolo al dinero, al poder o al placer desordenado.

Este Año Santo es para ustedes: enfermos, ancianos, amigos que sufren la soledad de los ranchos perdidos en nuestro interior de la Provincia. Con la oración y con el consejo ayúdennos a cambiar todo esto que soñamos cambiar.

Este Año Santo es para ustedes Profesionales, Empresarios, Dirigentes políticos, Educadores y trabajadores de la cultura. Deportistas. Revisen todo lo que les exige la Fe cristiana, si lo son por el bautismo para que nunca impidan en La Rioja la liberación cristiana de nuestro pueblo. La Rioja los necesita.

Este Año Santo es para ustedes hermanos gobernantes, legisladores y jue- ces. Necesitan también revisar la vida desde la Fe cristiana, para que puedan llevar adelante con fidelidad, honestidad, sensibilidad humana, capacidad creadora y clara visión de los objetivos que entraña lo que se inició el 25 de mayo. Si este Año Santo logra los frutos que esperamos, ustedes podrán cumplir la difícil misión que el pueblo les ha encomendado. Con un hombre interior nuevo, ustedes contarán con un ciudadano creativo y dispuesto a ser protagonista de la reconstrucción anhelada. Con un hombre interior viejo ustedes solamente lograrán soluciones parciales pero no la liberación que tiene como meta el programa de gobierno.

Este Año Santo es también para ustedes hermanos que han protagonizado una medida dolorosa. No se burlen de ella. No se engañen ni engañen a nuestro pueblo. Acojan esta gracia extraordinaria del Año Santo para una revisión de la propia vida. A la debilidad de la culpa respondan al mismo pueblo con la noble actitud de una sincera y verdadera conversión de mente y de corazón. No engañen la propia conciencia con papeles e influencias. Esta Madre Iglesia les sigue brindando la acogida sacramental si están debidamente dispuestos. No usen la Religión, la Iglesia y a los pobres para lograr ventajas personales que desaparecen como las hojas de los árboles. Pensemos que mañana cuando el Señor nos llame a rendir cuenta de la vida, nada llevaremos a la tumba como no sea las obras que hicimos en la vida.

Hermanos: Con la gracia de Cristo Nuestro Señor. Pidiendo la intercesión de nuestro Patrono San Nicolás y poniendo este Año Santo bajo el amparo maternal de María, Santísima, Madre de la Iglesia, por expreso mandato del Santo Padre Pablo VI, Declaro Oficialmente iniciado el Año Santo en Toda la Diócesis de La Rioja.

Recitamos el Credo y démonos un abrazo fraternal antes de regresar a nuestras casas y a nuestros pueblos.