Mensaje de la convocatoria al pueblo de La Rioja (01 de septiembre)

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Hermanos Riojanos:

Porque he recogido y escuchado el clamor de mi pueblo, del que soy uno más, a quien debo servir fielmente y comprometerme con él, porque estamos viviendo ACONTECIMIENTOS graves, cargados de dolor y esperanzas y conmueven hoy a La Rioja, reflejo de lo que se está viviendo en la Patria. Porque como discípulo y apóstol de Jesucristo he sido constituido no por poder humano sino por la misericordia del Señor para presidir y guiar como obispo, caminando juntos y haciendo el mismo camino de peregrinos, con ustedes, en esta Iglesia de Cristo en La Rioja; después de hacer oración a nuestro Padre Dios para suplicarle luz y fortaleza, con serenidad interior, con esperanza cristiana y fundado no en la debilidad de la carne sino en la fuerza del Espíritu del mismo Señor: HE DECIDIDO –CONVOCAR- a los cristianos hijos de esta Iglesia Riojana, e INVITAR, como argentino y como ciudadano a todo hermano que sea de corazón recto y al Pueblo de La Rioja, para que REVIVAMOS esta tarde el ENCUENTRO DE SAN NICOLÁS Y EL NIÑO ALCANDE. Lo hacemos para repensar serena, pacífica y cristianamente y con nuestro estilo e identidad de riojanos, el SENTIDO y el COMPROMISO que expresamos y asumimos al comienzo del año cuando realizamos el ENCUENTRO. Pero este ENCUENTRO entre San Nicolás y el Niño Alcalde no lo podemos realizar. Por disposición del Ministro del Interior y de Jefes de las Fuerzas Armadas, no podremos hacer este Encuentro como tradicionalmente lo hacíamos ni hacer la procesión en torno a nuestra plaza mayor. El Niño quedará esperando en la puerta de su templo y San Nicolás en la puerta de su Santuario hasta que desde Buenos Aires reciban orden de que se pueden encontrar con su pueblo. Denunciamos este atropello que se acaba de hacer al Pueblo de La Rioja, manoseado en su Fe y en su condición de comunidad de personas libres y responsables de sus actos y lo hacemos a todos nuestros hermanos argentinos. No lo hacemos para provocar Violencia. Lo hacemos porque este acto represivo a nuestro pueblo es un pecado grave que clama al cielo.

Le pedimos al Señor que no les tenga cuenta este pecado y que mueva a sus responsables a la conversión. Que quiten la ceguera de sus ojos y limpien el corazón de este pecado.

Nos hemos convocado como pueblo para sentirnos protagonistas de nuestro destino. Queremos ser respetados. Queremos que se nos respete en nuestras creencias y en nuestro estilo de vida propios. Hemos optado por nuestra propia liberación con la fuerza y la vida que nos da Jesucristo. Ese Cristo que lo tenemos revestido de Alcalde en la puerta del templo de San Francisco. Hasta esto se nos quiere prohibir, que a Cristo lo reconozcamos públicamente como nuestro Alcalde. Me imagino que a los responsables de esta medida no les habrá despertado celos como a Herodes por la presencia de este Niño en la ciudad.

Y si confesamos toda la fortaleza, la Fe y la Vida que tenemos de Cristo, confesamos también toda la debilidad y las infidelidades nuestras en nuestra vida. Confesamos esta tarde, una vez más, nuestras propias cegueras a ver la Luz; nuestra falta de unión; nuestro egoísmo; el desprecio que frecuentemente hacemos de Dios cuando despreciamos al más pequeño de nuestros hermanos. Nos hemos convocado junto a la Casa de Gobierno para que quien tiene la responsabilidad de esta comunidad riojana no trepide ni dude de estar y jugarse por su pueblo. La Rioja se lo reconocerá. Nos hemos convocado junto a la casa donde residen nuestros jueces para que ellos no permitan que los derechos fundamentales de la persona y de un pueblo sean conculcados, como hombres, como riojanos y como cristianos.

Los he convocado para ORAR. Lo necesita La RIOJA y la PATRIA. Hoy La Rioja, como muchos argentinos, vivimos momentos de incertidumbres, de dolor, de sabernos sorprendidos como una ciudad ocupada. Tres hermanos, nuestros, dos de ellos sacerdotes, Antonio y Enri, y un joven padre de familia, Carlos, están orando desde la cárcel. Se los acusa de violentos y acaba todo el pueblo riojano de sufrir en su propia carne esta medida violenta y fuera de todo contexto. Porque no ponemos la fuerza en las armas, que es signo de debilidad, sino en la oración y en la fuerza interior solidaria para seguir conquistando nuestra liberación conforme lo que quiere y lo reclama nuestro Padre Dios de nosotros, por eso para nosotros esto es una gracia de Dios inmerecida; es signo de purificación y de marcha peregrina; es entender que no podemos renunciar a la Cruz cuando está en juego una opción hecha por el Evangelio y guiados por la Iglesia para lograr ser un pueblo verdaderamente libre y feliz. El que no es interiormente libre y es comido noche y día por el miedo, si tiene la fuerza de las armas o del poder en las manos, se suele constituir frecuentemente en opresor de sus propios hermanos, especialmente de los más débiles.

No queremos por nuestro estilo de vida y contenido de pueblo riojano, la Violencia. Pero somos objeto de muchas violencias que engendran los frutos que hoy recogemos en esta medida. Tampoco queremos seguir como estamos. Buscamos la Liberación en y desde el Evangelio que hemos mamado desde nuestra historia. La buscamos por los caminos de la Paz pero con todo el contenido y las consecuencias de hijos de Dios solidarios con todos nuestros hermanos. También comprendemos a quienes derramaron su sangre y sufren persecución por la justicia aunque podamos no compartir sus métodos.

Los he convocado hoy para que tomemos más conciencia de todo lo que pasa hoy en la Rioja. Se nos exige lucidez y fortaleza. No nos dejemos sorprender por quiénes ejercen la vil profesión de la delación y la calumnia. Para poder ser lúcidos necesitamos orar y ser solidarios.

Los he convocado no para un motín político; para utilizar nuestras Sagradas Imágenes con otros fines; ni para apología de la violencia, sino para que en la oración y en la penitencia, con serenidad, esperanza y alegría, sepamos que se nos exige ser y hacer hoy como riojanos y cristianos.

Si decimos que sufre nuestro pueblo lo decimos con dolor. No tapemos esta verdad con ningún “rótulo”. El olvido histórico de nuestro pueblo no puede ser cubierto con un mal entendido orden sostenido con las armas y la represión. Esto hiere los más íntimos y nobles sentimientos de la Rioja. Ni lo cubramos con la “mentira” y las “informaciones calumniosas”. Toda esta campaña desde tiempo desatada busca un solo móvil, acallar una toma de conciencia que desde el evangelio, por el camino de la paz, la iglesia diocesana busca ser servidora y comprometida con su pueblo. Es mi deber interpretar y hacer pública esta denuncia.

Cómo desearía tener esta tarde, la Fe sencilla y profunda y la frescura interior de tantos hermanos nuestros que desde los ranchos están con sus velas encendidas a Jesús, a la Virgen o a los Santos, haciendo vigilia de oración por Antonio, por Enri, por Carlos, por los padres de ellos, por la paz, por la Rioja, por la Patria. Verdaderos promesantes que si los vieran quienes tienen en sus manos la represión dejarían caer sus armas y se pondrían de rodillas para prender que es caminar juntos por otros caminos que no son los del miedo y de la fuerza.

OREMOS, hermanos. Oremos serenos y llenos de esperanza. Ya está despuntando el alba de un nuevo amanecer. El Señor viene acompañando a su pueblo y el es celoso cuando tocan a sus “pequeños” a los “débiles” a los indefensos; a los limpios de corazón; a los pobres; a los que comparten con sus hermanos los dones que el Señor les dio. Oremos con la mirada puesta en el Señor con paz interior, con gozo porque sabemos en quien confiamos y en quien nos apoyamos y al mismo tiempo con los pies bien puestos en la tierra, en esta tierra no temiendo ensuciar nuestras manos para ayudarnos y ayudar a nuestros hermanos que en este momento sufren, tienen miedo, se sienten descomprometidos, está en juego su compromiso como cristianos y como hombres de corazón recto.

OREMOS por la PATRIA porque está enferma de esperanza de amor comprometido –de injusticias- de mentiras. OREMOS por la Rioja que está en vigilia de oración y en un silencio de Dios, rumiando sus sufrimientos y su esperanza. OREMOS por Carlos, Antonio y Enri para que sean testigos de lo que no muere nunca. OREMOS por los ejecutores de tantas actitudes y medidas que engendran sufrimiento en el pueblo. OREMOS por los que delatan y calumnian a tantos hermanos nuestros inocentes. OREMOS por nuestros jueces para que no olviden su ministerio de servidores de este pueblo. OREMOS por quienes toman decisiones de gobierno para que lo hagan guiados por la justicia y la felicidad de su pueblo. OREMOS para que quienes llevan el uniforme de San Martín y Belgrano adviertan que es para ayudar a nuestro pueblo a que sea feliz y no desgraciado. Que teman el juicio de Dios y no tengan que pasar a la historia con un juicio severo del pueblo a quien deben servir como lo hicieron nuestros Próceres. OREMOS por nuestra niñez y juventud para que sean fuertes interiormente y asuman todas las exigencias para construir una sociedad nueva.

Que el Señor nos perdone nuestros pecados por la sociedad que les legamos.