Mensaje de clausura de San Nicolás (01 de Enero)

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Sr. Gobernador, Sr. Intendente, Peregrinos y Hermanos riojanos:

Dios, nuestro Padre, nos ha permitido ver la luz de este amanecer del año “72”; se lo agradecemos con sentimientos de hijos. Las celebraciones a nuestro Patrono, San Nicolás, nos ha convocado como pueblo riojano y como comunidad eclesial, a darle acogida en nuestra inteligencia y en nuestro corazón a la Palabra de Dios, para que Ella ilumine y fortalezca nuestra vida y nos haga perder el sentido del camino que desde nuestra misma historia venimos haciendo hasta llegar a la Casa de ese mismo Padre de los cielos, que nos acaba de regalar la luz y la vida de este primer día del año.

El ENCUENTRO o TOPAMIENTO que ayer hicimos frente a la Casa de Gobierno, revestido con el color y el sabor de nuestra tierra y de nuestra tradición va más allá de una simple ceremonia externa o costumbre”. Es el Evangelio o la Buena Noticia, hecha CARNE en ese Niño revestido de Alcalde, que toma un nombre y se llama CRISTO, lo que nos vuelve a hacer acampar frente a esta Catedral y Santuario de San Nicolás, en esta tarde de despedida.

Es el ENCUENTRO de Dios con su Pueblo; es el ENCUENTRO fraternal de todo el pueblo riojano, a quien Cristo, el Señor, sigue convocando para que a la marcha de la vida la sigamos haciendo juntos; construyendo juntos la felicidad de todos. Es el mismo Evangelio que San Nicolás tiene en sus manos; que lo vivió intensamente en su propia vida; que con gran libertad de espíritu, con fortaleza, fidelidad, amor y firmeza, lo predicó a su pueblo, como Obispo de la Iglesia que le confió el Señor, para que la guiara como Pastor. Este es San Nicolás, a quien la Provincia y la Diócesis de La Rioja, lo ha elegido como guía, ejemplo y patrono-.

El ENCUENTRO del Niño Alcalde y San Nicolás, con que comenzamos el Nuevo Año nos empuja a hacer una profesión de FE en Jesucristo y en su Iglesia, con la certeza y la Esperanza cristiana que nos da esa Fe, nacida de la acogida que ratificamos hoy como persona y como Comunidad Eclesial, al Evangelio anunciado a la Rioja desde que comenzó a ser Rioja. No fundamentamos nuestra Fe cristiana, ni depositamos nuestra confianza, serena y gozosa, en ilusiones vagas y quiméricas, sino en Cristo, nuestra esperanza y autor de la PAZ. Sabemos bien en quien creemos y por qué confiamos en El, cuando hicimos la opción fundamental de la vida, de que Cristo es capaz de darle el verdadero, auténtico y total sentido a nuestra existencia, con frecuencia, atormentada y cargada de contradicciones e interrogantes.

Hoy, desde nuestra Diócesis Riojana, nos unimos, también, al llamado de Pablo VI en la “Jornada Mundial” por la Paz. Y porque nos sentimos en comunión con el Papa Pablo y con la Iglesia Universal, la hacemos nuestra. Y convertimos en la gran tarea para la diócesis de La Rioja a la invitación que el Santo Padre nos hace y que resuena como Anuncio de Buena Noticia para todo el mundo, con una fórmula incisiva y dinámica: “SI QUIERES LA PAZ, TRABAJA POR LA JUSTICIA”.

Vivir y actualizar esta gran consigna del Santo Padre, en cada hombre y en cada mujer de nuestro pueblo, es realizar y vivir la Pascua de Jesucristo.

A la profesión de Fe, en Cristo y en su Iglesia, que acabamos de hacer, los invito a dilatar el corazón para reafirmar el sentido cristiano de la ESPERANZA, como regalo de Dios en nuestro bautismo; realidad, no ilusión ni mentira; así esta afirmación la tengamos que escuchar, a veces, de quienes están revestidos de responsabilidades públicas.

El ENCUENTRO en estas celebraciones de San Nicolás, nos lleva también a hacer esta tercera afirmación y profesión de Fe y Esperanza, que se convierte en certeza y garantía: le entregamos este año “72” en este primer día del año toda la vida del Pueblo Riojano, a Jesucristo, el Señor, el Autor de la Paz, el Salvador y Liberador de su Pueblo en el sentido bíblico. Y porque en El, cobra sentido toda la creación y la vida del hombre; porque El, en su Cruz y en su Resurrección, nos convoca a TODOS a la gran tarea de realizar “nuevos cielos y nueva tierra”, haciendo en cada uno de nosotros un HOMBRE NUEVO, revestido con el ropaje interior de la santidad y la justicia bíblica.

Hoy reafirmamos nuestro compromiso asumido desde el día de la toma de posesión de la diócesis, compromiso personal y como Iglesia Diocesana, de trabajar denodadamente porque esa Salvación y Liberación bíblica y actualizada y reformulada por el Magisterio de la Iglesia, se vaya haciendo cada vez más realidad en cada hombre y mujer del Pueblo Riojano.

Somos llamados a ser constructores de la PAZ; no simples “pacifistas” de brazos cruzados; la PAZ que queremos seguir construyendo en nuestra diócesis, no es un estancamiento de la vida; la vida es movimiento, es crecimiento, es trabajo, es esfuerzo y es conquista; “la vida es movimiento, es crecimiento, es trabajo, es esfuerzo y es conquista” (Pablo VI). Pero esto no quiere decir que la PAZ coincida con la fuerza, como dice el Papa Pablo en el reciente Mensaje al Mundo; y continúa: …“esto lo decimos especialmente a los hombres con responsabilidades, porque ellos, que tienen el interés y el deber de mantener la normalidad de relaciones entre los miembros de un determinado grupo – familiar, escuela, empresa, comunidad, clase social, ciudad, Estado – se ven constantemente tentados a imponer por la fuerza tal normalidad de relaciones, que asume la figura de la PAZ…cuán falsa sería la Paz impuesta con la sola superioridad del poder y de la fuerza. La Paz no es insidia. La Paz no es engaño sistemático. Mucho menos es una tiranía totalitaria y despiadada; de ninguna manera es violencia; pero al menos la violencia no osa apropiarse el augusto nombre de PAZ. La Paz hunde sus raíces en el auténtico respeto del hombre. Una Paz que no sea resultado del verdadero sentido del hombre, no es verdadera Paz y el sentido verdadero del hombre, continúa el Papa Pablo, se llama JUSTICIA. De aquí nace: “Si quieres la Paz, trabaja por la Justicia”. Encomendamos esta nuestra invitación a los hermanos obispos e hijos de la Iglesia Católica: es necesario llevar a todos los hombres de hoy un mensaje de esperanza, a través de una fraternidad vivida y de un esfuerzo honesto y perseverante para una más grande y real JUSTICIA. Las expresiones del reciente Sínodo de los Obispos, se fortalecen con la certeza de que: “CRISTO, ES NUESTRA PAZ”.

Y si continuamos ahondando el sentido que tienen estas Celebraciones Patronales, comprenderemos mejor que a la profesión de fe que cantan los Allis en el Tinkunako, trasunta todo el dolor de un pueblo que busca y clama la LIBERACIÓN traída por Cristo; que en palabras de Pablo VI se traduce: “el Desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres” de nuestro pueblo riojano.

Y esta fidelidad a la Fe cristiana y a la Iglesia de Cristo, manifestada desde las “quenas de los chinos” en Jagüe, en las fiestas de la Virgen, hasta el “rosario” y la “sabiduría” cristiana de nuestros ancianos, va acompañada de una permanente ansia de cambiar la situación de dolor y de angustia por el pan de cada día.

Así comprenderemos mejor qué difícil es querer la paz si no trabajamos por la Justicia según el Evangelio, en nuestro pueblo. Seguir insistiendo en esto, no es capricho sino las exigencias más elementales y graves de todo hombre y, especialmente, de todo bautizado e hijo fiel de la Iglesia. Es tarea de todos; el que sufre o se alegra es un HOMBRE por quien Cristo se anonadó hasta la muerte y muerte de Cruz para devolverle la verdadera libertad, una vida nueva y sanar su corazón desequilibrado por el pecado. Es imagen del Padre de los cielos; es hijo de Dios y hermano de Cristo; es miembro de un Pueblo llamado para ser testigo de la Liberación traída al mundo por Cristo.

En el sufrimiento de nuestro pueblo está el grito de Dios Encarnado que nos debe hacer pensar en el cambio del sistema de vida que llevamos. Todo lo que atente contra la dignidad de cada hombre es una ofensa a Dios; es un ultraje a Él; Y no nos es lícito respaldar un estilo de vida así, con el Evangelio y en nombre de Él.

Amigos: si para hacer llegar a nuestro pueblo la Palabra de Dios, que es Mensaje de Liberación, nuestra Radio se silencia porque teme comprometerse, no nos olvidemos que la fuerza y la vida del Evangelio nace de su mismo contenido; él es vivo y engendra vida; sacude, mueve, llama a la conversión personal y social, cuestiona, rejuvenece, hace santos y mártires, sigue engendrando testigos en cada hombre que lo acoja en su corazón, hace hombres de esperanza auténtica, no ilusa; mueve a jugarse en la vida por el otro, engendra hermanos, construye la verdadera paz, impulsa a vivir la justicia según el Padre de los cielos, despierta ideales, hace consagrar vidas al servicio total de sus hermanos, convoca, une, purifica, hace crecer y madurar en el dolor; es sabiduría de la vida, nos lleva a la Pascua del Señor.

Si este camino se le ha cerrado al Pueblo Riojano, el Espíritu Santo, que sopla como quiere y donde quiere, buscará otros para que la Palabra Viva de Dios siga llegando a cada hogar y a cada hombre de corazón recto. Esta es la Iglesia de Jesucristo; la que se construye cada día con cruces y resurrecciones; la que peca y se levanta; la que invita a recibir el Evangelio de Cristo y deja la simiente del Reino de Dios en cada hombre; él lo acepta o lo rechaza. Por encima de esta contingencia, o regalo de Dios a esta Iglesia Diocesana, está nuestra fidelidad a Cristo y a la gran tarea liberadora querida por Él, en la marcha con el Pueblo Riojano. Debemos seguir, serena y gozosamente trabajando. Hay mucho por hacer y no debemos perder el tiempo en las “añadiduras” de que nos habla el mismo Señor. Si se silencia el aparato de radio del “rancho” o de la “casa”, del “hospital” o de la “silla” de los imposibilitados, de la “cárcel” o del “hombre que está en búsqueda de Dios”; que los padres alimenten a sus hijos en la Fe, con la lectura meditada del Evangelio; que la juventud siga en “grupos” descubriendo a Cristo, el eternamente joven; que todo cristiano agudice sus exigencias apostólicas bautismales y haga en cada barrio, en cada pueblo, en cada rincón de La Rioja, un centro vivo de la meditación y vivencia del Evangelio de Cristo.

Saquen de allí la luz y la fuerza para ir descubriendo a Dios en cada acontecimiento y situación de la vida diaria. A todo el “laicado” que verdaderamente quiera comprometerse con la marcha y la acción pastoral de la Iglesia diocesana, vuelquen su creatividad durante este año para que sea realmente el año de un laicado que madurándose cada vez más en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad, se comprometa con la construcción de una Rioja Nueva, según el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia.

Adviertan que esta prueba a una Iglesia Local es fortalecerla. Ya sabemos que todo lo que se edifica en arena y en la mentira, cae, se destruye, no tiene vida larga. Sabemos que no es la autoridad civil la competente para decir qué es lo que debemos predicar del Evangelio de Cristo y qué no debe ser anunciado. Ella misma, si quiere ser verdaderamente servidora de su pueblo, deberá dejarse iluminar por el Evangelio para que no sea infiel a su pueblo. También los hombres que revisten autoridad en el pueblo, necesitan de conversión, de Dios. Son hermanos nuestros a quienes debemos ayudarles a que se liberen interiormente de tantas ataduras e intereses que les imposibilita el ejercicio difícil y a veces ingrato de conducir la comunidad de los hombres.

En este contexto riojano, donde es necesario vivirlo, para saber quién es La Rioja, con las mejores intenciones de construir y ser una voz que busca la felicidad de nuestro pueblo, cómo me gustaría que esta realidad la viese el Señor Presidente de la República – quizás desde lejos tenga desdibujada la realidad de La Rioja; será bueno que se informe bien de lo que es este pedazo de Argentina. El hacer oír lo mucho que nos falta no es silenciar lo que se hace o se ha hecho y lo difícil que es concretar realidades ante los problemas de nuestro pueblo. No es sembrar sólo ilusiones. Es ayudar con la fuerza del Evangelio y la Gracia de Cristo a hacer hombres verdaderamente nuevos si queremos una Rioja Nueva. Es tarea y misión de la Iglesia a la que no puede ni debe renunciar.

No podemos separar cielo y tierra; corazón e inteligencia; vida privada y pública; templo y vida; oración y trabajo; “no separe el hombre lo que ha unido Dios”. Toda la tarea pastoral que la Diócesis viene haciendo con un grado cada vez mayor de corresponsabilidad en sacerdotes, religiosas y laicos que viven su fidelidad y compromiso cristiano en esta Iglesia Local, me impulsa a hacer público mi gratitud y respaldarlos en lo que significa la entrega diaria, sacrificada y, a veces dolorosa, de seguir caminando con todo el Pueblo Riojano.

Que Cristo, por intercesión de San Nicolás, ayude a autoridades y pueblo a lograr metas concretas en bien del pueblo riojano. A ustedes Peregrinos: que estas celebraciones les haya significado un verdadero encuentro fraternal. Y con un piadoso recuerdo, en esta despedida, encomendamos al Señor, a quienes durante muchos años fueron el “alma” de estas Fiestas Patronales: desde el cielo nos siguen acompañando: Oremos por el primer Obispo de La Rioja. Mons. Ferreyra y su Vicario Mons. Navarro; ya están en la Casa del Padre de los cielos-.