Mensaje de Año Nuevo (01 de Enero)

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PAZ y ESPERANZA sean las primeras palabras que quiero que lleguen a todo el territorio de la Diócesis en este año nuevo, en estas celebraciones patronales en honor de San Nicolás. Así queremos comenzar el año nuevo: como testigo de la esperanza y como mensajero de la paz. La fuerza y la certeza de esta proclamación las saco de este Cristo vestido de Alcalde.

Es el mismo Cristo de la Navidad, de la Cruz y de la Pascua. Es el Cristo que nos hizo hijos de Dios injertándonos en su Cuerpo y en su Iglesia por el Bautismo; es el Cristo que nos marcó sus “testigos” en el sacramento de la Confirmación; es el Cristo que nos rejuvenece, nos hace hermanos a los hombres, nos convoca a ser comunidad y nos hace su pueblo en la Eucaristía. Es el Cristo que nos perdona y nos manda perdonar a los hombres; es el Cristo que nos envía a anunciar la Buena Nueva de la Esperanza y de la Paz a todos los hombres.

Por eso, comenzamos el año nuevo como MENSAJEROS DE VIDA, de ESPE- RANZA y de PAZ, no como vaticinadores de calamidades.

Hoy nos unimos con estas celebraciones patronales, al santo Padre, Pablo VI, en la “JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ”. Su Mensaje al mundo sobre el tema “LAS ARMAS DE LA PAZ”, iluminan y orientan el año “76”.

Estas armas de la paz de que nos habla el Papa, no son las armas que matan y exterminan a la humanidad, sino las “armas morales” con que debemos estar revestidos para que la PAZ sea una realidad.

“La Paz, nos dice el Papa, sólo se afianza con la paz; la paz no separada de los deberes de la justicia, alimentada con el propio sacrificio, por la clemencia, la misericordia y la caridad.” (mensaje).

La Paz es tarea, esfuerzo, búsqueda en común, diálogo; la Paz es el fruto de un ordenamiento social, político, económico y jurídico, según la escala de valores del Evangelio. La Paz que sea fruto de un orden en la libertad, propia de los hijos de Dios, y en el deber responsable propio de hombres llamados a ser solidariamente creativos.

Necesitamos, los argentinos, meditar serenamente el Mensaje del Papa para que nuestra Paz no sea ficticia. Necesitamos recordar los mensajes anteriores: “Todo hombre es mi hermano”; “Si quieres la Paz, trabaja por la justicia”; “La Paz, también depende de ti”.

Invito a toda la Diócesis y a todo hermano de corazón recto, a que asumamos esta formidable tarea de remover los obstáculos que nos impiden vivir la Paz y ser hombres de Paz. Los obstáculos que existen en nuestro propio corazón; los obstáculos que impiden hogares felices donde esposos, padres e hijos viven reconciliados en la Paz que nos regala Cristo como don de Dios.

Removamos los obstáculos que impiden a la justicia ser una realidad vivida y no una pura ilusión en nuestras relaciones humanas, en nuestras relaciones laborales, en nuestras relaciones como barrios y como pueblos. Removamos los obstáculos de la mentira, del aprovecharse del débil, del resentimiento, del odio y de la venganza, para que la Paz sea el pan de cada día.

Seamos siempre hombres veraces, honestos, justos, sensibles al dolor ajeno, solidariamente creativos, limpios de corazón, pacificados interiormente, no abusivos del poder, si queremos que la Paz habite en nosotros y en nuestras comunidades. Fortalezcámonos con las armas morales que tiene la Paz, para que no nos tentemos nunca con las armas que destruyen la vida.

VISITA MISIONERA DE SAN NICOLÁS

Ha querido Dios nuestro Padre, regalarnos la gracia de una “misión diocesana”, San Nicolás ha salido a visitar a su pueblo, la “reconciliación y la renovación” según el Concilio, han sido la finalidad de esta visita misionera. Así acogimos el llamado universal del Año Santo. También nos queda este llamado como tarea después que el Papa cerró la Puerta Santa hasta el año 2000. Esta Misión sigue constituyendo el “paso de Dios” por nuestras vidas personales y por la vida de nuestros pueblos.

San Nicolás, testigo viviente del Evangelio de Cristo, que tiene en sus manos, sigue siendo para nosotros el mensajero de la esperanza y de la Paz en medio de su pueblo. La Rioja siente su presencia intercesora y el llamado a vivir una fe cristiana con mayor adultez y fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

Esta Catedral-Santuario de San Nicolás, a diario, nos hace constatar que es el “lugar privilegiado” donde Nuestro Padre Dios reconcilia y renueva interior- mente a los hombres de cualquier condición social que sea.

Qué disparatado es “sospechar” de este lugar santo, que día a día va templando a su pueblo para que seamos hombres de esperanza y mensajeros de su Paz. Es aquí, y en un acontecimiento religioso como el que estamos viviendo, donde muestra La Rioja su alma y su rostro verdaderos. Aquí, es donde unimos cada año la tradición con el presente al vivir en un silencio “sapiencial” el ENCUENTRO o “TINKUNACO”.

Esta es La Rioja que proclama a Cristo en el primer día del año, su Dios, su Jefe, y Señor de la vida y de la Historia. Agradecida, bendice a Dios Padre y a Jesucristo Salvador, por habernos dado por intercesor y testigo vivo de Cristo a San Nicolás. Desde aquí, salió San Nicolás a visitar a su pueblo. Testigos son Los Llanos y el Oeste Riojanos. Por sus pueblos ya han quedado huellas pro- fundas, difíciles de borrar. Es aquí donde tomamos conciencia de que nuestra Pascua riojana es aún inacabada; nuestro ENCUENTRO es inconcluso; nuestra tarea, es urgente y difícil; nuestra meta ya está definida pero no alcanzada suficientemente…

REFLEXIONANDO…

Para algunos podría aparecer como fuera de lugar esta misión diocesana con la “Visita de San Nicolás”, en las difíciles circunstancias que vive la Patria. Pensar así sería no comprender bien la misión de la Iglesia y todo el contenido del Evangelio que ella anuncia a su pueblo.

Lo vivido ya por Los Llanos y el Oeste, difícilmente se puede traducir en palabras. Son valores del espíritu; son valores del Evangelio; son valores hechos sabiduría de pueblo. Sería incapaz de transmitirles en palabras lo que me ha tocado vivir, ver y escuchar durante dos meses. He experimentado lo que ha sido la convocación de pueblos enteros, en torno a San Nicolás, para escuchar la Palabra de Dios y recibir la gracia sacramental de la reconciliación. Se han reconciliado personas, familias y pueblos; algunas de ellas dolorosas, pero emocionantes. La bondad de Dios y las Maravillas de la gracia divina se han hecho sensibles en cada rincón por donde llegó San Nicolás. No ha sido euforia solamente, ni puro sentimentalismo. Ha sido el “paso de Dios”, marcadamente reconciliador, en cada pueblo.

Me parece ver y escuchar a niños, jóvenes, hombres curtidos por la vida, ancianos dialogar de todo lo que son y tienen, con un amigo, con su “Tatita San Nicolás”. Qué bien les haría a quienes creyéndose grandes, no hayan vivido y experimentado todo esto. Qué difícil es comprender, mirándolo desde fuera, todo lo que encierra cada rostro de nuestro pueblo; cada mirada; cada vela nocturna junto al santo en el silencio del campo o de los cerros; las lágrimas de la juventud besando a su “Tatita”; el diálogo personal y amigo con San Nicolás, del hachero, del funcionario público, del niño y de la anciana. Qué difícil le es comprender al hombre de la ciudad, hijo del ruido, de la velocidad, de las intrigas y de la sociedad que le vende todo y de todo, esta aparente inactividad y pasividad del hombre que tiene otra escala de valores en la vida; de pocas palabras; de rumiar mucho por dentro los sufrimientos y las alegrías de la vida.

Me he confirmado una vez más que a La rioja hay que mirarla por dentro; desde su alma; desde su historia y desde su tradición. Sólo así comprenderemos sus esperanzas; sus silencios; sus debilidades; sus realizaciones; sus ilusiones y sus frustraciones; su fe y las expresiones que tiene de la misma; hasta sus mismos pecados.

Esta es nuestra Rioja, a la que no se la debe juzgar injusta y superficialmente.

Esta es La Rioja, la que en medio de sus problemas, no quiere ser engañada, avasallada y humillada en su propia dignidad.

Esta es La Rioja, la que no reniega de su pasado; que mira el futuro con esperanza y busca templar su espíritu con la fe cristiana.

Esta es La Rioja, respetuosa que quiere ser tratada de la misma manera.

Esta es La Rioja, con debilidades y limitaciones, pero digna y cargada con valores mamados en el Evangelio.

Esta es La Rioja, que sigue luchando por el agua, el pan de sus hijos, la vivienda digna, la salud, la justa distribución de sus riquezas, la educación para todos sus hijos, que canta y que reza, que jura fidelidad a Cristo al comenzar cada año, que se abraza a la cruz para arrepentirse de sus errores y para fortalecer sus debilidades.

Esta es La Rioja, la que es consciente de no ser un paraíso terrenal, pero es responsable de tener un mensaje evangélico, sencillo y sincero hecho en la meditación y en la vida de cada día, la mayoría de las veces duros y sacrifica- dos.

Esta es La Rioja, que también se tienta con el deslumbramiento de la sociedad de consumo y sigue vigilante para no perder sus valores, que le dan una personalidad cristiana definida.

Esta es La Rioja, que no quiere ser isla en el país; que está abierta a lo universal; que llora la sangre derramada en la Patria y que busca labrar su felicidad, en PAZ, construyéndola cada día.

Esta es también la IGLESIA en La Rioja.

Así nos manifestamos, como somos: Iglesia de Cristo. Nos duele que falsos profetas la califiquen, con aire doctoral, groseramente.

Esta es la Iglesia en La Rioja: para conocerla hay que amarla mucho; más aún, exige vivirla mucho.

Esta es la Iglesia que, sirviendo a este pueblo, hace nacer y crecer a Cristo en cada corazón de sus hijos.

Esta es la Iglesia que cada día busca cómo ser más fiel a Cristo y a su pueblo; se sabe débil y fuerte a la vez; con la fuerza de Dios no con la de los hombres.

Esta es la Iglesia, sacramento de Jesucristo en medio de su pueblo; “signo de contradicción” para quienes no lo ven con los ojos de la fe; “sospechada” y “vigilada”; calumniada y bendecida a la vez; fiel y pecadora; con una misión dada por Cristo y no delegada por los hombres; firme en el contenido de su mensaje y en la defensa del mismo y, a la vez, misericordiosa.

Esta es la Iglesia, fiel a Cristo en comunión con Pedro, que ha asumido la marcha y el proceso de su pueblo al que es enviada por Cristo; que nos cuestiona a todos desde el Evangelio y es a la vez Madre y “buen samaritano” con el débil, el errado y el pecador.

Esta es la Iglesia en La Rioja: piensa y siente, sabe en QUIÉN confía: CRISTO; ama a su pueblo y “con él y desde él” quiere seguir haciendo “el camino al andar”, busca ahondar la fidelidad a Cristo y a su pueblo, y exigirse cada vez más, profundidad de vida evangélica, especialmente en sus “pastores” y en sus “consagrados”; sabe que debe remarcar su misión para que su pueblo crezca en la fe, en la esperanza y en el amor, ayudándolo a vivir su propio proceso, no desgajándolo de la vida.

ANTE LA SITUACIÓN ARGENTINA

Queremos mirar a la Patria, en esta hora difícil, como lo hemos hecho repetidas veces, con la mirada de Cristo.

Creemos firmemente que la Patria necesita de la oración humilde y confiada de su pueblo; necesita de un leal, valiente y evangélico sinceramiento de todos ante Dios, ante la propia conciencia y ante la historia.

Sintámonos convocados a este sinceramiento: los hombres de Iglesia: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicado; gobernantes, legisladores, jueces, políticos, militares, guardianes del orden, empresarios e industriales, dirigentes sindicales obreros, profesionales, hombres de prensa, la juventud, los hombres de la cultura, los educadores, quienes optaron por la clandestinidad, quienes sufren, quienes son causantes del sufrimiento de sus hermanos, quienes roban el pan de los pobres, quienes se evaden de la vida entregándose al vicio, etcétera.

Necesitamos, más que “componendas” entre “grandes”, dejar que nuestro pueblo sea protagonista de su propio destino; necesitamos revisarnos quienes tenemos responsabilidades de conducción, a todo nivel, si nuestras vidas, nuestros procederes y el uso que hacemos de la conducción, ayudan a encontrar los caminos para la Paz y a vivir fraternalmente en la justicia y en el amor; necesitamos confesar, con valentía y humildad, nuestros propios errores y pecados; necesitamos de un cambio profundo de vida, privada y pública; necesitamos alentar, ayudar y respaldar este cambio profundo en todos los argentinos, sin excluir a nadie, a no ser aquellos que se auto excluyen.

¿No necesitaremos los argentinos asumir con coraje las actitudes del “HIJO PRÓDIGO” y rehacer el camino hasta encontrarnos en un abrazo con nuestro Padre Dios y entre nosotros, hermanos de la misma Patria?

Me pregunto: ¿Qué razones damos los argentinos de hoy a las generaciones futuras: “para vivir, creer y esperar”? ¿Es una utopía? La RESPUESTA la debemos dar TODOS.