Los Jinetes de San Nicolás

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Los promesantes a caballo

Producción y Edición: Área Pastoral de Comunicación y Prensa Diócesis de La Rioja

Durante los tres días que dura la fiesta del Tinkunaco uno de los encuentros que le da coor y mantiene tradiciones es el de los promesantes y peregrinos a caballo.

Ramón Gallego, es el bombisto de los jinetes y nos cuenta que vive en el barrio Puerta La Quebrada de la ciudad capital. En 1962 el Alférez mayor Florentino Tapia fue a hablar con su papá porque necesitaban un joven que tocara el bombo con los Alférez, eran 5 hermanos y por ser él el menos predispuesto su papá lo obligó a ir y comenzó a tocar a los 13 años, guiado por el alfer Oscar Molina. Le regalaban 7 pesos con los cuales podía comprar dos pares de alpargatas. Ya con 18 años su padre le preguntó si creía en san Nicolás, si creía en la tradición de rendirle culto a San Nicolás; Ramón contestó que sí, ante lo cual su padre le dijo que de ahí en adelante debía hacerlo por voluntad y no por interés. Y así he llegado hasta aquí estoy a disposición del San Nicolás y del Alfer mayor con un sentimiento arraigado por el Tatita, según él mismo lo dice.

Son aproximadamente 500 y se guían por un estatuto que resguarda la tradición de acompañar a San Nicolás con un caballo propio consagrado a esta misión. Cada mañana saludan al santo dando una vuelta a la Plaza que está enfrente a la Catedral, algunos lo hacen como promesantes, pero todos imitan a  los soldados que en la época colonial salían a defender a San Nicolás.

 

Ramón nos detalla las actividades de cada día: Se reúnen todos los cabalgantes de La Rioja y sus alrededores en un predio de las afueras de la ciudad con espacio y comodidades para los animales. El día 31 sólo participan de a pie en el Tinkunaco. Tanto el 1, el 2 y el 3 de enero llegan antes de las 7 de la mañana a presentar sus honores al santo para luego recorrer los barrios saludando las familias que les ofrecen un brindis por el encuentro del Tinkunaco, otra actividad son las carreras cuadreras en donde no hay ganadores ni perdedores, todos participan sólo por el encuentro, no por la competencia. Al terminar la fiesta se reúnen, invitados por el Alférez Mayor, en una comida en su casa o donde él lo disponga.

No sólo los alférez pueden ser parte de esta colorida comunidad, también los Allis y las mujeres aunque hasta ahora no ha habido ninguna. Todos visten con sencillez, lo mismo que los atalajes de los caballos. Los distinguen las prendas moradas que llevan y el sonido del Bombo que con maestría y entusiasmo toca Ramón quien  con orgullo cuenta que san Nicolás siempre lo cuida, aun cuando ha tenido alguna caída del caballo.

Esta es una de las tantas manifestaciones de fe popular en esta gran fiesta del Tinkunaco en donde chicos y grandes son protagonistas.