Los Custodios

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En la parroquia Nuestra Señora de la Merced de Sanagasta hay un grupo de casi 20 varones que en cada celebración se presentan con distinción y una banda celeste con el escudo de la Merced cruzada en el pecho.
Son los custodios de María, de la Virgen de la Merced. Cuentan, con mucha devoción, que el 24 de cada mes se juntan todos a rezar el Rosario de la aurora para honrar a la Virgen y pedir por las necesidades de la gente, para que la Madre los ponga en sus manos. No importa el día, el clima, la fiesta de la noche anterior y, si por algo extremo alguno no puede cambian el horario excepcionalmente.
Están para lo que la Madre necesite, ayudan en la parroquia, animan la procesión, la llevan a la Virgen en andas (que cuentan es pesada). Lo que no cuentan, pero se nota en la actitud, es el filial y sostenido cariño por la Virgen.
No se trata de una cofradía con ritos, sencillamente puede formar parte “el que tenga voluntad” de entregarse cada día a la Señora de la Merced. No hay escalafones, la que reina e indica lo que hay que hacer es Ella.
Lo viven con orgullo y sencillez, con agrado y generosidad, sin vergüenza de ser señalado, sin temor a perder algún acontecimiento por estar a los pies de la Madre.
La custodian, la protegen, la escoltan y al mismo tiempo se sienten custodiados, protegidos, escoltados por la María. La Madre llama, como dicen ellos, sólo hace falta voluntad para responderle.

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