Jorja, una mujer más allá del tiempo

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2018
Pablo Salvadeo con Jorja

Una vida entre montañas

Llegar a la Casa de Jorja es admirar la plenitud del paisaje y la vida campesina de altura que poco a poco se extigue y en donde el tiempo pareciera que no manda.

Una de las tareas de la Policía es custodiar la vida de los puestos que aún quedan en los cerros del Velasco y la gente que allí vive. El Licenciado Pablo Salvadeo es arqueólogo y uno de esos polícias que tiene la misión de asistir a Jorja y a su hermano. Nos cuenta su tarea y la travesía de al menos 7 horas entre quebradas para llegar a la casa de estos hermanos.

El área de Comunicación de la Diócesis de La Rioja le pidió que nos cuente su misión que tiene mucho de aventura y mucho más de cuidado al prójimo.

Le damos la palabra al Licenciado Salvadeo:

El presente artículo es una breve aproximación de las campañas realizadas en lo profundo del Cerro del Velasco, con la misión de asistir a los últimos residentes que posee este cordón montañoso, donde además se realizan relevamientos históricos/arqueológicos. Abordar la historia de vida de quienes habitan en estas intrínsecas quebradas, a través del testimonio que brindó Jorgelina Nieto, quien vive junto a su hermano Aldo, en un paraje de altura  conocido como “Puesto Nuevo o Puesto de Pilar” a 2000 msnm, sobre la cadena montañosa de la Sierra del Velasco, Departamento Castro Barros, Provincia de La Rioja – Argentina.

 Poder reflexionar sobre las memorias vitales que relatan momentos específicos y, que a su vez, pueden dar cuenta del significado e intencionalidad de determinadas acciones de las personas de quien, para este caso particular, viven aislados de la gran masa social, permite identificar algunos mecanismo del desarrollo socio-económicos de lo que fue una comunidad campesina de la provincia, como sociedad preindustrial en tópico de la historiografía rural.

El acceso  al Puesto, presenta un verdadero desafío psicofísico y de logística, para poder llegar es necesario conocer la geografía que por sus características se presenta desafiante y por tramos confusa, además los senderos que nos llevan a Jorja y Aldo dependiendo de qué localidad se tome como partida arrojan opciones (condicionadas por el clima o el horario).

Nuestras campañas,  comenzaron en el año 2018,  pero desde 2020 se  realizan todos los meses hasta la actualidad, con el principal objetivo de llevar alimentos, y asistir en lo necesario a estos hermanos.

La Logística

En primera instancia se coordina con un residente de la localidad de Las Peñas, Don Ronquera Nieto y su hijo Roque, quienes por razones del destino en una campaña en septiembre del año 2019, nos encontramos mientras venían arriando vacas (a pocos kilómetros de la casa del Puesto de Jorja) quienes al vernos en el camino decidieron quedarse con nosotros donde compartimos algo y comenzó una amistad que hasta el día de la fecha se mantiene. En esa oportunidad nos comentaron que se encontraban construyendo un corral para sus animales pasando por el puesto de Jorja. Esto los obligaba al menos una o dos veces al mes pasar por el domicilio de ella, es así, que  se ofrecieron ayudarnos mes a mes a llevar la mercadería. Actualmente, los Nietos nos alquilan sus animales y nos permiten alojar en su hogar para ultimar detalles de cada  aventura a la casa de Jorga y Aldo.

Se preparan los equipos para 3 mulas, dos para ir montados (Roque y yo) y un 3ro  que se carga con maíz, alimentos no perecederos, carne, cobijas, remedios, etc., cabe aclara que muchas veces se dispone de dos animales, por lo que Roque lo hace montado y guiando la mula de carga, en esas ocasiones emprendo la marcha a pie acompañado por algún amigo (a quienes les agradezco enormemente). En principio esta travesía se hacían caminando con Marcos Olivera junto a “Josho” Cabrera (residente de Las Peñas) quien nos acompañaba montado a caballo y llevaba a tiro una mula carguera, en la actualidad es Víctor Hugo Gonzalez quien me acompaña cuando se emprende a pie el trayecto.

Al asomarse las primeras luces del día partimos monte adentro en dirección noreste y al cabo de unos 8 km donde se presentan dos opciones, buscar las quebradas y mantenernos en los filos del cerro o bien descender por despeñadero de unos 700 metros y comenzar nuevamente el ascenso, pero siguiendo el curso del rio y cruzando a este en forma casi permanente, siendo esta última opción la que se utiliza normalmente, no solo por el agua, sino porque las quebradas presentan desafíos muy grandes para los animales y para nosotros.

Una vez en el cauce del rio, el paisaje se torna diferente, se observa  una densa vegetación tapizada de colores entre la flora silvestre que llena de aromas el andar y fincas abandonadas que datan de finales del siglo XIX, donde se observan nogales, perales, ciruelos, durazneros e higueras que, a pesar de la ausencia total de algún manteniendo humano, persisten como un testimonio vivo del potencial económico y vida social que alguna vez esas quebradas contuvieron. Su fauna que, a pesar de ser temerosa de nuestro pasar, suele mostrarse majestuosa encontrando pecarí/jabalí, zorrinos, roedores, pumas, ciervos, guanacos, serpientes y todo tipo de insectos, acompañado por el constante cantar de aves bajo la mirada sigilosa de bandas de cóndores, sus ríos coloreados por truchas hacen de esta una travesía que deja verdaderas postales en el corazón de quienes nos introducimos montaña adentro.

Llegando…

El viaje hasta la casa de nuestros amigos, Jorja y Aldo, lleva alrededor de 7 horas (en caso de ir montados, pero si es a pie suele ser aproximadamente 9 horas), en ese trayecto se observan al menos restos de 7 puestos (todos relevados) cada uno con sus respectivas fincas (sin producción actual) y plantaciones en su mayoría de nogales, como así también al menos un sitio arqueológico identificado y cantidad de vertientes que alimentan el cauce principal del río. Al llegar al destino nos reciben los ladridos de Gaucho y Guardián, dos pequeños perros que acompañan a estos hermanos de al menos hace unos 8 años, seguidos de Aldo que comienza a gritar:

… “paaaaseeen paaaaseeen… si, si siiiiii!”…

Entre los abrazos y la emoción se descargan los animales, se organiza el depósito y comienzan los mates junto a un fogón,  que lleva más de un siglo sin apagarse, y un pequeño brasero donde  está descansando una pava que asegura la temperatura del agua para cada cebada, y sobre todo en las visitas de invierno que la nieve o las heladas tiñen de blanco el camino generando un frio penetrante.

Hoy, Jorja con sus manos temblorosas ofrece una cálida recibida y atenta a todos los detalles para que sus amigos puedan sentirse cómodos. Ella es la mayor de 7 hermanos y Aldo el 6to, son la 3er generación de su familia en nacer en el cerro. Todos sus hermanos hijos de Antonio Nieto y Nélida Fuentes, salvo su 5ta hermana Ángela que falleció hace un par de décadas, el resto hace más de 40 años que decidió erradicarse ya sea en Las Peñas o en la capital riojana. Jorga nos cuenta que al nacer ella, sus padres no estaban casados pero que a su llegada deciden hacerlo y mudarse del actual puesto (que era de su abuela materna), a uno ubicado unos kilómetros hacia el sur (que pertenecían a Ernesto Contreras), donde con el tiempo nacerían sus hermanos, pero que ella nunca se fue del cuidado de sus abuelos Don Ángel Fuentes y Doña Josefa Guzmán (quien muere a la edad de 105 años), no es menor resaltar que la figura materna de Jorja es Doña Josefa y no su madre Nélida, con lo cual cada historia contada llama a Josefa como mamá, siendo además la perdida más dolorosa que ha tenido.

Jorja recuerda su niñez con mucha alegría, pues niños con quien jugar había, sus juguetes solían ser huesos de vaca o cabra que según el tamaño hacían de hombres, mujeres o niños, arriar animales representaba siempre una aventura y sobretodo una posibilidad de ir más allá, “a lo desconocido”.

En cuanto a los adultos, ellos llevaban por lógica el trabajo de la siembra, cuidado de los rebaños, producción de quesos, vino y la búsqueda de la leña, como así también bajar a los poblados a vender y comprar proveeduría, ropa o algún medicamento.

En cuanto al desarrollo de la vida de los integrantes en esta comunidad campesina, donde desde muy pequeños se aprendía a trabajar la tierra y criar animales, se estilaba que los niños al cumplir entre 6 u 8 años bajaran a la localidad de Aguas Blancas para que estudien al menos los dos primeros años de la primaria (al cuidado de algún pariente), en el caso de Jorja a la edad de 9 años aproximadamente cursó primero y segundo grado, la idea de su mama (Josefa) fue que aprendiera a escribir, leer y firmar (aptitud que sigue ejerciendo). Pero a mediados de los años 1980 y sobretodo 1990, la migración (de los puestos hacia otras localidades de la costa riojana o la capital) fue total, a pesar de que su generación era joven y apta para continuar con los trabajos que mantenían a esta comunidad campesina, las quebradas se vieron silenciadas, en gran medida porque se había instalado la idea de que el “progreso” se encontraba en un naciente parque industrial ubicado en la capital, generando que muchas familias ubicadas en el bajo (ciudades del Dpto. Castro Barros) se  mudaran a la capital en búsqueda de trabajos que le permitieran elevar su poder adquisitivo y con ello cambiar su vida rural a una urbana que prometía comodidades entre otras cosas.

Con ello los mercados se redujeron y el ingreso de productos industriales como quesos, dulce, carne y vino a bajos costos hizo que sostener la vida en las montañas fuera casi imposible, esto llevó a que en pocos años casi sin cuestionarse las familias del cerro dejaran sus puestos, sembrados, plantaciones y animales.

Jorja, incrédula, no puede entender como algunas ideas tan vacías que rondaban por esos años convencieran a todos, entre las que más recuerda eran las promesas de que en el bajo el trabajo abundaba y que no iban a sufrir “necesidades” e iban a poder “conectarse con el mundo y la tecnología”,  A todo  esto se suma  la llegada de las nuevas rutas que unían la capital con los pueblos del Dpto. Castro Barros que precipitaban en última instancia la emigración o la llegada de productos manufacturados las economías locales,

                    …. ”Nunca voy a entender cómo pueden haber botado tanto sacrificio por nada”…  exclama con ojos llorosos Jorga cada vez que recuerda esos años, ya para finales de los años 1990 solo quedaban Josefa, Don Pilar (tío de Jorja- Fallecido en 2012) y Aldo, quien si bien posee una aparente discapacidad que no le permite hablar con mucha fluidez o entender algunas  situaciones en la inmediatez, es un compañero incondicional de su hermana. Juntos mantienen tradiciones tales hacer el fuego en el centro de la cocina (a pesar de  generar humo denso que no permite estar a más de un metro de altura parado obligando a tomar una posición en cuclillas o con la espalda curvada para poder preparar algo) para calentar su comida, bebida o simplemente mantenerse calientes. Es impensable siquiera intentar proponer armar una cocina en un rincón con un buen tiraje, puesto que Jorja manifiesta en un tono poco amigable:

                      …”mi mamá cocinaba así y así se va quedar”….

Además mantienen una pequeña huerta, vestigio de lo que alguna vez fueron terrazas de cultivo, y una chacra. En cuanto a sus animales, lejos quedaron los años de rebaños de vacas, cabras o cría de cerdos, solo se observan inmensos corrales de piedras que a duras penas se mantienen. Las miradas con sollozos de Aldo y Jorja cuando indican con sus manos la magnitud de cuantos animales poseían, y en la actualidad solo una docena de gallinas acompañan las tardes. Por su parte, la producción textil, queso, vino también perdieron todo impulso, quedando únicamente la enseñanza y la sed de poder transmitir cuanto conocimiento poseen, que  incluye claro, el manejo de los yuyos que permiten calmar dolores o curarlos.

En cuanto a quienes decidieron dejarlo todo para comenzar una nueva vida, explica Jorga que ninguno logró más que ser trabajador de la construcción, o peón de algún hacendado donde cuidaban animales ajenos, muchos terminaron con viviendas sociales y sus hijos ya sin posibilidades de poder producir y sin tierras no tienen muchas opciones más que la de los padres.

Quizás esta fue una de las ultimas comunidades campesinas que tuvo La Rioja apostados en estas latitudes, y que sobrevivió prácticamente todo el siglo XX. El amor a la tierra de quienes vivían hizo que la “modernidad” tardara en destruir su estabilidad económica, socio-ambiental y lo cultural.

Estas poblaciones no persistían con la lógica actual extractivista, si no que tanto lo socio-cultural como lo ambiental son una combinación que permite un desarrollo económico sostenible en el tiempo.

Finalmente, quisiera agradecer a los amigos que aún me acompañan en este viaje a visitar a los hermanos Nieto (hoy nuestros amigos). Además, también forman parte de las diferentes campañas instituciones como la Policía de La Provincia, el Ejército y la Iglesia Católica, que sin duda ocupan un lugar importante en la historia reciente de este paraje y serán motivo para un nuevo capítulo de esta historia!.

… ”lo espero don Paulito, no me falle…. y saludos a Eva y las chicas”

Pablo Salvadeo con Jorja
Pablo Salvadeo es Subcomisario, fue incorporado en el año 2006 como Agente Técnico a la Policía de la Provincia de La Rioja. Graduado en el año 2011 del I.S.F.T.P. Brigadier Gral. Juan Facundo Quiroga, con el título de “Técnico Superior en Seguridad con Orientación Pública”. Graduado en el año 2019 en la Universidad Nacional de La Rioja, con el título de «Licenciado en Historia con Orientación en Arqueología». Impulsor, creador y actual jefe del Departamento de Prevención de Delitos contra el Patrimonio Cultural, dependiente de la Dirección General de la Dirección General de Investigaciones, Policía de la Provincia de La Rioja, donde se especializó en la lucha contra el tráfico ilícito del Patrimonio cultural, anexando paralelamente a este Dpto. el Museo Policial y creando la Biblioteca y Archivo Histórico Policial.
Participa en investigaciones Arqueológicas en la dinámica de las ocupaciones prehispánicas de la localidad de Villa Mazán, La Rioja.