Homilía Monseñor Braida – Velada del Niño Jesús Alcalde

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Homilía Velada del Niño Jesús Alcalde -30/12/23-

Mons. Dante G. Braida    

Fiesta de la Sagrada Familia

“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz” Is. 9,1

 

Queridos hermanos y hermanas:

  • Que hermoso estar reunidos en esta noche, en esta Velada del Niño Jesús Alcalde. Preparando nuestro corazón, y preparándonos como comunidad para vivir el Encuentro.

Estamos aquí porque el gran protagonista del Encuentro es Él, el Divino Niño Alcalde, que de la mano de San Francisco Solano obró aquel gran milagro de la PAZ en los inicios de la fundación de nuestra ciudad.

Este año la celebración de esta velada coincide con la Fiesta de la Sagrada Familia. Por eso las lecturas bíblicas nos vienen a iluminar la realidad de nuestras familias, de la Iglesia como familia, y la realidad de la gran familia humana.

  • Cuando Dios comienza a formar a su pueblo lo hace a través de Abraham, quien cree y confía en Dios que le promete y le da un hijo siendo él y su esposa ya ancianos. De esos padres creyentes y ese hijo nacerá un gran pueblo cuyos miembros son incontables.

En ese miso pueblo nacerá Jesús, el hijo de Dios, el Salvador, también en una familia con una madre muy joven y de gran fe, y un padre, José, hombre justo, valiente y trabajador. El Niño nace en un lugar muy pobre pero con una riqueza enorme al tener a su lado un Papá y una Mamá.

         En definitiva, el Padre Dios eligió una familia para acercar a su Hijo al mundo. Por eso la primera institución bendecida por Dios al nacer su hijo es la familia.

         Por esto nuestras familias son un lugar sagrado que necesita ser cuidado y respetado. Allí aprendemos los valores básicos que nos integran a la sociedad, allí aprendemos el camino del Amor como el mejor camino para desarrollarnos. Un niño, una niña que se siente amado, que  es cuidado y educado correctamente, se desarrolla con un horizonte de vida y de servicio a la sociedad en la cual se integra.

  • Pero el Niño Jesús cuando es llevado al templo por sus Padres, inmediatamente es tomado por Simeón, este hombre santo que lo identifica en seguida como el Enviado de Dios y alaba a Dios por el Pequeño a quien reconoce como ‘gloria de su pueblo, Israel y como LUZ de todas las naciones de la tierra”. De todas las naciones de la tierra, sin excepción.

Ese Niño es quien vino a unirnos a Dios como hijos suyos para que todos formemos una sola familia. Por eso la misión de la Iglesia es ser Familia, una familia donde todos caminemos juntos con espíritu misionero para que todos los pueblos puedan recibir la plenitud de Vida y de Amor que solo Dios puede dar.

         Como Iglesia Sinodal, misionera tenemos  que constantemente volver al Él con una actitud orante y contemplativa y, al mismo tiempo volvernos al prójimo, descubriendo en él una presencia viva de Dios con quien tengo que relacionarme con su Amor misericordioso.

         Como Iglesia-Familia, tenemos que crecer en recibir a toda persona esté en la situación que esté.

         Como Iglesia Familia, tenemos que salir al Encuentro de todas las personas, especialmente las más necesitadas. Hay muchas experiencias valiosas de misión que se han ido dando en muchas parroquias este año y queremos acrecentar esta dimensión el próximo año, en torno a los 90 años de la diócesis, buscando vivir en un ‘estado permanente de misión’.

  • Este Niño viene a ser Luz de todas las Naciones. Este Niño es a quien vino a anunciar San Francisco Solano.

Podemos imaginarnos aquella Semana Santa de 1593, un inminente enfrentamiento entre españoles y diaguitas. Y Francisco Solano dándole lugar a este Niño y esta frase del evangelio “Él es LUZ, de todas las NACIONES”, también de la nación diaguita a quienes recién conocía.

         Elige el camino de presentar al Niño Dios, como máxima autoridad. Aquel que viene a buscar el bien de todos los pueblos.

         ‘Rendirse’ ante este Dios, hace posible un cambio de actitud, una conversión profunda del corazón, hace posible reconocer al otro en su dignidad más profunda. Y que, como tal, merece respeto y posibilidad de vivir y desarrollarse dignamente.

         Este Dios que nace como Niño vino a liberarnos de todo mal que esclaviza y denigra la vida humana. Vino a manifestarnos un Amor que nos hace libres y valiosos a los ojos de Dios. Su Amor lo llevó hasta dar la vida por nosotros. Por eso resucita y nos ofrece una vida plena.

No temamos ‘rendirnos’ ante Él cada día. Él no nos quita nada y nos lo da todo.

  • Por eso el mensaje del Niño Dios es tan actual y su presencia en medio nuestro tan indispensable.

En un mundo marcado por tantas diferencias donde hay una gran cantidad de personas en situación de pobreza, donde hay tantos que se desarrollan con muchas posibilidades y otros que quedan al costado del camino, donde el consumismo nos esclaviza haciéndonos correr tras el tener más y más, necesitamos volver la mirada y el corazón a Jesús para que Él nos ordene y nos haga ver como hermanos con la misma dignidad y con el mismo derecho a nacer, crecer y desarrollarnos.

         El sueño de Dios es la ‘fraternidad universal’. Trabajar por una sociedad donde nos reconozcamos como hermanos y hermanas y nos ayudemos mutuamente a crecer.

         Que Su Presencia esta noche toque lo más profundo de nuestro corazón y nos anime a vivir el Encuentro de mañana con el propósito de hacerlo realidad cada día del año que iniciaremos.

Que seamos como San Francisco Solano, misioneros del Niño Jesús Alcalde, sembradores de Encuentro y Paz en nuestra sociedad hoy.

¡Paz y Bien! Así sea.