Homilía Monseñor Braida – Cena del Señor – Nuestra Identidad: Amar como Jesús

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NUESTRA IDENTIDAD: AMAR COMO JESÚS

Homilía de Mons. Dante Braida pronunciada en la Misa de la Cena el Señor en la Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari, La Rioja.

Jueves Santo 06/04/2022 20.00hs

Queridos hermanos y hermanas:

  • El inicio del Evangelio hace referencia al final de la vida de Jesús. Su pascua, es decir su paso de este mundo al Padre. A este momento él lo llama su “hora”. Y es a la vez el momento del amor extremo de Jesús por los suyos. El evangelista dice claramente que Jesús tenía conciencia de este momento decisivo. Que se acercaba su pasión y muerte y por ella volvía al Padre. Y no escapa de este momento.

También sabe que será el momento de mayor manifestación de amor: “habiendo amado a los suyos que quedaban los amó hasta el fin”. Esta frase expresa la motivación que lleva a Jesús a entregar su vida y a aceptar su muerte. La muerte en cruz es expresión de su amor extremo, hasta sin límite,  es el amor más grande de quien da la vida por sus amigos (cf. Jn15,13).

  • Luego sí, Jesús realizará el lavatorio de los pies que el evangelio lo describe con 8 acciones: “se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura”.

                El lavado de los pies era un gesto de recibimiento y hospitalidad que se debía hacer apenas se llegaba a una casa, allí el dueño de casa, antes de la comida brindaba este servicio que lo hacían los sirvientes o los esclavos. Jesús, cambia las cosas ya que él siendo el que preside la cena, el maestro, ahora ocupa el lugar del “sirviente”. Esto sorprende a todos, especialmente a Pedro. Pero Jesús insiste: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo» (Jn 13,8). Esto significaba que Pedro tendrá que dejar sus planes para seguir a Jesús en primer lugar dejándose amar por él, dejándose servir por él, dejándose enseñar por él.

Nuestra vida cristiana comienza por dejarse amar por Dios, dejarse tocar por él, dejarse enseñar por él, dejarse corregir por él, dejarse perdonar por él. Reconociendo, a su vez, que Dios muchas veces nos manifiesta su amor a través de tantas personas que nos rodean, con las cuales vivimos y compartimos la vivienda, el barrio, el trabajo, las amistades.  Personas que nos ayudan, escuchan, comprenden, animan, nos muestran luz cuando solo vemos oscuridad. Las que alientan nuestra esperanza cuando estamos caídos. Las que nos acompañan en el discernimiento del futuro, de elaborar un proyecto de vida.

Dejémonos ‘lavar los  pies’ por Jesús, recibamos su amor que llega a nosotros de tantas maneras.

  • Luego dirá que les ha lavado los pies para darles un ejemplo que ellos deberán imitar. Es decir, les mostró con ese gesto que si Él, siendo Maestro y Señor, les ha lavado los pies, cuanto más entre ellos deberán lavarse los pies unos a otros. Deberán amarse, servirse, enseñarse, corregirse, acompañarse, perdonarse unos a otros, darse nuevas oportunidades.

Hoy es un día para dar gracias por tantas personas que nos edifican porque viven la vida con una permanente actitud de Servicio. Porque por amor, se comprometen con los demás de modo personal o a través de grupos u organizaciones eclesiales o sociales.

También hoy es un día para tomar conciencia de que hacen falta muchos más servidores en la sociedad para enfrentar las carencias de nuestro tiempo.

Necesitamos servidores misioneros que vayan de casa en casa a escuchar a la gente y llevar la Palabra de Dios. Nuestra Iglesia nació para la misión y los misioneros somos cada bautizado.

Necesitamos servidores en Cáritas de las distintas parroquias, para ir al encuentro de las personas que más necesitan ayuda, contención, aliento. La Caridad que nos enseña Jesús es nuestra identidad, no dejemos pasar la oportunidad de hacer el bien.

Necesitamos servidores catequistas, para la pastoral de la salud, para acompañar a personas en situación de adicción, hay tanto para hacer, tanto para servir. Que no se nos pase la vida sin dar cauce a esa capacidad de amar y servir que nos da el Señor.

También hacen falta servidores que se involucren en instituciones sociales. Cada laico bautizado vive su vida como servicio en el mundo de la familia, de la educación, de la salud, de los medios de comunicación, de la política, de las organizaciones sociales.

También hacen falta servidores que se jueguen por trabajar por un mundo más justo, de mayor equidad, donde podamos disminuir y eliminar la pobreza que afecta la vida de tantos hermanos y hermanas.

  • Finalmente en la Ultima Cena Jesus nos deja la Eucaristía y el orden sagrado

Nos dice el papa Francisco: “el Señor que quiere permanecer con nosotros en la Eucaristía. Y nosotros nos convertimos siempre en sagrarios del Señor; llevamos al Señor con nosotros, hasta el punto de que Él mismo nos dice que si no comemos su cuerpo y bebemos su sangre, no entraremos en el Reino de los Cielos. Este es el misterio del pan y del vino, del Señor con nosotros, en nosotros, dentro de nosotros”.[1]

Jesús, el Dios – Amor, el Dios-Servicio, se quedó entre nosotros en la Eucaristía para alimentar en nosotros ese amor incondicional y ese servicio generoso que él vivió y nos enseña.

Nos dejó el Sacerdocio al dejar la misión a los Apóstoles de que “hagan esto en conmemoración mía”.

Damos gracias por el don de su presencia en la Eucaristía y por darnos Sacerdotes para brindar este alimento a todo el pueblo.

Que el Señor nos ayude alimentarnos siempre de ella  para que nuestras vidas sean plenas y una expresión clara y contundente de su amor servicial. Así Sea.

[1] Papa Francisco. Homilía del jueves santo de 2020.