Homilía de Monseñor Dante Braida en la Ordenación Sacerdotal de Alexis Rosales

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                         “TESTIGOS DE LA LUZ”  (Jn 1,8) 

Homilía  Mons. Dante Braida en la Ordenación sacerdotal del diácono Alexis Rosales. Catedral y Santuario San Nicolás de Bari. La Rioja 25/08/2023.  Textos bíblicos: Is 61, 1-3ª; Sal  22, 1-6; Rm12, 4-8; Jn 10, 11-16

  1. Con particular gozo vivimos esta celebración en la que el diácono Alexis Rosales será ordenado sacerdote. Gozo suyo, de su familia y de toda la Iglesia que hoy recibe a un nuevo Pastor. Gozo de Jesús Buen Pastor que hoy confiará a Alexis este ministerio que lo configurará profundamente con él mismo.

Damos la bienvenida a todos los que han venido de distintos lugares de la diócesis, especialmente a la familia de Alexis, de Aicuña, de Villa Unión, Chilecito, del seminario de San Juan; también a todos los que participan a través de la TV y las redes sociales.

El Evangelio que acabamos de escuchar nos presenta a Jesús como Buen Pastor: “Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí y doy mi vida por las ovejas.” En Juan el verbo conocer es mucho más que saber algo de alguien, tiene que ver con una comprensión completa, profunda y existencial del otro que implica también un amor inmenso. Por tanto nos habla de un Dios que nos conoce y nos ama entrañablemente a tal punto que da su propia vida para que tengamos vida y vida en abundancia.

Alexis, este Buen Pastor que te conoce así, te ha elegido, te ha llamado, ha puesto tu mirada en vos para que lo sigas como discípulo y que sirvas a su pueblo siendo una presencia viva de Él mismo. No tendrás que apacentar tus ovejas, son las de Él, y tendrás que conocerlas, cuidarlas y ayudarlas a crecer como Él lo hace. Y tendrás que dar lo mejor de vos por ellas y, en cada acción pastoral, entregar tu vida por ellas.

  1. Decía el Evangelio que el Buen Pastor tiene, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debe también conducir. Dice: “ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.” Seguir los pasos del Buen Pastor significa estar dispuesto e ir a la misión, donde Dios quiera, como Dios quiera. La misión siempre nos acerca a cada persona para que una a Dios y se integre a una comunidad, buscando acrecentar la comunión-misionera en esa comunidad.

Querido Alexis, el horizonte de la misión es amplio y diverso. Tendrás que discernir en cada etapa del camino quiénes son aquellos a los que el Señor te envía, e ir con confianza y parresía. Muchos necesitan la Buena Nueva de Jesús y muchas veces no la escuchan por falta de misioneros o de espíritu misionero. Por eso, hoy es vital que cada comunidad junto con sus pastores concreten nuevos caminos misioneros para llegar a todos los rincones de cada parroquia, de cada ámbito social, de cada realidad existencial.

Decía el beato Enrique Angelelli: El sacerdocio es apostólico; es misionero; es ejercicio de mediación; es esencialmente social; el sacerdocio es caridad; es amor; pobres de nosotros si lo convertimos para nuestra propia utilidad y provecho; (el sacerdocio) es donación total de la vida; es crucificante y a la vez signo de vida; de la pascua; de la esperanza; deberá estar inmerso en la agitada y multiforme experiencia y vida de los hombres… La misión sacerdotal deberá estar siempre marcada por la caridad de Cristo que nos urge; ningún otro estímulo la podrá sustituir y superar.” (Homilía 090975)

Encomendémosle, querido Alexis, al beato Angelelli tu sacerdocio pidiéndoles la gracia de vivirlo siempre con fidelidad y espíritu misionero.

  1. Seguir al Buen Pastor implica también estar dispuesto y buscar a la oveja que perdida. Trabajar junto a las que están para que ninguna se pierda y para que a quien se ha descarriado se puedan ofrecer nuevas oportunidades de cambio y conversión. Los últimos, los alejados, los pobres deben tener un lugar privilegiado en corazón del Pastor, porque lo tenían en corazón del Buen Pastor.

“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros”, decía el profeta Isaías.

El papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, nos anima fuertemente a escuchar el clamor de los pobres y excluidos y subraya además que “ellos tienen mucho que enseñarnos” porque “en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos” (EG 198).

Alexis en la visita pastoral que hace poco hice a la parroquia Anunciación del Señor me has llevado a hogares con ancianos solos, a casa de enfermos, a visitar familiares de personas que han perdido un ser querido por suicidio. En cada una de estas visitas pude percibir tu sensibilidad por esta situaciones de carencia. Seguí contemplando a Jesús pobre entre los pobres y seguí cultivando esta cercanía que da vida y esperanza y promové esa actitud en todas las comunidades que te toque acompañar.

Pidámosle al beato Wenceslao Pedernera que despojándose de muchas seguridades buscó el bien y la promoción de los pobres, que te acompañe en este camino de entrega a los más pobres.

  1. Vivimos esta ordenación en tiempos donde estamos ahondando en la dimensión sinodal de la Iglesia. Se trata de que todos caminemos juntos y que cada bautizado encuentre su lugar en la Iglesia y, en comunión con ella, sea corresponsable de la misión evangelizadora. Es clave comprender profundamente lo que nos decía San Pablo: “Así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros.”

Como pastores tenemos que animar la vida de la Iglesia en estos tiempos para que cada Bautizado pueda encontrar en ella su lugar, para que pueda integrarse a una comunidad y, allí,  nutrirse de la vida en el Espíritu y nutrirse de los dones de los demás y aportar los propios.

Alexis, como  pastores tenemos que servir a la Iglesia con la autoridad que nos da el sacramento del Orden buscando que emerjan los talentos que existen en cada miembro de la comunidad y alentando el crecimiento de todos.

Pidámosle a los beatos Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias, a quienes la fidelidad a la misión en la Iglesia los trajo a esta tierra riojana, que tu sacerdocio, Alexis, sea siempre vivido en comunión con la fraternidad sacerdotal y en vínculos cercanos y empáticos con todo el pueblo de Dios.

  1. Has elegido como lema de ordenación: “Testigo de la luz” del prólogo del evangelio según san Juan en el que se presenta a Jesús como la LUZ que viene a iluminar a todas las personas siendo portador de Vida Plena. Allí, Juan del Bautista es presentado como testigo elegido para dar a conocer lo que ha visto y conocido de esa LUZ.

Para ser testigos de la Luz que es Jesús es esencial exponerse a la luz, estar en su presencia, dejarse impregnar por ella para luego irradiarla naturalmente.

Alexis, la vida de oración es fundamental en para ser testigos. La lectura orante de la Palabra, la adoración al Santísimo, el estar en silencio ante su Presencia y perseverar en ese silencio será esencial para ser testigo, para irradiar la claridad y fortaleza que surgen de esa Luz. Como también será esencial servir al Pueblo que se te encomienda ayudando a acercarse a esa Luz para que sea un Pueblo de testigos, un pueblo luminoso que lleve esa luz de esperanza a toda persona.

  1. Finalmente, quiero agradecer a la familia de Alexis, agradecer por la vida de cada uno de ellos. Aquí está su madre, su hermana, sus familiares, tenemos presente a tus abuelos que participan desde la eternidad. Agradecer a las comunidades que fueron, con tu familia, tierra fértil donde fue madurando tu vida cristiana y la vocación. Agradecer al Seminario Nuestra Señora de Guadalupe y San José de San Juan por ser la mediación necesaria para tu formación. Gracias a los que han podido venir de San Juan y hoy te acompañan. Gracias a la comunidad Anunciación del Señor que te recibió y ayudó generosamente para que ‘aterrices’ en la diócesis y te integres al andar pastoral de esta diócesis. De modo particular agradecer al P. Lorenzo a quien hemos despedido hace pocos días y que, de algún modo, tuviste que acompañar junto con la comunidad y, podemos decir, tomar la posta que dejó tras sus casi cincuenta años de vida sacerdotal.

Los invito a poner toda la confianza en Jesús y a seguir andando. Que nuestros beatos Mártires riojanos, Carlos, Gabriel, Enrique y Wenceslao nos ayuden a confiar más en Dios, a creer más en su Evangelio y a entregar la vida en el servicio de los demás; y que Nuestra Señora del Rosario nos anime a seguir siempre los caminos de su Hijo aprendiendo cada día de su corazón misericordioso. Así sea.