Homilía (27 de febrero)

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Un hombre vestido con piel de camello, rostro sereno y penetrante, que vive en el arenal y come miel silvestre, que baja junto al Jordán, le grita a sus compatriotas el gran MENSAJE de la conversión. Su bautismo no transforma sino que prepara los caminos del Señor. Vendrá Ël y transformará por el agua y el Espíritu Santo. Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Este es JESUCRISTO. AQUÍ ENCONTRAMOS EL LLAMADO A UN ENCUENTRO del HOMBRE con DIOS.

A un hombre se le pide que deje su pueblo, sus familiares y vaya a tierra lejana. Se le pide que tome a su único hijo y lo lleve al monte para sacrificarlo. Ese hombre es ABRAHÁN y el que pide es DIOS. Un encuentro definitivo del hombre con Dios y una total entrega del hombre al Padre de los cielos. Una confianza ilimitada en Él. Así entendemos la FE: Dios lo prueba y le detiene su brazo para que no sacrifique a su único hijo, Isaac.

En el Monte del Tabor, tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan caminan rumbo al Monte siguiendo a Jesús. Allí, el Señor se transfigura. Los discípulos, extasiados no atinan a decir sino esto: qué lindo es estar aquí. Hagamos tres chozas para siempre. Pero una nube cubre al Señor y una voz se deja oír: ESTE ES MI HIJO MUY AMADO: ESCÚCHENLO.

Tres escenas para meditar y reflexionar en este tiempo de Cuaresma.

Al comienzo de la misma, se nos invitó: CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO. Sigue siendo este llamado actualísimo. Para el hombre de hoy. Para nosotros que buscamos construir una sociedad nueva. Convertirse y creer en el Evangelio, es asunto fundamental planteado a la conciencia del hombre de hoy. Es cuestionador de nuestra vida.

Es la FE que ya no ve el rostro resplandeciente de Cristo. Es la LUZ segura que alumbra el camino de nuestra existencia. Apoyado en AQUÉL que da certeza, serenidad, paz, coraje, libertad interior, esperanza, sentido gozoso de la vida. El Agua y el Espíritu Santo ya han cambiado en el interior del bautizado el interior del hombre.

 Esto nos exige ser consecuentes en la vida de todos los días. La VOZ del Padre sigue repitiéndose en cada conciencia, en cada pueblo, en cada comunidad: ESCÚCHENLO. Es a Jesucristo. Parecería que ya no fuese actual; sin embargo es Él, el único que hará hombres profundamente libres para nuestro tiempo, hombres que transformen sistemas deshumanizantes; hombres que acojan el grito de esperanza de tantos hombres que buscan descubrir el gusto de vivir; hombres que no tienen miedo; hombres que “sacramentalicen” la presencia de Dios entre sus hermanos.

Mi Carta Pastoral, puede ayudarles a reelaborar los criterios morales para la vida privada y pública. No busca intereses humanos; solamente busca que nuestro pueblo sea feliz, siendo fiel a Quien se nos pide que lo escuchemos. Jesucristo nos habla de distintas maneras. Agudicemos nuestros sentidos para saber distinguir su Voz y hacerla vida en nuestros actos diarios.