Homilía (25 de Enero)

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Hermanos y amigos radioyentes de L.V. 14 – Radio de La Rioja.

Como lo venimos diciendo, nuestra misa dominical radial, nos hace sentir que somos una gran familia; una comunidad; un pueblo que alabamos y adoramos a nuestro Padre Dios por Jesucristo en Quien tienen sentido nuestras vidas y toda la creación, porque por Él fueron hechas y creadas. Además, buscamos reflexionar la propia vida a la luz de Cristo que se nos irradia desde su Evangelio, que es Mensaje de esperanza y de vida. Todo esto es bueno recordarlo siempre. Tomando el ejemplo de las teleras de nuestra tierra, insistimos en que juntos debemos tejer la vida como pueblo, en todos sus aspectos. Como a ellas, también a nosotros nos es necesario asumir la vida con esperanza, con esfuerzo, con perseverancia para ir superando los obstáculos, y hacer- la así feliz, para cada uno de nosotros y para los demás. Parecen reflexiones simples, pero son necesarias y fundamentales tenerlas en cuenta.

Porque nos dice Lucas (Lc. 10, 21) “…en aquel mismo momento, Jesús se alegró en el Espíritu Santo y dijo: …te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los doctos y sabios del mundo y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido…” Y Mateo (18, 1-10) nos dice: “si no os hiciérais como niños no entraréis en el reino de los cielos…”. Estos dos pasajes del evangelio, nos dejan una profundísima lección y un cuestionamiento a fondo de la vida. Nos cambia toda nuestra escala de valores que habitualmente tenemos los hombres cuando partimos de nuestro egoísmo y de nuestra autosuficiencia, económica, social o intelectual.

Parece un contrasentido y una ironía, que Cristo nos ponga como ideal ser como el “niño”. El niño pertenece a una de las categorías de desheredados (niños, pobres, pecadores). El niño es tierra virgen donde hay que sembrar la Palabra de Dios; es zona como de emergencia donde puede ocurrir cualquier cosa; es arcilla dócil, útil para cualquier uso. El niño no es de por sí un ideal. Pero éste es justamente el ideal que Jesús presenta: ser tierra virgen preparada para la simiente; ser zona de emergencia que clama por la salvación; ser arcilla maleable para todo lo bueno. El niño es la crisis de toda soberanía, dominio y poder. El Reino de los cielos no se propaga con la imposición de soberanías o el desplazamiento de fuerzas sino con la ostentación de este ideal de niño como sombra humana al ideal divino de cruz.

Aún, más nos desconcertará, cuando nos dice: “si alguno quiere ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame…” (Mc. 8). Y en el mismo Marcos nos dice: “El hijo del hombre ( Jesús) no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida como rescate por una multitud…“ (Mc. 10, 45). Para lograr esto hay que hacerse el último de todos; el “niño”, el servidor de los demás. Para poder descubrir todo lo profundo y revolucionario que esto significa en la vida del hombre y en la sociedad, hay que meditarlo a la luz de las llamadas Bienaventuranzas o Sermón de la Montaña; que está en Mateo c.5. Otras veces nos hemos detenido en esto.

Así como es alegría y gozo para Cristo, el saber que el Padre de los cielos revela “su vida” a los pequeños, así también, lo debe ser para toda la comunidad cristiana; para toda una comunidad diocesana. El ponerle el oído a quienes están marginados de la escala de valores de una sociedad de consumo, es ponerle el oído al Padre de los cielos porque allí El se manifiesta y nos revela su identidad de Dios vivo y Padre de todos; la Verdad y la Justicia que no son sino la manifestación de su misericordia. Es necesario ayudar a los “débiles” y “pequeños” a que manifiesten cuanto les revela el Padre de los cielos en las fatigas de sus vidas; en sus sufrimientos por la vida dura que llevan; en la apertura que tienen hacia los demás en su espíritu de acogida que manifiestan; en la solidaridad que manifiestan hacia las necesidades de los más pobres y humillados. Debemos tener cuidado de que no obremos de tal manera que los ayudemos a que pasen de unos “doctos” y “grandes” de este mundo, hacia otros “doctos y grandes” que también son de este mundo en la escala de valores. Por eso decimos que es preciso que toda la comunidad diocesana tenga alma de niño con sabiduría de anciano para poder ser mejor servidora de su pueblo.

La Carta del Santo Padre a La Rioja es muy clarificadora en todo esto.

Ratificar y urgir nuestro trabajo pastoral hacia todos, porque es universal la salvación de Cristo. Pero esforzarnos por los más pobres y no descansar en apli- car la renovación conciliar; nos orienta para que todos hagamos una serena, profunda y evangélica revisión de vida personal y comunitaria. Sabemos que el signo de la “contradicción” que origina el Evangelio es buen signo; más aún, la persecución y la calumnia por el Reino de Dios y por ayudar a una comunidad y a un pueblo para que sea más protagonista de su destino, es el precio de los seguidores de Cristo. Los obstáculos de la vida de que hablábamos al principio, al traer el ejemplo de las teleras, muchas veces nos exigirá muchos sacrificios, paciencia, serenidad, firmeza, perseverancia y hasta entregar la vida; se la entrega de muchas maneras; no sólo con la sangre. Entregarla hasta en la sangre por amor a los demás es el signo más grande de servicio evangélico. Ayudar a un pueblo y a una comunidad diocesana a que se oriente evangélicamente y obre consecuentemente, bien vale la pena entregarle la vida sabiendo que ella está en las manos de Dios.

El Gran Mensaje del Padre de los cielos a los hombres es Cristo, el mismo que hemos vivido en nuestra Navidad. Es también el CAMINO, la VERDAD y la VIDA. Muchas veces lo hemos oído. Ante Él, que invita a darle acogida a este Mensaje, que es el mismo Cristo, nos es necesario hacer el camino que nos irá señalando la Cuaresma, con el comienzo terminante y claro del Miércoles de Ceniza: “ACUÉRDATE, HOMBRE QUE ERES POLVO. Y EN POLVO TE CONVERTIRÁS”. “CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO DE JESUCRISTO”.

Hoy lo reformulamos con palabras de Pablo VI: “LA RECONCILIACIÓN ES EL CAMINO DE LA PAZ”. Pero este camino deberá ser hecho para lograr la paz, no con la escala de valores de una sociedad consumista, sino con los valores que se señalan claramente en el Evangelio.

Como ven, este año, tenemos muchas ocasiones para seguir reflexionando a la luz de este Evangelio, toda nuestra realidad que diariamente vivimos en nuestra vida individual y comunitaria. Somos conscientes que existen muchos y graves obstáculos. Que existen muchos intereses que impiden hacer este camino para construir una verdadera paz. No es fácil cambiar una escala de valores que respalda una manera de vivir egoísta y que divide a un pueblo. También, para sustentar esta escala de valores es utilizada la Fe. Con todo, seguimos creyendo que este año santo universal será también un año de bendiciones para La Rioja.

La lectura de Pablo a los Corintios que acabamos de escuchar (1 Cor. 1, 10- 13,17), es lo suficientemente clara para que la meditemos en la intimidad de nuestras conciencias y en grupos. El Llamado de Cristo en el Evangelio de Mt. 4, 12-23: CONVIÉRTANSE, es llamado esperanzador, cargado de vida y lo suficientemente radical como para que lo desmenucemos en distinciones de “hombres doctos” y no con alma de “niños”.

Así nos iremos preparando para dar comienzo a nuestra cuaresma que ya se nos avecina en la primera quincena de febrero.

Que estas reflexiones nos ayuden a seguir tejiendo nuestra vida juntos; a no ser que hubiesen quienes se quieren autoexcluir. Si así fuere oremos por ellos para que no se frustren ni frustren a otros.

Que María y San Nicolás nos sigan bendiciendo en nuestro camino.