Homilía (20 de Marzo)

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En el Libro del ÉXODO (20, 1-17), se nos dice: “YO SOY EL SEÑOR, TU DIOS, que te saqué de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí… no pronunciarás el Nombre del Señor en falso, santificarás el sábado, honra a tu padre y a tu madre, así se prolongarán tus días sobre la tierra, no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás testimonio falso contra tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, no codiciarás los bienes de tu prójimo…” En el Libro de los Salmos leemos: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna, la ley del Señor es perfecta, es descanso del alma, instruye al ignorante, alegra al corazón, da luz a los ojos. Los mandamientos del Señor son verdaderos, son rectos, justos, más preciosos que el oro. El Señor es FIEL…”

En la Carta de San Pablo (Cor. 1, 22-25) leemos: “…nosotros predicamos a CRISTO CRUCIFICADO: escándalo para los judíos, necedad para los griegos, para nosotros fuerza de Dios y sabiduría de Dios…”

En el Evangelio de ( Jn. 4, 5-42) leemos: “…se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán a Nuestro Padre Dios en espíritu y en verdad…” “si conocieras el Don de Dios…”

Así nos habla hoy la Biblia, que es Palabra de DIOS.

Desde niños aprendimos los “Mandamientos de la ley de Dios”. Tratamos de grabarlos en nuestros corazones; ellos son la luz; instruyen al ignorante; alegran al hombre; hace a los hombres sabios en la vida. Aprendimos que solamente DIOS es el Padre de todos y que nosotros somos sus hijos y hermanos entre nosotros. Aprendimos a ser solidarios entre nosotros. Aprendimos que estos “mandamientos” se pueden reducir a lo siguiente: “amarás al Señor, tu Dios, con toda tu alma, con toda tus fuerzas y con toda tu vida… y al prójimo lo amarás como te amas a ti mismo”. Este es el Mandamiento grande que les dejo: “ámense los unos con los otros, como yo los he amado a ustedes…”; “en esto conocerán que son mis discípulos…”, nos dice Jesús.

Desde niños fuimos iniciados en el amor a Dios y en el amor a nuestro prójimo. Así lo aprendimos en el catecismo cuando nos preparábamos para la Primera Comunión y cuando nos llevaron a la Confirmación. Fuimos hechos TESTIGOS de ese “amor” a Dios y a nuestros hermanos. La Iglesia, como buena madre nos fue llevando, como de la mano, para que aprendiéramos y viviéramos este “gran mandamiento”. Son verdades fundamentales, las que estamos recordando en esta cuaresma. Nos son necesarias para no equivocarnos en la vida. “Señor, tú tienes palabras de vida eterna…” acabamos de recordar.

Desde niños, la madre Iglesia nos fue poniendo en contacto con la PALABRA DE DIOS; con la BIBLIA, Antiguo y Nuevo Testamento, con el EVANGELIO que es la Buena Nueva de Jesús. Se nos fue enseñando que la Palabra de Dios; el Evangelio de Jesús (que es Palabra de Dios) es como el “alimento” para la vida, “la ignorancia de las SAGRADAS ESCRITURAS (la Biblia, la Palabra de Dios) es una ignorancia de Cristo”, dice San Jerónimo. “La Biblia es nuestro alimento y nuestra vida” (S. Gregorio Magno). En el Concilio Vaticano Segundo, así empieza uno de sus más importantes documentos: “La Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclaman con valentía el Santo Concilio, obedeciendo a aquellas palabras de Juan: “Os anunciamos la vida eterna: que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también ustedes vivan en esta unión nuestra, que nos une con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Jn 1, 2-3)… así quiere proponer la doctrina auténtica sobre la Revelación y su trasmisión: para que todo el mundo lo escuche y crea, creyendo espere, esperando ame…” (Const. D.V.). Esto mismo les puedo decir a ustedes como sucesor de los Apóstoles; esto mismo les anuncian nuestros hermanos sacerdotes; nuestros catequistas; porque ellos unidos al sucesor de los apóstoles anuncian la Palabra de Dios, que es la Palabra de la VIDA. La VIDA es JESÚS.

Esta misma Palabra de Dios es la que les trasmite a sus hijos, los padres cristianos que fieles a su madre Iglesia hacen crecer la Fe en el hogar. Es la misma que les trasmite, en la escuela, cuando el maestro educa a sus alumnos según el Evangelio de Jesús.

El Evangelio, que es la Palabra de Dios, es para la vida. No se puede separar nuestra Fé de nuestra vida. No podemos reconocer a Dios por Padre si negamos ser hermanos entre nosotros. No podemos confesar que “EL SEÑOR ES NUESTRO DIOS” si en la vida tenemos y adoramos nuestros “ídolos” (dinero, poder, orgullo, placer desordenado). No seremos fieles a la Palabra de la Vida que es Jesús ni buenos hijos de la madre Iglesia, como cristianos, si no somos: “limpios de corazón; si no somos constructores de paz; si no somos misericordiosos; si no somos realizadores de justicia; si no somos los testigos de la esperanza; si no somos respetuosos; honrados; justos; amigos; veraces; sensibles a las necesidades de nuestro prójimo…” Nuestra FE CRISTIANA es un REGALO DE DIOS que nos obliga a revisar la propia vida y la de nuestra sociedad en la que vivimos. La Cuaresma es el tiempo propicio para ponernos en mayor contacto con la Palabra de Dios, con los Sacramentos; es tiempo propicio para revisarnos: “conviértete y cree en el Evangelio”.

El año pasado iniciamos, con la ayuda de Dios una “visita misionera de San Nicolás” por toda La Rioja. Los que la han recibido saben lo hermosa y beneficiosa que fue. Este año hemos centrado nuestra meta en el MATRIMONIO y en la FAMILIA. No están desconectadas estas dos cosas. Están íntimamente relacionadas. Qué buscamos, sino lo que San Nicolás tiene en sus manos. El tiene en sus manos la BIBLIA, la Palabra de Dios. El fue un verdadero cristiano, un apóstol, un evangelizador, un testigo de su Fé. Fue santo porque unió íntimamente a su vida el Evangelio de Cristo. Amó apasionadamente a Cristo; amó apasionadamente a la Iglesia, amó apasionadamente su misión de apóstol y evangelizador; amó apasionadamente a su pueblo. Por ser fiel a todo esto, fue santo y mártir de la fe cristiana.

Nosotros tenemos la misma fe cristiana de San Nicolás; tenemos la misma misión; el mismo Cristo; la misma Iglesia; el mismo Evangelio y tenemos que ser un pueblo fiel como lo buscaba conseguir San Nicolás. En esto estamos; con la gracia de Dios caminamos y esperamos. Por eso, este año queremos que quienes tenemos de una manera especial la misión de ser “evangelizadores” nos familiaricemos más con las Sagradas Escrituras, que es la Biblia. Seamos oidores, primero nosotros de esa Palabra de Dios para poder trasmitirla, con fidelidad; experimentada en la propia vida y entregada en el testimonio de nuestro ejemplo. Queremos conocerla más, meterla dentro de nosotros, hacer- la vida. Cuando cada hogar de nuestra Rioja se convierta en un verdadero foco de irradiación de la Palabra de Dios, cuando cada Comunidad Cristiana se alimenta en su vida con mayor intensidad del Evangelio, que es la Palabra de Dios, y se fortalece con la fuerza de la vida sacramental, entonces habremos dado un paso más a una verdadera vida fraternal y sentiremos los frutos de la alegría y de la felicidad evangélica. Para terminar:

  • Tratemos de ser muy solidarios ante la situación que estamos viviendo y fortalezcamos nuestras vidas con la oración, con la lectura asidua de la Palabra de Dios y con la gracia sacramental.
  • Multipliquemos nuestros catequistas y ayudémosles a que sean “verdaderos evangelizadores”.

-Tengamos en cada hogar la Biblia o por o menos los Santos Evangelios para que nos ayuden a ser un hogar feliz.

  • No nos asustemos ante quienes no comprenden qué es vivir la fe cristiana hoy, y obstaculizan nuestro Recemos por ellos.
  • Recemos para que el plan sobre el matrimonio y la familia de muchos frutos en La Rioja. Ofrézcanse en cada parroquia para organizarlos bien.