Homilía (04 de noviembre)

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SALUDOS:

            A los enfermos, ancianos,  pueblos y puestos, presos, Cortadera. Al grupo de ferroviarios de Carranza (Don Pedro y compañeros). Niños de Primera Comunión y Confirmados.

            Amigos y Hermanos Radio Oyentes de L.V. 14. Iniciamos este mes de noviembre con la celebración de todos los santos y con la celebración de nuestros hermanos fieles difuntos.

            La Iglesia nos pone en su liturgia estas dos realidades para nuestra meditación y reflexión: de quienes ya están gozando en compañía de la Virgen María y de los ángeles en la casa de nuestro Padre Dios, la casa definitiva hacia donde caminamos mientras peregrinamos en este mundo y de quienes nos pone ante nuestra mirada la realidad de la muerte y mientras depositamos en estos días una flor ante la tumba de nuestros seres queridos, les manifestamos también nuestro cariño. Confesamos que la vida no termina en el sepulcro; que empieza la vía definitiva, que la vida que llevamos, como peregrinos, no se acaba sino que se transforma con la muerte; que la realidad de la muerte está marcada con el dolor y con la esperanza; que al pie de la tumba se destruyen títulos, dinero, status social, poder, etc., y sólo ingresamos por esa puerta de la tierra que nos recoge para pasar a la eternidad, con la simplicidad de una pobre mortaja y con la alforja de nuestras obras. Porque dice una conocida sentencia: “en la tarde de nuestra vida seremos juzgados por las obras que hicimos, seres eternamente felices o eternamente desgraciados. Este paso definitivo, no se improvisa sino que se lo debe ir preparando durante toda la vida: tampoco solos, sino juntos, no nos salvamos           solos ni nos condenamos solos. Y nuestro Padre Dios, que es Misericordioso, nos juzgará por aquello que leemos en el Evangelio: las Obras de Misericordia. (Mat.37).   El solo ve y conoce todo lo más profundo de nuestros pensamientos y deseos de nuestro corazón humano. Si a los hombres los podemos engañar, a El no lo podemos engañar. Todo esto ha sido, mis amigos toma de reflexión, especialmente, en estos dos días. Los Santos y los Difuntos. En definitiva, mis amigos, estamos ante los graves interrogantes que tiene el hombre de hoy: ¿qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Qué pasa más allá del sepulcro? Desde aquí, desde lo definitivo y eterno, debemos iluminar nuestra vida de peregrinos en la tierra, mientras vamos construyendo la felicidad que buscamos. Esto es: iluminar todo lo que constituye la vida personal y como pueblo, no se escapa nada, la cultura, la educación, la política, la economía, las tensiones sociales, la fraternidad que buscamos lograr, la misma Iglesia, que nace en el mismo corazón de la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero si desde esta óptica debemos iluminar la vida, no significa que debemos ser evadidos de todo lo que nos sucede y acaece en el mundo. Porque el Reino de Dios ya ha sido instaurado en el corazón del hombre y de la historia, desde que el Hijo de Dios, Jesucristo, se hizo hombre y tomó toda nuestra realidad humana, desde que Dios va tejiendo su historia de salvación y liberación en nuestra propia historia humana.

         Si debemos distinguir lo que es eterno de lo que es temporal, no significa que lo debemos separar, como si fueran dos cosas distintas y que corren paralelas; como si debiéramos vivir un dualismo en la vida, como si lo religioso no tuviera nada que ver con cualquier actividad humana, ya sea privada o pública. Si debemos respetar las autonomías de las cosas temporales y eternas, esto no nos debe llevar a que estén  en pugna, sino para que se realicen armoniosamente, porque la vida es una, que debe ir madurándose hasta llegar a la Casa de nuestro Padre Dios, en compañía de los Santos, pasando por lo que dijimos antes, la gran puerta que nos abre a lo definitivo. Esta es una primera reflexión que les quería hacer.

Evaluación de la vida de nuestra diócesis

            Iluminados por lo que acabamos de decir, y como les decía en domingo anteriores, la Fe nos exige que permanentemente nos evaluemos, nos examinemos, nos autocritiquemos, para analizar la marcha que debemos llevar todos juntos. Por eso es que venimos reflexionando a distintos niveles, ustedes bien lo saben porque lo están haciendo. No hacemos más que lo que es exigencia del Evangelio y de los múltiples documentos oficiales de la Iglesia, especialmente los del Concilio Vaticano Segundo. Porque no lo dudamos; sentimos la presencia viva de Dios en la marcha de nuestra diócesis.

            Así nos lo hacía sentir el mismo Santo Padre, hace muy poco. Y sentimos esta presencia de Dios en nuestro pueblo y en nuestra diócesis, porque nos llama a una mayor renovación evangélica, pedida por el Concilio, a través del dolor y del sufrimiento de esta Iglesia Riojana, que no es otra que la Iglesia de Cristo.

            Más allá de lo que son problemas locales y reales, la visión de conjunto de nuestra marcha como comunidad diocesana, comprometida con la vida de todo el pueblo de La Rioja, nos hace descubrir mejor que a medida que caminemos para ir logrando la felicidad de todos, especialmente de quienes sufren más, tendrá siempre nuevos precios o cuotas de sufrimientos. Lejos de desalentarnos nos anima más a profundizar en la esperanza cristiana y a vivir rejuvenecidos en la Fe. Todo verdadero proceso de liberación irá exigiendo lo que acabamos de decir. Por eso no nos debemos asustar por las dificultades y obstáculos del camino; todo lo contrario: lo cual no significa que no debamos ser lúcidos en saber discernir y ver bien lo que es verdadero de lo que es falso; lo que es fidelidad de lo que es infidelidad; en que es fruto de pasiones desatadas y descontroladas y dominadas por el egoísmo y la ambición de lo que tiene firmeza y  visión de futuro. Hay pasos dados en la marcha que venimos haciendo que ya son irreversibles; debemos ser vigías y estar alertados para no autoengañarnos ni dejarnos engañar en la vida al elegir los verdaderos caminos que nos lleven a ser felices como pueblo. No dejarnos caer en la tentación del cansancio, más que físico, moral, estrechándonos más fraternalmente para seguir construyendo juntos. Amigos, ustedes bien lo saben, cómo a diario se usa de la injuria y la mentira para lograr otros fines que no son, ciertamente, los que hace feliz, fraternal y creativo a un pueblo. Pero, amigos, no lo olviden nunca: nada se edifica sólidamente, ni tienen futuro, cuando se usan estos medios. Lo importante es no perder la grandeza de alma y saber jugar la vida por los grandes ideales y el bien de todos, especialmente de quienes más necesitan de nuestra mano amiga y generosa. A veces, sí lamentamos que muchas energías se utilicen para detener la marcha y la felicidad de nuestro pueblo, con actitudes tan carente de lo cristiano y tan poco  patrióticas, en este momento tan especial en que vivimos los argentinos y que debemos hacer  los esfuerzos para reconstruir tantas cosas. La Rioja, nos sigue reclamando una verdadera conversión de mente y corazón para hacerla feliz. Estamos celebrando la Semana de los Caudillos; es una buena ocasión para que desentrañemos el “mensaje” que ellos nos gritan desde la sangre derramada y brindada generosamente para hacer grande a La Rioja y a la Patria. Pensemos lo que, Hoy, a nosotros, se nos exige como fidelidad a ese pasado, como fidelidad a esa Fe Cristiana que ellos profesaron y como tarea urgente que debemos hacer para construir un futuro mejor del que vivimos en este presente.

Evangelización del mundo contemporáneo

            A este propósito, les debo informar que en la reciente conferencia episcopal argentina hemos tratado el tema central del Sínodo Mundial de los Obispos en Roma para el “74”; “La Evangelización en el Mundo Contemporáneo”, cómo ven esto obliga a todo los cristianos a que no nos quedemos cerrados en “pequeñas cosas” y sí dar, el aporte que debemos dar como Iglesia, puesto que, hemos proclamado que la Iglesia debe seguir siendo la gran “servidora de la humanidad”, aportando la respuesta a los grandes interrogantes del hombre de hoy, con el anuncio siempre actual de Cristo, Señor de la historia y fuente de la Vida Verdadera de la que viven y gozan los Santos en el cielo.

Matrimonio y Familia

            El tema de la familia, también asumió el tiempo necesario en las deliberaciones de la Conferencia Episcopal. Ustedes ya conocerán un documento que hemos publicado. Se podrán tener diferentes criterios para juzgarlo; lo importante es que la Familia es una realidad a la que tenemos que seguir avocándonos porque es fundamental en un proceso de reconstrucción nacional. Sobre esto hablaremos en otra oportunidad, como lo dije en otra ocasión al tocar el tema “familia”.

El Santo Padre y la Rioja

            Y antes de acabar estas reflexiones, les quiero decir lo siguiente: hace unos meses les decía que el Papa, Pablo VI, haría conocer lo que piensa de la Diócesis de La Rioja. Luego, hace un mes, les dije que el Papa enviaba una especial bendición para la diócesis y al pueblo de la Rioja, así se me comunicó que lo trasmitiera. Hoy, mis amigos, podemos decirles también que el Santo Padre, Pablo VI quiere, de una manera más manifiesta comunicarnos lo que piensa de nuestra diócesis y ayudar a discernir bien lo que muchos de ustedes viven y sienten en este sentido. Oremos para que sepamos acoger con verdadero espíritu y sentido de hijos de la Iglesia y fidelidad a la Cátedra de Pedro, lo que el Papa Pablo VI nos pueda hacer llegar a la diócesis y al Pueblo de la Rioja. Oportunamente les haré conocer más detalles de todo lo que sencilla y fraternalmente les acabo de comunicar.

            Finalmente, debo decirles que estando la diócesis en vísperas de unas jornadas de oración y reflexión, pongo en estado de oración vigilante a toda la diócesis, para que Dios, nuestro Padre, y San Nicolás nuestro patrono, bendigan los frutos de estas jornadas.