Histórica visita de la imagen original de la Virgen del Valle a la Ciudad de la Rioja, con motivo de los 75º años de la Aureolización pontificia de la imágen de San Nicolás

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POR: Pbro. Pablo Delgado

Pocos son los acontecimientos que se marcan duraderamente en la memoria de los pueblos, y cuyos recuerdos se actualizan año a año a través del tiempo.  Uno de gran trascendencia para la fe del pueblo riojano fue la motivación de Mons. Abel Bazán y Bustos de pedir al Santo Padre que autorizara y bendijera una aureola de oro para embellecer la preciosa imagen de San Nicolás, que desde tiempo inmemorial despertó la fe espontanea de todo el pueblo riojano. Este acontecimiento, que se llevó a cabo en la mañana del 29 de junio de 1920, quedó grabado en el corazón de todos los riojanos y que cada año es actualizado en el 1° domingo de julio.

Como pueblo fiel y devoto, no recordamos simplemente un acontecimiento, sino que estamos desafiados a volver a retomar el impulso de los orígenes de nuestra evangelización, para comprender de dónde venimos y hacia donde queremos llegar. Es por eso que los Obispos Diocesanos –desde la creación de la Diócesis en 1934- han procurado mantener viva piedad popular que tanto nos caracteriza y devolver a las tradiciones el lugar que merecen en la vida personal y social. No como “preservadores de una obra de arte” sino, como auténticos revitalizadores de una tradición que debe actualizarse y llenarse de vida nueva cada año. El espíritu pastoral de Mons. Bazán y Bustos, como el de los Vicarios Foráneos, y de tantos otros sacerdotes que supieron comprender los sentimientos de su pueblo son hoy “impulso renovador” para las nuevas generaciones.

Si bien cada año es celebrado el acontecimiento de la Aureolización con una solemne novena y procesión, es especialmente ensalzada cada 25 años. Así se fue realizando desde las primeras bodas de plata, que animó el primer obispo Mons. Ferrerira Reinafé.

La celebración de los 75 años de la Aureolización Pontificia de San Nicolás le correspondió organizarla a Mons. Fabriciano Sigampa, 5° Obispo diocesano. Mons. Sigampa fue un especial devoto de San Nicolás, y providencialmente en su segundo año de ministerio episcopal en la Diócesis, comenzó a organizar las festividades por las bodas de diamante de la Aureolización. Primeramente convoco el Año Nicolasiano:

“Ha llegado el momento en que debo, manifestarles el camino que recorreremos juntos para llevar a cabo la Nueva Evangelización, fortaleciendo la vida y el compromiso cristiano, apoyados en el valioso ejemplo de San Nicolás”[1]

La novena diocesana de San Nicolás comenzó bajo el lema “Con San Nicolás, caminemos hacia la Nueva Evangelización”, junto a una hermosa novedad, que no sólo coronó y engalanó las tantas celebraciones y misiones populares que se realizaron a lo largo de todo el año. Y fue la llegada a la Diócesis de la imagen original de Nuestra Señora del Valle, desde la Diócesis vecina de Catamarca; la declarada “Protectora de La Rioja” salía por primera vez de su santuario y provincia para bendecir más cercanamente a su pueblo riojano, con estas palabras la recibía Mons. Sigampa:

“El año Nicolasiano es recorrer un camino de gracia. ¡Qué mejor que la llena de gracia estuviere presente en este solemne acontecimiento! Ella misma me animó en nombre de todos los riojanos a solicitar su presencia (…) Madre del Valle: gracias por venir presurosa”[2]

Verdaderamente las fiestas que conmemoraron los 75 años de la coronación pontificia fueron días de verdadera evangelización y expresión de la fe de todo un pueblo a la Madre del Señor y a su santo intercesor. Los días cúlmenes de las fiestas fueron “la mayor concentración de fieles que se recuerde”[3] Una verdadera expresión de religiosidad popular, donde el pueblo de Dios encontró el espacio ideal para expresar lo más profundo de su fe de forma sincera y espontánea. Desde la tarde del día jueves 29 de junio hasta el lunes 3 de julio la bendita imagen de la Morenita del Valle permaneció en la Catedral basílica y Santuario de San Nicolás, las largas filas de peregrinos hicieron mantener el templo abierto de forma permanente durante los cuatro días de la visita.

Al año siguiente la imagen de San Nicolás visitó el santuario de la Virgen del Valle en Catamarca como muestra de unidad y fraternidad entre ambas diócesis, en esa ocasión Mons. Elmer Miani entregó en obsequio a Mons. Sigampa una réplica de la Imagen de la Virgen del Valle para nuestra Catedral Basílica, y desde entonces esta imagen acompaña las fiestas de invierno en honor a San Nicolás. Es una muestra de la presencia providente y fiel de María. Desde la Anunciación ella se convirtió en madre del Pueblo de Dios, podemos decir que de una manera similar, para el pueblo riojano desde sus más remotos comienzos San Nicolás es el punto de inicio en el camino hacia Jesucristo; el hijo de María, el Hijo de Dios.

[1]Mons. Fabriciano Sigampa. Carta pastoral con motivo del Año Nicolasiano. 25 de marzo de 1995.

[2] Mons. Fabriciano Sigampa. Homilía en la misa de recepción de la Imagen de la Virgen del Valle. Junio 1995. Portal de San Nicolás.

[3] Diario El Independiente, edición del 3 de julio de 1995.