Fiesta de la Santísima Trinidad (09 de Junio)

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Amigos y Hermanos Radio oyentes de L.V. 14

Celebramos, hoy, la festividad de la Santísima Trinidad. Este es el Misterio fundamental para el Cristianismo. Es el alma de todo el Evangelio de Cristo y la VIDA o REINO de Dios que se revela y se desarrolla en todo el Nuevo Testamento. Es el adorable misterio de Dios: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Para ayudarnos a esta reflexión dominical relataremos un hecho muy significativo y cargado de sugerencias para la meditación. El hecho es el siguiente: un hombre de pueblo acababa de bautizar a su hijito recién nacido; luego del bautismo regresa a su casa; la esposa recibe al hijo, y juntos se dirigen a la habitación matrimonial; una vez allí, colocan al niño en la cama matrimonial; luego ambos esposos se ponen de rodilla; descubren el pechito del hijo y con mucha piedad besan al niño en el pechito. Unos amigos que los acompañaban, al con- templar esta escena se sonríen con algún gesto de sorpresa. El padre del niño los mira y con mucha delicadeza les dice: ustedes no entienden lo que acabamos de hacer con mi esposa… por eso se ríen. Acabamos de dar un beso a la Santísima Trinidad porque por el bautismo ha elegido a nuestro hijito para convertirlo en su propio templo para siempre. Nuestro hijo es un cristiano, y acaba de ser hijo, también, por este bautismo de la Iglesia…

Esta pareja había entendido bien lo que dice Cristo en el Evangelio: “…y vendremos a él (el hombre) y pondremos nuestra morada en él…”. Es decir: vendremos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y convertiremos esta criatura en nuestra casa.

Por eso nuestra actitud interior deberá ser en esta reflexión la misma que la de estos esposos: la de adoración al Dios vivo y presente en cada hombre, porque allí está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitando en su propia casa por las aguas regeneradoras del bautismo. Esto sucede cada vez que derramamos el agua bautismal en cada niño o adulto que bautizamos. Casi diría que esta actitud la queremos hacer de rodillas, como la de estos padres. Porque sabemos que en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo existimos y nos movemos.

Y para nuestra reflexión es útil recordar que en nombre de la Trinidad bautizamos; en nombre de la Trinidad ungimos la frente del joven cuando lo con- firmamos para hacerlo Testigo de la Vida que le ha regalado Dios al Hombre por Cristo; en nombre de la Trinidad trazamos la cruz en el sacramento de la reconciliación cuando confesamos nuestros pecados; en nombre de la Trinidad consagran el amor los novios en el sacramento del matrimonio; en nombre de la Trinidad imponemos las manos sobre las cabezas de los nuevos sacerdotes para consagrarlos; en nombre de la Trinidad celebramos la Eucaristía y en su nombre consagran sus vidas las mujeres y los varones que asumen la vida religiosa; en nombre de la Trinidad ungimos los sentidos de los enfermos; en nombre de la Trinidad ponemos una cruz en cada sepulcro de nuestros muer- tos; en nombre de la Trinidad bendecimos todo cuanto hace el hombre y toda criatura o cosa de la creación para servicio del hombre y glorificación de Dios. En nombre de la Trinidad iniciamos el día, bendecimos los alimentos que comemos y cerramos cada jornada por la noche antes de entregarnos al descanso.

La misma Iglesia nace de la Trinidad: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia es hija de la Trinidad. El cristiano es hijo de la Trinidad. Esta verdad del nacimiento de la Iglesia en la Trinidad es fundamental para comprenderla y comprender su misión en el mundo. Desde aquí comprenderemos mejor toda la obra colosal llevada a cabo por el Concilio Vaticano Segundo. Más aún, toda la creación; todo cuanto nos rodea está marcado y sellado por la presencia de Dios Trinitario. El que tiene alma contemplativa podrá descubrir las huellas de Dios Padre que crea y saca de la nada a la existencia todo cuanto existe. Descubriremos que el Hijo, Jesucristo es quien reconcilia, redime, salva, libera, lleva a toda la creación a la armonía rota por el pecado del hombre. Es el Espíritu Santo que purifica, reúne lo disperso, santifica, convoca a los hombres a vivir en fraternidad y comunión entre sí para hacer un pueblo nuevo que sea santo, sacerdotal y señor de las cosas. Nos hace verdaderamente el Pueblo de la Trinidad.

Esta presencia viva de la Santísima Trinidad en el corazón del cristiano es el secreto que hace fuerte a los mártires; que le da fuerza a todos los que trabajan por la justicia y el encuentro entre los hombres; es quien le da sabiduría y fortaleza para que los pueblos luchen para ser respetados y considerados como templos vivos de la Trinidad; es aquí donde encuentran sentido la vida de los consagrados que entregan totalmente la vida al servicio de sus hermanos; es aquí donde se mantienen frescos y permanentes los valores eternos escondidos en el corazón del Pueblo.

Todo lo abarca y todo lo llena la presencia y la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Frecuentemente encontramos hermanos nuestros que se sorprenden o no entienden todos estos gestos que acabamos de señalar. La res- puesta es fácil: existe la presencia de ALGUIEN que es la Trinidad que infunde VIDA, FORTALEZA, ESPERANZA, LUZ y un profundo y operante AMOR para que se lleven a cabo las más profundas transformaciones. En pocas palabras; es aquí donde estaba el secreto de esos padres que besaban el pechito del niño. Ellos habían comprendido todo esto. Con un gesto simple nos enseñaban una profunda lección para la vida.

Jamás podrá arrancarse del corazón del hombre cristiano o de corazón recto, a este Dios Trinitario que misteriosa y eficazmente obra en el corazón de cada hombre y en el corazón de cada pueblo. Comprender y explicar en sentido profundo, la historia y los gestos de nuestro pueblo riojano, sólo lo podremos hacer si lo sabemos ver con ojos iluminados por esta realidad: El Dios Trinitario que camina con su pueblo. Podemos decir que nuestro pueblo riojano es hijo de la Trinidad, porque fue bautizado en su Nombre que es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Qué pobres somos y cómo, a veces nos equivocamos, cuando pretendemos juzgar a la Iglesia de la Trinidad con razones puramente humanas o considerarla como simple Institución humana. Más allá de lo que los hombres podemos equivocarnos como fruto de la limitación humana o de nuestros pecados personales, sin embargo nos debe alentar y darnos una serena paz interior el saber con certeza que existe una presencia viva y verdadera del Espíritu Santo que anima y asiste permanentemente a la Iglesia como Cristo la fundó, para que la VIDA TRINITARIA traída al mundo por Cristo, sea cada vez más abundante y plena en el corazón de los pueblos.

Por eso, la Iglesia deberá jugarse hasta el martirio si fuere necesario, en el cumplimiento de su misión, para que los hombres y los pueblos sean siempre templos vivos de Dios y tratados como a tales. Aquí debemos ubicar el gran servicio que presta a la humanidad cuando señala todo aquello que atenta contra la dignidad del hombre y de los pueblos y que no los hace libres y felices sino desgraciados y esclavos. El hombre no ha sido creado, redimido y santificado por la Trinidad para ser esclavo sino libre; para ser feliz y no oprimido; para ser protagonista de su propio destino y no obsecuente. Solamente adorarás a Dios y a Él sólo servirás nos enseña el primer gran mandamiento; con toda tus fuerzas, con tu mente y corazón y el segundo, semejante a éste; esto mismo harás con tu hermano, que es todo hombre.

Por eso, también, todo esto nos recuerda que la Iglesia no puede ni debe reducir su misión a los templos materiales; allí deberá cumplir su gran misión litúrgica; pero no acaba allí su misión, sino que comienza y termina donde se juega la vida de cada hombre y de cada pueblo, que va más allá de los muros del templo. Todo esto nos debe hacer reflexionar ante hechos dolorosos que son fruto de confusiones e intereses egoístas que están en juego. Bendigamos al Dios de la Trinidad que todas las cosas y realizaciones que se vienen haciendo para que nuestro pueblo sea feliz y hermanado, pero con actitud crítica positiva y constructiva; por tanto, ayudemos a que en el seno de nuestra comunidad riojana, como lo debe ser de toda la comunidad argentina, desaparezcan situaciones y realidades que nos deben avergonzar como pueblo y es ofensa grave a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Miremos la vida y todo nuestro proceso con ojos sencillos y corazón recto para que no nos autoengañemos. Convenzámonos que Dios Trinitario es quien y en quien fuimos marcados por el bautismo haciéndonos un pueblo nuevo, es el Dios de la Verdad, de la Luz, de la Vida, de la Justicia, de la Esperanza, de la Misericordia y del Amor. No es el Dios que nos llama a construir con lo que es fruto de la mentira, de la injuria y de la explotación del hombre por el hombre. Nuestro Dios Trinitario es Padre celoso de su Pueblo. Pero seguimos creyendo firmemente y esperando serenamente que en este Año Santo, más allá de nuestras pequeñeces, florecerá un nuevo amanecer para la vida de nuestro pueblo riojano. El Espíritu Santo sopla donde quiere y cuando quiere. Esto me da certeza para afirmar que en el corazón de nuestro pueblo, aunque lentamente, el Espíritu Santo ya viene realizando “hechos” y “gestos”, que preanuncian acontecimientos felices.

Finalmente amigos: la más estupenda prueba de AMOR del Dios Trinitario ha sido regalarnos a los hombres a CRISTO, la Segunda Persona de la Trinidad. Este Cristo sigue presente entre nosotros como Señor de la historia. Una de las presencias de Cristo entre los hombres, la más estupenda, es su presencia en la EUCARIS- TIA. Allí está real y verdaderamente presente bajo las apariencias de pan y vino. También los cristianos celebramos de una manera especial la festividad del Santísimo Cuerpo de Cristo; la llamamos, también la fiesta del “Corpus”. Será el próximo jueves. Este año queremos darle un sentido especial. En la Eucaristía los hombres nos encontramos como comunidad fraternal y desde ella salimos para construirla con nuestros demás hermanos. En la Eucaristía celebramos el gran encuentro fraternal; es la Pascua de la reconciliación. Además, como argentino, celebraremos un Congreso Eucarístico Nacional en Salta. Todos esperamos que este Congreso sea para la Argentina lo que fue el Congreso del 1934 para la Argentina de entonces. Por eso les indico lo siguiente:

  1. Traten todas las comunidades parroquiales de tener un Triduo preparatorio a la celebración del Corpus, de la manera que ustedes lo juzguen mejor.
  2. En el Día de Corpus, jueves próximo, en la ciudad de La Rioja, celebren las misas solamente por la mañana. Por la tarde, este año haremos la Procesión con el Santísimo Sacramento en torno a la Plaza 25 de Mayo finalizando con la gran concelebración en la Catedral.
  3. Pidamos a Cristo Eucarístico para que en la Argentina y en La Rioja se realicen los grandes objetivos del Año Santo, así como lo quiere Dios. Pidamos también, para que el próximo Congreso Eucarístico no sea una manifestación solamente externa, sino el punto de partida para una Patria que se reencuentra como pueblo en la construcción de una Argentina que sea capaz de hacer felices a todos los argentinos. Pidamos, finalmente, por aquellos hermanos nuestros, que pudiendo estar ofuscados y enceguecidos por otros intereses, vean la luz y se sumen a la construcción de una Rioja de la que todos nos debemos sentir protagonistas.