Amigos y Hermanos radio oyentes de L.V.14.

En este Año Santo hemos venido preparando esta Pascua. Hoy, con este domingo de Ramos entramos a vivir la Semana Santa. Dios, Nuestro Padre, nos ha venido regalando un “tiempo fuerte” de oración y de gracia, que ha sido la Cuaresma. Porque prepararse para celebrar la Pascua es prepararse para celebrar la VIDA. Hoy resuena en todo el mundo un grito de esperanza y de alegría, como la de ese pueblo y la de esos niños del Domingo de Ramos de Jesús, en donde haya sido anunciado Cristo y en su nombre se haya engendrado una Comunidad Cristiana por la Fe, como Don de Dios al hombre, y por el regalo de la Vida Divina, infundida en nosotros en la fuente bautismal.

Nuestra Rioja, renacida a la Vida de Dios, por la Fe predicada desde la Colonia y por el bautismo que hemos recibido como regalo de Dios, une su voz a la de todos los cristianos del mundo, en este Año Santo, exclamando: “Hosana en las alturas”. “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Entramos en la Semana Santa. Vivimos el Misterio de Nuestro Señor Jesucristo, que fue consumado por medio de su muerte en la Cruz y por la Resurrección gloriosa el domingo pascual. Por la Fe nos sentimos, como empujados a acompañar a Cristo en el Vía Crucis del Viernes Santo para que la gracia que brota de esa Cruz, nos haga participar de la Resurrección y de la Vida que es la Pascua.

Hermanos Riojanos: esta es la gran Semana; la Semana que llamamos: Santa. Todas las reflexiones que hemos venido haciendo en esta Cuaresma, aquí tiene su sentido; en CRISTO, que muere en una Cruz y Resucita; por nosotros; por cada hombre de la condición social que fuere; por el que cree y por el que dice no creer; por el blanco y por el negro; por el sabio y por el ignorante; por el bueno y por el malo; por el que camina según los preceptos de Dios y por el que lleva una vida desordenada. La Redención Liberadora de Cristo es para todo el hombre: inteligencia y corazón, sentimientos; cuerpo y alma; y para todos los hombres de todos los tiempos. El hombre, cada uno de nosotros, con una respuesta libre, lo aceptamos o la rechazamos. Nos salvamos o nos condenamos eternamente. Aquí encontraremos la fuente del “hombre nuevo”; que todos anhelamos ser; la sociedad nueva que todos dolorosamente buscamos construir; esa paz verdadera que no acaba de nacer plenamente; la justicia que todos ansiamos verla hecha realidad en nuestras comunidades, que es el pueblo por quien Cristo entregó su vida; aquí encontraremos la clave de esa fraternidad que va cobrando tanto precio de sangre; ese “Encuentro” de pueblo de Dios que camina fatigosamente para encontrar la verdadera felicidad. Esta Semana Santa no es un simple recuerdo religioso; es una realidad viviente hoy; la gran respuesta de Dios a nosotros los hombres para que seamos un pueblo liberado en justicia y “santidad de vida”.

Es nuestra Semana Santa; en este Año Santo; en este camino doloroso que venimos haciendo, como individuos y como pueblo, para dar el salto a una vida que no sea “aguantada” sino “celebrada”. La Cruz que besaremos, con cariño y con gratitud el Viernes Santo no es solamente un madero muerto, sino el “árbol de la vida”; es mi misma vida personal y la vida nuestra como pueblo en su realidad como la tenemos. Por esta Cruz, precio de la Vida Pascual, la fraternidad entre nosotros, la justicia, la paz, se hacen posibles entre los hombres. Es necesario darle acogida y cabida en nuestras propias vidas. En esta Cruz y en esta Pascua deben caer todos nuestros resentimientos, todos nuestros engreimientos, todos nuestros egoísmos, toda nuestra mentira secreta y pública como llevamos la vida, todos nuestros odios, nuestra resistencia en ir contra la verdad, la luz y la reconciliación verdadera y profunda de mente y corazón. Obrar de otra manera es hacernos daño a nosotros mismos; impedir un proceso liberador según Cristo y hacer sufrir injustamente a nuestros hermanos que reciben las consecuencias de una vida así vivida. No lo dudo; en esta Semana Santa, La Rioja recogerá el fruto de muchas conversiones de vidas, necesitadas de hacer un verdadero cambio de todo aquello que les impide vivir felices y hacer felices a los demás. Nuestra Diócesis Riojana, que es decir lo mismo, nuestra Rioja, quiere vivir intensamente esta Semana Santa, porque la necesitamos más que nunca; porque en este Año Santo hay un reclamo de Dios, apremiante y urgente, de reconciliación según la mente del Santo Padre. No es necesaria describirla; es suficiente mirar la Cruz de Cristo; caer de rodillas; depositar junto a ella un corazón sincero y arrepentido y decir secreta- mente con todo las fuerzas de nuestra alma ¡PERDÓN SEÑOR! ¡Gracias, Señor! necesito tu luz y tu gracia para salir de esta situación que a veces se me hace insoportable. Necesito ser más amigo de mis hermanos; más justo; más noble de sentimientos; más generoso; más creyente de veras; más limpio de mente y de corazón; más amigo de la verdad porque la mentira me envuelve y me lleva a la ruina; más respetuoso de mis hermanos y de su honra; más consecuente con la vida de lo que digo creer; más comprensivo con el que dice no reconocerte; más sensible a mis hermanos que sufren y que necesitan de mí. Hermanos Riojanos: esta Semana Santa nos debe llevar a una oración personal y comunitaria más profunda y prolongada. Tomemos el Libro de los Evangelios, el Libro de los Salmos; los Libros de los Profetas Isaías y Jeremías y las Cartas de San Pablo, de San Pedro y de San Juan, y hagamos de su lectura personal y en grupos, reflexión de ella y oración. Iluminemos nuestra vida a la luz de esta Palabra Viva de Dios. En esta Semana Santa, el miércoles por la noche, en la Catedral, celebraremos la única misa vespertina de la diócesis, para consagrar los ÓLEOS y el CRISMA. Con ellos se celebrarán los sacramentos en la diócesis durante todo el año. Son: el Óleo para los bautismos; el Óleo para los enfermos; el Crisma para las Confirmaciones, consagrar sacerdotes y consagrar vasos sagrados. Esos Óleos son el fruto de nuestros olivares y del trabajo de nuestro pueblo riojano. En esa misma misa crismal, todos los sacerdotes de la diócesis, harán frente a la comunidad reunida en el templo y ante la diócesis la renovación de las promesas de la consagración sacerdotal que hicieron el día de la ordenación y la ratificación de la unidad sacramental del Orden Sagrado como servidores de Cristo a este pueblo confiado por el ministerio del obispo, que son ustedes. Traten de participar esta Misa Crismal.

En esta Semana Santa, celebraremos la Institución de la Eucaristía, el día del Amor que es Cristo y la necesidad de vivir en unidad y en caridad como servicio a nuestros hermanos. Este día eucarístico y sacerdotal, debemos estar muy unidos en la oración para pedirle a Cristo que nunca nos falten sacerdotes para las comunidades; que seamos fieles a nuestra consagración y al servicio de nuestro pueblo aunque tengamos que sufrir. El discípulo no puede ser mayor que su Maestro, que es Cristo. Es el Jueves Santo. Donde no hay sacerdotes, reúnanse ustedes para orar juntos y sentirse unidos a toda la gran familia diocesana.

En esta Semana Santa celebraremos el día de la CRUZ el Viernes Santo. No hace falta que les diga todo lo que es para un cristiano un Viernes Santo. Ustedes que están solos y sin sacerdotes, reúnanse junto a ese crucifijo que tienen y mediten juntos. Pídanle por tantas necesidades; por nuestra Rioja; por la Patria; por la verdadera justicia y por la verdadera paz. Para que todos seamos fieles hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Si van al Señor de la Peña, encontrarán que este año, se realizarán los principales actos de la Semana Santa, especialmente el Jueves por la noche y durante todo el Viernes Santo. Traten de vivir ese día, en el Señor de la Peña en la oración y en el respeto a los demás. Les darán indicaciones para que ese día sea vivido religiosamente y con espíritu de Fe.

En esta Semana Santa: viviremos el sábado santo. Día de preparación para la noche pascual. Será día para prepararse a la confesión. Traten de seguir las celebraciones penitenciales y poder, así, ensanchar el corazón en el canto del Aleluia, que es un canto de fiesta, de gloria, de gozo, de paz, de vida. La velita que llevarán a la ceremonia del sábado santo para encenderla con la luz del cirio pascual (esa vela gorda), es símbolo de lo que debemos ser los cristianos: testigos de la vida nueva en nosotros; de la alegría; de la paz interior y entre hermanos; de la fuerza de Cristo que nos llama para ser los verdaderos liberadores de todo lo que es pecado y consecuencia del pecado. Debemos ser verdaderamente: Pueblo de Dios en Marcha, que seguimos peregrinando, tomados de las manos y construyendo, lo que siempre les digo, una Rioja feliz.

Así preparamos la Pascua en esta última semana, la Semana Santa. Quisiera poder anunciar para la Pascua o en la semana Pascual el anuncio pascual para aquellos hermanos que no pueden vivir plenamente, en la FE, la alegría de Cristo Resucitado. A la Virgen Madre y a San Nicolás le pedimos que nos permita hacer este anuncio, habiendo preparado los corazones de quienes lo deben recibir. No es un regalo humano sino administrar debidamente el Don de Dios.