Domingo de Pentecostés (10 de junio)

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Amigos y Hermanos Radio oyentes:

Lo que hemos acabado de escuchar y lo que estamos ya viviendo, reflexionémoslo juntos. Y antes déjenme que mencione algunas comunidades de la diócesis: a las flamantes comunidades parroquiales de Vinchina, de Sanagasta y de la “Anunciación de María”, de la Ciudad, los felicitamos, a la comunidad que celebra hoy su fiesta, la del Espíritu Santo, en el Barrio Ferroviario, nos unimos a ustedes. Volvía anoche de los Llanos —concretamente de San Antonio— y pensaba: debemos darle gracias a Dios por este largo silencio de la misa radial. Nos hizo pensar mucho todo lo que significa la misa para nosotros para nuestro pueblo, qué importante es saber poner el oído a nuestro pueblo para no equivocarnos en la vida cuando tomamos decisiones como la suspensión de la Misa Radial, y seguía pensando: cómo debemos esforzarnos para que esta Misa sea el lugar de encuentro de un pueblo que tiene Fe, que reza, que canta, que sufre y que espera; que lucha hasta dar su sangre y que guarda un recogido y sabio silencio, como los arenales de los Llanos o la quebradas de nuestros cerros. Y recordaba las veces que ustedes, colgando la radio del horcón del rancho, poniendo un crucifijo y dos velas encendidas, se reunía toda la familia para participar de la misa, o poniendo la radio en la pirca de piedra muchos de ustedes seguían piadosamente la Misa mientras las cabras buscaban su alimento. O ustedes enfermos y ancianos o imposibilitados, se sentían parte viva de una comunidad.

Y a este propósito, quiero referirme a un gesto hermoso de nuestro pueblo.

No señalarlo sería injusto. Un grupo de personas de nuestros barrios, por determinación propia analizaron el hecho de la Misa Radial, recogieron el parecer y sentir de la ciudad, en los barrios y del interior y reclamaron ante las autoridades el ejercicio del derecho de manifestar su Fe como Pueblo. Más de 6000 firmas fue la respuesta a esta iniciativa. Este hecho nos debe hacer reflexionar a todos la sabiduría escondida en el alma de nuestro pueblo y que los valores que se encuentran guardados él debe ser respetado por quienes quieren servirlo fiel y lealmente.

También cabe destacar que las autoridades como respuesta a esa exigencia de la comunidad y sin mediar presiones, ha dado una respuesta que merece el reconocimiento. La misa Emisora, L.V. 14 nuestra radio a su silencio prolongado, también ha sabido responder generosamente a los reclamos del pueblo de La Rioja. Este gesto debe ser reconocido. Si hubo un silencio prolongado, desde hoy se hace también servidora de la Fe del pueblo de la Rioja.

Sentido de la Misa Radial:

Es el mismo de siempre, desde que comenzó hace más de doce años. Quiere ser el encuentro dominical, como dijimos, para que nuestra diócesis y la Provincia toda, sea cada vez más una gran familia, hermanada y dispuesta a construir La Rioja que todos soñamos. Quiere ser, esta  Misa Radial, una permanente iluminación desde nuestra Fe, desde el Evangelio, de todos los hechos y acontecimientos importantes de la vida de La Rioja, especialmente. Queremos seguir esforzándonos para caminar desde nuestro pueblo riojano, desde nuestra concreta realidad, desde sus luces y sus sombras. Tenemos una misión y un ministerio, no delegado por hombres sino confiado por ese mismo Espíritu Santo, al que no podemos renunciar, aunque el cumplimiento de esta misión pueda exigir precio doloroso.

Queremos ser fieles a lo que le decía el Apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Anuncia la Palabra de Dios, oportuna e inoportunamente”. La fidelidad al Señor y al proceso de una liberación integral de todo el hombre y de todos los hombres de nuestro pueblo, nos seguirán señalando el camino y marcando los objetivos a toda nuestra misión pastoral y de toda la diócesis. No anunciaremos un REINO DE DIOS ajeno y desvinculado de la vida y de la historia concreta de nuestro pueblo, como tampoco caminaremos y nos jugaremos por nuestro pueblo sin señalarle permanentemente que nuestra condición es la de peregrino y que lo definitivo es el encuentro con nuestro Padre Dios que está en los cielos. Nada de lo que toque y viva nuestro pueblo será ajeno a la misión y preocupación comprometida de esta Iglesia Diocesana. Y Si en el camino que deberemos seguir recorriendo, difícil y riesgoso pero lleno de esperanzas, se nos señala como Iglesia, con distintos “ismos“, ésto no nos apartará del cumplimiento de la misión evangelizadora y santificadora que tenemos si guardamos la doble fidelidad que antes dijimos: fidelidad al Señor y fidelidad a nuestro pueblo.

Si nos seguiremos esforzando porque se concrete la justicia en la diócesis, ésta no será otra que la que la nace  del Evangelio, si buscamos construir la paz, no será otra que la del Evangelio, si buscamos un encuentro entre nosotros y la verdadera fraternidad no será otra que la nacida del evangelio. Si trabajamos por una liberación integral es la que resulta de un evangelio vivido en la vida privada y pública.

Si deberemos asumir el papel y la misión de vigías de un proceso humano y cristiano no será otro que procurar que el Plan de Dios no sea frustrado en La Rioja. Sí deberemos asumir una tarea de denuncia en nombre del Evangelio, es procurar hacer un verdadero y auténtico servicio para que no construyamos una falsa felicidad y que la felicidad no sea par unos pocos sino para todos.

Si deberemos tocar asuntos concretos, hechos y acontecimientos que viva nuestro pueblo, no será con otra finalidad sino la de ayudar a reflexionar e iluminarlos desde la verdadera óptica y visión que nos da nuestra condición de cristianos.

Si deberemos seguir hablando de los pobres y de los que no tienen voz, será para que tomemos conciencia que a un estado de cosas así, no lo quiere Dios. No predicamos el odio sino la paz; pero la verdadera; no queremos ser nunca cómplices de la mentira y del engaño a nuestro pueblo y de la infidelidad al Señor.

Amigos radio oyentes: Hablar, hoy, de Pentecostés, es hablar de vida, de esperanza, de rejuvenecimiento, de renovación, de compromiso y de creatividad. Es hablar de fidelidad y amor a la Iglesia aunque los hombres seamos, aun, demasiado débiles y a veces infieles. Es hablar de una Iglesia que es comunión y no dispersión. Es hablar de fidelidad y amor a la Iglesia aunque los hombres seamos, aún demasiado débiles y a veces infieles. Es hablar de una Iglesia que es comunión y no dispersión. Es hablar de viento y fuego que es símbolo de purificación, cambio profundo de todo lo que obstaculiza la plena realización de nosotros los hombres.

Es sabernos encontrar, como los apóstoles con María en el cenáculo, y suplicarle con el canto litúrgico de esta festividad: VEN ESPIRITU SANTO, ENVIA DESDE EL CIELO  UN RAYO DE TU LUZ, VEN PADRE DE LOS POBRES, VEN A DARNOS TUS DONES, VEN A DARNOS TU LUZ. TU ERES DESCANSO EN EL TRABAJO, TEMPLANZA EN LAS PASIONES, ALEGRIA EN NUESTRO LLANTO. Sin tu ayuda divina, no hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Que tus dones divinos se derramen en este pueblo para que seamos fieles a nuestra FE.