De la tumba a la Vida

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«No regreses a la tumba de la que Dios ya te sacó”

Reflexión a cargo de Iván Bussone

La festividad de la Pascua reviste suma importancia en la tradición cristiana. La palabra “Pascua” proviene del término “pésaj”, que significa “paso”. Tanto la Pascua judía como la cristiana conmemoran una transición significativa: el paso de la esclavitud y la servidumbre hacia la libertad y el servicio, así como el misterio de la muerte y resurrección de Jesús, el tránsito de la muerte a la vida.

La solemnidad del domingo de resurrección incluye dos celebraciones litúrgicas: la vigilia Pascual, que se lleva a cabo durante la noche del sábado, y la misa del día, que son las celebraciones eucarísticas realizadas en el horario matutino o vespertino del domingo de Resurrección. La estructura de los actos litúrgicos del día no difiere de la celebración eucarística habitual. Sin embargo, se debe celebrar con gran solemnidad y regocijo. El dorado o el blanco son los colores litúrgicos propios. Las flores y la selección de los cantos manifiestan el júbilo de la ocasión. Se retoma el canto del “Aleluya”, que estuvo ausente durante toda la Cuaresma, antes de la proclamación del Evangelio y se lo escucha en diferentes momentos de la celebración.

Toda la Cuaresma fue un tiempo de preparación para la celebración de esta gran fiesta de la Pascua. Fue un camino de conversión, de transformación personal y de renovación espiritual para dar el “paso” hacia la mejor versión de ti mismo. Esa transformación la realiza Dios en tu vida, pero no lo hace sin tu participación. El domingo de Resurrección es un día para alegrarse y celebrar: “Este es el día que hizo el Señor; alegrémonos y gocémonos todos en Él» (Sal. 18, 24). Es un día grande y victorioso porque has vivido una Pascua, un “paso” adelante hacia tu mejor versión.

Quiero aprovechar la ocasión para compartirte un mensaje clave: “No regreses a la tumba de la que Dios ya te sacó”. No vuelvas a ese lugar que siempre te llevó al pecado, no regreses a ese ambiente que te pervierte, no vuelvas a consumir aquello que te destruyó, no entres en contacto otra vez con esa relación que te hizo vivir situaciones de manipulación y violencia. No busques otra vez esas páginas de internet o redes sociales que te llevaron a la infidelidad, no des cabida a esos pensamientos obsesivos o negativos que dañaron tu salud emocional. No retomes las prácticas de un estilo de vida que ya estás superando. Ni siquiera lo intentes para probar cuánto has cambiado. No regreses a la tumba de la que Dios ya te sacó, porque el cementerio no es para los que viven.

Tal vez todavía no has concluido tu proceso y estás en camino de salida de la tumba, de tu propia tumba. Igualmente, este mensaje es para ti: no regreses. Aunque todavía no hayas llegado a la meta y aún te queda un largo camino por recorrer, disfruta porque el paso (= pascua) que has dado te acerca más al objetivo. Hoy estás más cerca que ayer.

El pueblo de Israel en su travesía por el desierto, que era el “paso” necesario de Egipto hacia la tierra prometida, en más de una ocasión quiso regresar a Egipto. En una oportunidad llegó a reclamar: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este lugar miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni ganados, y donde ni siquiera hay agua para beber?” (Núm. 20, 5). Es increíble, pero se acostumbra a ser esclavo, tanto que hasta se siente comodidad con ese estilo de vida. Aprender a ser libres, a vivir sanamente, a ser felices, a ser discípulos de Cristo Jesús implica desaprender otros estilos de vida que no concuerdan con la meta de vivir con mejor calidad de vida, con una vida más humana y cristiana.

Por último, quizás no te sientas identificado con ninguno de los casos anteriores y estés pensando que en esta Pascua no hubo ningún “paso” en tu vida. Hermano/a, a ti te digo que esta Pascua también es para ti. El evangelio que se proclama hoy comienza diciendo: “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro…” (Jn. 20, 1). Con ello, el evangelista está subrayando que comienza una nueva creación, que comienza el nuevo tiempo de la intervención de Dios (Kairós, en griego). Tal es así que Jesús murió y resucitó para darte una nueva oportunidad, un nuevo comienzo en tu propia vida, para iniciar otra vez. Hoy domingo de Pascua es un día clave, “este es el día en que todo comienza de nuevo” (Pregón Pascual). Es el primer día de una nueva etapa de tu vida, una etapa en la que todavía está oscuro, como también lo afirma el evangelio, pero que ya está amaneciendo. Lo único que necesitas hacer es aceptar a Jesús como tu único y exclusivo Salvador y Señor de tu vida y comenzar a escribir este nuevo capítulo de tu existencia guiado por sus criterios:

Señor Jesús, hoy reconozco que me alejé de Ti, que te ofendí, que cometí muchos errores en mi vida. Pero también confieso que tu misericordia y tu perdón son más grandes que mis pecados. Confieso que moriste en la cruz por mí y resucitaste, venciendo a la muerte, para regalarme una nueva vida. Hoy te proclamo mi Salvador personal, mi único salvador. Ayúdame Jesús a que hoy pueda comenzar de nuevo. Te necesito y por eso quiero dar lugar a que pases por mi vida transformando todo aquello que necesita ser cambiado en mí. Amén.

En conclusión, la celebración de la Pascua te invita a conmemorar el paso que Jesús hizo de la muerte a la vida, brindándote una oportunidad para renacer en tu propio camino. Es un momento para reflexionar y permitir el paso de Dios en tu existencia, reconociendo su poder para traer nueva vida a cualquier situación, sin volver atrás.

La Pascua es un llamado a comenzar de nuevo, a dar un “paso” adelante hacia una vida marcada por la gratitud, el propósito y la confianza en el plan divino. Todo ello con la advertencia de no regresar a donde Dios te sacó. ¡Feliz Pascua de Resurrección!