El lunes 17 de julio monseñor Rosi brindó una charla y posterior momento de preguntas y respuestas sobre el voluntariado, su fortaleza, su cuidado y fines

El voluntariado es un modo de vivir los gestos, se funda en la Palabra y en la pregunta del juicio final de Mateo 25.

Se nos preguntará sobre la alegría que es lo esencial del cristiano ¿qué hiciste con la alegría que te regalé el día de la Resurrección?  Otros dicen que se nos preguntará sobre las manos ¿has dado? Lindo sería que abramos nuestras manos vacías y el corazón lleno de rostros. Los mártires riojanos son un ejemplo de eso, son un ejemplo de cobijo, de rostros.

El voluntariado es gratuidad, encuentro con el dolor y la injusticia que despierta una indignación que clama y empuja y hace nacer una rebelión de la solidaridad que cree que otro mundo es posible.

El voluntario es un vulnerable, es un herido que quiere reparar a otros. El voluntariado nos defiende de la indiferencia.

La miseria de nuestros hermanos nos concierne, es allí en donde aparece misteriosamente Jesús. El crimen más grave es el desinterés, Cristo bajó al dolor, estuvo en el sitio del dolor, para el cristiano amar es hacer obras de amor; nuestros gestos son el modo de hacer entenderá nuestro pueblo nuestros gestos de dolor.

Arrupe decía “donde hay más dolor allí está nuestro sitio”. Ante eso no tenemos todos los medios necesarios, pero como el buen samaritano tenemos nuestra persona que tiene que ver y detenerse ante el herido.

Si no podeos lo ideal hacemos lo posible.

No tener miedo a la obra grande ni tampoco al pequeño detalle.

Es hora de quitarnos las pantuflas y ponernos las alpargatas.

El voluntariado confía de forma apasionada, no tiene mucha técnica, ero tiene humanidad.

Cada uno de los mártires fue un apasionado. Un corazón que no sea apasionado no es un corazón. El voluntario tiene que ponerse en los zapatos de los otros y la clave es la humildad. Es el que se da cuenta que más allá es un mundo doliente del cual somos responsables.

El sencillo es el que pesca lo esencial que es amar y hay que cuidar al que cuida; los voluntarios no somos los grandes que vamos a los pequeños, los santos que vamos a los pecadores, los sanos que vamos a los enfermos. Muchas veces nos visita el cansancio, el desencanto, la fragilidad. El que se crea mejor que los demás no sirve para el voluntariado. Es sentirse hermanado en la vulnerabilidad, en la pobreza. El preguntar ¿cómo estás?, una visita, un llamado, un gesto de ánimo hace mucho. No tenemos una misión, somos misión, tenemos que animar, poner de pie, consolar.

La familia de Wenceslao son testigos de la alegría serena de nuestro pueblo. El pesimismo no es cristiano.

Hay que valerse de los medios de comunicación, crear espacios de propuestas de comunicación. Somos un poco tímidos y quedados para dar a conocer y dar espacios.

Tenemos que salir, andar con ánimo confiados en Jesús.