Chamical: La Puerta de los Llanos

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Punto de partida hacia la admiración y el disfrute de los Llanos Riojanos, Chamical aguarda en el sureste de la provincia perfeccionando el circuito turístico por atractivos parajes de la Ruta de los Caudillos. Naturaleza, tranquilidad, recreación y cultura regional, esta localidad de La Rioja y los poblados que la circundan constituyen un encantador destino donde encontrar el descanso deseado y el deleite pleno.

Trekking, senderismo, participación en festividades religiosas y tradicionales, contacto directo con la naturaleza propia de la región, constituyen el centro de la propuesta turística de esta zona.

Chamical, Olta, Tama, Patquía, Malanzán son algunos nombres de ciudades y pueblos riojanos casi desconocidos, paso hacia otros “grandes destinos” turísticos de la provincia, poseedores de recuerdos de caudillos y utopías que marcaron la región desde las luchas por la Independencia para siempre.

 

 

 

 

 

El viento fresco de la Quebrada de los Llanos trae silencio desde cada rincón de la sierra, enérgicamente verde. En nada se parece este lugar a ese norte calurosísimo del que tanto se habla. Apenas el chiflido del aire altera una paz sublime, en contraste con los recuerdos de luchas por la Independencia, que tuvieron en estos pagos a caudillos emblemáticos: héroes para muchos, contradictorios para otros. Como sea, estas serranías y sus llanos remiten, más que a paisajes, a los hombres que les dieron identidad por medio de sus luchas. Mirando allí abajo, hacia el otro lado, cabe imaginar que por esos senderos que hoy son paso hacia grandes atractivos como Talampaya, Chilecito o Famatina cabalgaban las montoneras de Juan Facundo Quiroga, Angel Peñaloza y Felipe Varela, envueltas en facones y utopías. Se trata de los caudillos que enfrentaron al gobierno centralista de Buenos Aires, soñando la participación de sus pueblos y la autonomía de las provincias por medio del federalismo.

Desde los filos de la Quebrada, los pueblos de Chamical, Patquía, Tama y hasta la propia ciudad de La Rioja parecen un puñado de puntitos luminosos, hogar de los cóndores andinos, las aves más grandes del planeta, y las que más y mejor se ven aquí.

El lugar, bastante desconocido, recibe la visita de aves adultas y jóvenes, que toman el aire ascendente de las planicies para flotar hasta que se lanzan al vacío. Desde allí se oye el único sonido, el del río Santa Cruz, que cruza fresco y transparente con algunas cascaditas a no más de 30 metros. Es la Reserva Natural Quebrada de los Cóndores.

La familia de los Vega heredó esta estancia a comienzos del 1800, y abuelos y padres de los actuales propietarios la sostuvieron cuando no había siquiera el camino de ripio actual, y todo se subía a mula y durante varios días. Los nogales son plantas de origen español, una de las tantas muestras del paso de la corriente colonizadora por estas altas tierras, a las que han venido seguramente en busca de agua y descanso. Es lógico: las sierras están bendecidas por un régimen de lluvias muy superior a la media provincial, y su microclima de altura las hace frescas y productivas.

Días de sol y agua en la veraniega Polco; actividades recreativas en el hermoso dique de La Aguadita; excursiones y Ecoturismo en la deslumbrante Santa Lucía; inmersión en las costumbres culturales de la particular Santa Bárbara; complementan esta cálida cartelera tentando al descubrimiento de cada rincón y detalle.

El comienzo de esa ruta está en Patquía, la más norteña del recorrido, 70 kilómetros al sur de la capital y ciudad que en quechua significa “encrucijada”. De allí en más, un enlace de pueblitos solitarios y escénicos es consecuente con las aventuras que se cuentan de sus caudillos. Tuizón, Chila y Tama son ejemplos: el arte de antiguos pobladores sobre roca y la veneración a la Virgen del Rosario mezclan por igual orígenes locales con enseñanzas coloniales. Esta última comenzó a venerarse en La Rioja en la población de Tama y ese templo atesora la fe y la religiosidad popular de miles de personas a lo largo de centurias.

A pocas cuadras de Chila, cuatro pequeñas lagunas encadenadas –a las que se llega por un camino sembrado de algarrobos y quebrachos colorados– contienen el agua que vierte el río Colcoles. Cerca aparece Huaja, donde Chacho Peñaloza nació y llegó a ser reconocido. Hoy su casa es una suerte de altar para muchos, y receptora del afecto y respeto de vecinos y visitantes. Ya como cabecera del Departamento de Quiroga, Malanzán es central en la Ruta de los Caudillos: el museo Runa Huasi (“casa del hombre”) lleva recuerdos del trío Peñaloza-Quiroga-Varela, máximos referentes de la lucha federal y del sur riojano, a los que Alberdi recordó junto a Artigas, López y Güemes como “obras del pueblo, personificación más espontánea y genuina. Sin más título que ése, sin finanzas, sin recursos, ellos han arrastrado o guiado al pueblo con más poder que los gobiernos”.

El camino sigue al Este con El Portezuelo, donde está la casa donde nació Quiroga, y al Oeste con las altas sierras de Loma Blanca, que recuerdan el paraje donde Peñaloza fue asesinado, y su cabeza exhibida como trofeo en la plaza de Olta. A los 47 años, la suerte de Quiroga no sería distinta, al ser emboscado y posteriormente asesinado. Por su parte, Felipe Varela, protegido de Peñaloza, se refugiaría en Entre Ríos y luego en Chile tras el suceso de Olta, muriendo luego cerca de Copiapó. Aún más al Este, el Departamento Rosario Vera Peñaloza –la recordada “Maestra de la Patria”– es un paso obligado hacia la provincia de San Juan por las salinas de Macasín. Recorriendo la ruta 79 aparece Chepes, cuyo Museo de los Caudillos evoca las reuniones que tuvieron allí Quiroga y Peñaloza, y donde se habla de ellos como si aún estuvieran vivos.

Si del espíritu hablamos, esta zona no sólo fue regada por la sangre de los caudillos, esta zona es testigo del ser y el hacer de los Beatos Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Enrique Angelelli.

Frente la plaza de Chamical está la parroquia El Salvador, al lado se conserva la casa en donde vivían Carlos y Gabriel, buenos curas que por hacerles  vivir la dignidad de hijos de Dios a ese pueblo, fueron torturados en la base Aérea de Chamical y abandonados en Bajo de Lucas, lugar distante 10 km de la ciudad en donde se construyó una ermita a sus memorias; lugar lleno de paz, de silencios que hablan de la entrega generosa de estos sacerdotes cuyos sendas están testimoniadas en el museo ubicado al lado de la Parroquia. A la entrada del templo hay un oratorio con las reliquias de ambos y la cruz colocada por el pueblo luego de sus asesinatos y profanada (aunque imposible de ser destruída) por manos “anónimas”. Todos en ese lugar tienen historias de ellos para contar, allí dieron sus últimos pasos que invitan a dar los primeros nuestros. Dos semanas después el Obispo Angelelli por denunciar y buscar explicaciones por sus asesinatos, también fue asesinado en el paraje Punta de Los Llanos, lugar también convertido en sitio de la memoria en el llamado Paraje del Pastor.

Todos los lugares nombrados son sede de la fe arraigada del pueblo que se muestra en su bondad, apertura, cercanía. Dones que se alimentan principalmente en la Virgen del Rosario de Ulapes, en la Madre de la Candelaria de Olta, en la Purísima Concepción de Chepes, en Nuestra Señora del Rosario de Tama, en Nuestra Señora del Milagro de Malansán, en Nuestra Señora del Rosario en Milagro, en Santa Rosa de Lima en Patquía…La Madre mayormente presente, la Madre que lleva a sus hijos a su Hijo Salvador de Chamical.

Toda la zona puede parecer, como primera impresión, agreste, monótona. La invitación es mirar lo que esconden este suelo y este cielo.