Celebración del Encuentro entre San Francisco y el Niño Alcalde – Homilía Monseñor Braida

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EVANGELIZAR MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS

Homilía  Mons. Dante Braida en la fiesta de San Francisco Solano en Las Padercitas, ciudad de La Rioja 20/08/2023 Is 56,1.6-7/Mt 15,21-28

“Mujer, ¡qué grande es tu fe!(Mt 15,28)

  1. Llenos de esperanza hemos peregrinados esta mañana para vivir el Encuentro de Jesús Niño Alcalde y San Francisco Solano, en el día que celebramos su fiesta, hoy junto a la presencia maternal de la Virgen María, nuestra Señora del Rosario de Tama.

Agradecemos la presencia de miembros de la comunidad de Tama, damos la bienvenida a todos los peregrinos llegados hasta aquí y saludamos a todos los que nos siguen a través de la radio, el canal de TV y las redes sociales. En la distancia estamos unidos viviendo este encuentro con Dios y como familia de creyentes.

Venimos peregrinando porque tenemos fe y porque queremos que nuestra fe aumente, para creer cada día más en Dios y animarnos a confiar más en nuestros hermanos y caminar juntos llevando adelante la propia misión en la Iglesia y construyendo la sociedad que habitamos para que en ella haya más justicia y paz. Una vida sin fe va perdiendo poco a poco su sabor y su sentido más profundo.

  1. Pero podríamos preguntarnos hoy ¿qué significa creer? ¿tiene sentido creer hoy?

Bien podemos dejarnos iluminar por el evangelio que acabamos de escuchar para encontrar una respuesta clara y alentadora. Jesús, que está en un país extranjero, se encuentra con una mujer que tiene una misión concreta: ser madre. Además ama a su hija. Pero, a su vez, tiene problemas, su hija está muy enferma y no consigue que se cure. Sin embargo escucha hablar de Jesús y confía que puede salvar a su hija. Tiene fe. Por eso se acerca y a pedir ayuda. Sin embargo se encuentra con varias dificultades que ponen a prueba esa fe. Los discípulos que quieren de algún modo apartarla, Jesús que inicialmente actúa con cierta indiferencia y mantiene un diálogo distante y con respuestas evasivas aludiendo a que él vino solo para el pueblo de Israel. Sin embargo la mujer insiste, insiste e insiste. Grita, se postra, habla, dice lo que siente y expresa lo que busca. Y finalmente responde que no quiere sacarle el pan a los hijos, pero considera que ella puede recibir algunas ‘migajas que caen al suelo’ de la mesa de esos hijos.

Sus palabras son toda una súplica, un clamor que expresa su necesidad. Ella no duda, tiene valor y  persevera aun cuando no tiene resultados inmediatos.

Jesús queda más que sorprendido al ver la fe de esta mujer y la alaba. “Mujer, ¡qué grande es tu fe!” le dirá, concediéndole lo que ha pedido.

Por eso la fe, en primer lugar, hace referencia a una relación directa con Dios, relación de confianza que lleva a una oración perseverante.

  1. Queridos hermanos y hermanas, como esa mujer cananea, todos tenemos una misión en la vida. La vida de cada uno de nosotros es una misión. Podemos preguntarnos: ¿Cómo esto y llevando adelante hoy esa misión? ¿Soy responsable en ella? ¿cómo la vivo?

A su vez, también puedo preguntarme ¿Cómo está mi fe hoy? ¿Es una fe grande? ¿Cuáles son las dificultades que tengo en la vida para llevar adelante esa misión que tengo y que soy?

Porque también en nuestras vidas e historias tenemos dificultades, heridas que nos duelen. Tenemos nuestra propia historia de vida y no siempre es una historia fácil: hay muchos dolores, a veces conflictos y también pecados. ¿Tenemos que esconder esa historia? ¡Claro que no! Tenemos que ponerla delante del Señor y también nosotros clamar: “¡Señor, si Tú quieres, puedes sanarme!” Esto es lo que nos enseña esta mujer: el valor de llevar la propia historia de dolor delante de Jesús; ella se animó a experimentar la ternura de Jesús. Por eso hoy, que cada uno tenga en cuenta su propia historia. Sí, siempre hay cosas difíciles. Pero hoy, con san Francisco Solano, venimos al encuentro de Jesús, llamamos al corazón de Jesús y con la confianza de aquella mujer podemos repetir: “¡Señor, ayúdame, Señor socórreme!”. Tenemos que tener presente que Jesús, tiene un corazón lleno compasión, capaz de llevar sobre sí nuestros dolores, de cargar nuestros pecados, nuestros errores, nuestros fracasos y abrirnos a nuevas oportunidades.

Por eso en el Evangelio de hoy Jesús nos invita a la confianza, a la perseverancia en la oración, a crecer en la fe y caminar hacia adelante con esperanza y ánimo. Él está con nosotros.

  1. Por otra parte a Jesús lo vemos presente en un país extranjero, va a Tiro y Sidón, por lo tanto pasa fronteras para estar cerca de otra gente diferente a la de su pueblo y allí también escucha a las personas y las atiende en sus necesidades.

Cuando san Francisco Solano llega a esta tierra, lo hace como un franciscano misionero, deja su tierra natal y, guiado por el Espíritu Santo, es parte de la misión de la Iglesia que siempre debe ir a lugares alejados a llevar la Palabra de Dios y hacer que todos los pueblos vivan del amor de Dios y reciban su paz. Tiene que pasar varias fronteras geográficas y sobre todo culturares para llevar adelante esa misión. Por eso tiene una sensibilidad especial por los pueblos originarios, valorando sus vidas e historias les comparte el evangelio de Jesús, les ofrece y ellos reciben la gracia del bautismo. Hoy esa misión la tenemos que llevar adelante nosotros, todos los bautizados. Buscando acercarnos a toda realidad humana, especialmente a la más afectada por la carencia, la pobreza, la enfermedad y ofrecer un oído atento que escucha y un corazón que se compadece y se dispone a hacer algo para ayudar.

Nos dice el papa Francisco en su primera exhortación: “…Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (EG n° 20). “La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad” (EG n° 46).

                En estos tiempos en los que queremos profundizar la sinodalidad de la Iglesia, los invito a orar con más insistencia y a sumarnos a la misión evangelizadora de la Iglesia. Estés como estés, en la Iglesia tenés un lugar y sos parte de su misión. ¡Vivila!

  1. También todos, creyentes y no creyentes, tenemos la misión de buscar caminos para mejorar la sociedad en que vivimos. Para eso es más que importante participar, participar de la vida social de nuestros barrios, pueblos y ciudades. A cuarenta años de haber recuperado la democracia tenemos la gran tarea de consolidarla. Un modo de hacerlo es a través del voto. Ahora ya están definidos quienes serán los candidatos de las próximas elecciones. Se viene un tiempo donde tendremos que escuchar atentamente cuáles son las propuestas que tienen para sacar adelante al país y a la provincia. Cuáles son las propuestas para resolver los problemas que hoy más nos aquejan, entre ellos: la situación económica, salud y educación, el trabajo y el empleo, la realidad de las adicciones que tanto afectan y destruyen la vida de nuestras familias y el tejido social; cómo favorecerán la participación ciudadana de todos los sectores sociales y cuánto estarán abiertos al diálogo social y político, particularmente con quienes piensan distinto, en búsqueda del bien del pueblo, de consensos y de la tan ansiada justicia social y amistad social. Será un tiempo de conocer más a los candidatos, sus vidas y trayectorias, y cómo viven la vocación de servicio al Bien Común. Asumamos con responsabilidad esta misión de construir una sociedad mejor ejerciendo el derecho al voto y, a su vez, participando con confianza de la vida social y de sus instituciones. Muchas cosas seguro que van a mejorar con la participación y responsabilidad de todos.
  2. Que nuestro querido san Francisco Solano nos anime a vivir con esperanza y alegría nuestra misión de cada día; que nuestros beatos Mártires riojanos, Carlos, Gabriel, Enrique y Wenceslao nos ayuden a confiar más en Dios, a creer más en su Evangelio y a entregar la vida en el servicio de los demás; y que Nuestra Señora del Rosario de Tama, que hoy nos visita, nos anime a seguir siempre los caminos de su Hijo aprendiendo cada día de su corazón misericordioso, siempre dispuesto perdonar, ayudar y dar nuevas oportunidades. Así sea.