90 años de la Diócesis de La Rioja – Homilía Monseñor Braida

0
205

Agradecidos por el camino recorrido, amemos nuestro tiempo y miremos hacia adelante

90 AÑOS DE FE, ESPERANZA Y MISIÓN

Homilía de Mons. Dante Braida pronunciada en la Misa por los 90 años de creación de la diócesis de La Rioja. Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari, La Rioja. 20/04/2024.   Lecturas:  Hc 4, 8-12; 1° Jn 3, 1-2; Jn 10, 11-18

Queridos hermanos y hermanas:

  • “Jesucristo, Ayer, hoy y siempre” (HB 13,8).

Para predicar a Jesucristo nació y vive la Iglesia. Para predicar a Jesucristo nació esta diócesis de la Rioja hace 90 años.   Por eso, hoy es un día para dar GRACIAS a Dios por estas 9 década de andar diocesano, y un día para dar cauce a la ALEGRÍA y el GOZO de poder ser testigos de Jesucristo en este tiempo en continuidad con quienes nos precedieron.

El 20 de abril de 1934, el Papa Pio XI, crea 10 nuevas diócesis en Argentina. El decreto dice lo siguiente: …al reconocer y considerar seriamente que la Iglesia católica en Argentina está creciendo cada día, de manera que las sedes episcopales actuales parecen insuficientes para satisfacer las necesidades espirituales del rebaño del Señor, hemos considerado conveniente establecer una nueva organización de diócesis y provincias eclesiásticas en toda la República Argentina. Por lo tanto, después de consultar al Nuncio Apostólico en esa República, y de considerar cuidadosamente todos los aspectos relevantes y obtener el consentimiento de aquellos que tienen un interés legítimo en el asunto, mediante el pleno poder apostólico, hemos decidido y establecido lo siguiente: Erigimos y establecemos diez nuevas diócesis en la República Argentina, a saber: Jujuy, La Rioja, Mendoza, San Luis, Río Cuarto, Rosario, Mercedes, Azul, Bahía Blanca y Viedma…La diócesis de La Rioja comprenderá el territorio de la provincia del mismo nombre, que hasta ahora pertenecía a la diócesis de Córdoba, e incluirá las siguientes parroquias: La Rioja, Aimogasta, Castro Barros, Chilecito, Famatina, Olta, Tama, Ulapes y Villa Unión. Estas parroquias se separan de la diócesis de Córdoba. Hemos establecido la sede episcopal en la ciudad de La Rioja, con la catedral en la iglesia de San Nicolás de Bari en la misma ciudad.”[1]

  • Las Iglesias diocesanas se erigen para llevar delante de un modo más eficiente la misión que Jesús nos dejó: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio” (Mt 28). Se erigen para llegar a todos los habitantes de su territorio y ayudar a que la fe se sostenga y crezca en ellos. Para que vivamos con alegría nuestro ser hijos de Dios y dejar que su amor se manifiesta plenamente en cada uno.

“¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente” nos decía recién la primera carta de San Juan. Sí, la Fe que recibimos en el Bautismo nos hace hijos de Dios y miembros de una gran familia que es la Iglesia. El amor con el que somos amados por Dios es el que nos une y hace plena nuestras vidas.

Hoy damos gracias por esta familia que es la Iglesia diocesana de La Rioja donde juntos vivimos y crecemos en la fe. Una familia que reúne a todas las familias que habitan cada hogar de este territorio y une a todas sus comunidades eclesiales para que caminando juntos seamos hoy testigos del Resucitado y un signo claro de la presencia de un Dios que ama a todos y por todos dio la vida.

Vivamos con ALEGRÍA el pertenecer a esta diócesis de La Rioja, superando toda tentación al aislamiento, de caer en esa soledad que nos encierra en nosotros mismos y abrámonos siempre a caminar con otros, como nos dice el papa Francisco: “Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo”[2]

  • En la Evangelización, siguiendo los pasos del Crucificado-Resucitado un signo claro de la presencia del Reino es el ocuparse de los pequeños, de los más pobres y necesitados.

En primera lectura Pedro y los Apóstoles son interpelados por haberse ocupado de un enfermo e intercediendo por este ante Jesús, le devuelven la salud. Con toda valentía dicen “este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.”

Hoy damos gracias a Dios por todas las personas que en estos 90 años, a través de la misión de la Iglesia diocesana, han encontrado en Jesús un alivio a sus necesidades y el sentido de sus vidas. Damos gracias por tantos que han vivido su fe siendo instrumento de ESPERNAZA para los más pobres.

A su vez, nos toca hoy abrir el corazón para que Jesús nos llene y ayude en nuestras carencias y asumamos como Iglesia la misión de estar cerca, asistir y ayudar a quien no puede solo en la vida o está pasando momentos de fuertes carencias. En el mensaje que esta semana dábamos como obispos argentinos decíamos que “desde hace décadas vivimos tiempos difíciles en nuestra querida Argentina. Hay muchas situaciones que atentan contra la dignidad infinita de la persona humana… Son tiempos complejos, por momentos contradictorios, en los que conviven una esperanza y paciencia honda de nuestro pueblo, que habla de su grandeza de corazón, con una incertidumbre y una creciente vulnerabilidad de las personas…”[3]

Queridos hermanos y hermanas, este es nuestro tiempo y tenemos que amarlo y en él tenemos que vivir comprometidamente nuestra vida como cristianos. Cada uno de nosotros somos la Iglesia y tenemos una misión en ella, una misión que es propia e importante y la vivimos junto con otros. La mayor alegría en nuestra vida es darla, entregarla en el servicio a los demás. No posterguemos la posibilidad de hacer el bien siempre. Seguimos que Jesús, que ‘pasó toda la vida haciendo el bien’ y nos llama a seguir sus pasos estando siempre a nuestro lado, hasta el final.

  1. En el Evangelio que escuchamos, Jesús se presenta como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas y ellas lo conocen a Él, y dice que ese conocimiento se realiza de un modo profundo “como el Padre me conoce a mí y Yo conozco al Padre”, y agrega… “y doy mi vida por las ovejas”. Hace muy poco celebramos la Pascua, nos alegramos con la entrega de la vida de Jesús y con su resurrección. Ese Buen Pastor es quien ha impregnado de Vida Nueva esta tierra riojana y la sigue impregnando hoy a través de su Espíritu que vive en nosotros y se manifiesta de tantas maneras.

Hoy damos gracias por cada uno de los pastores que ha tenido la diócesis en estos 90 años, por los obispos que han dejado parte de su vida en esta tierra: Mons. Ferreira Reinafe, el primer obispo, luego Gómez Dávila, Angelelli, Witte, Sigampa, Rodríguez, Colombo. Por mi parte hoy doy gracias por ser parte de este camino en estos últimos cinco años.

Damos gracias también por tantos sacerdotes que sirvieron, a través de sus compromisos cotidianos en los distintos rincones de la diócesis, han sido y son una presencia viva de Jesús buen Pastor para su pueblo. Damos gracias por los diáconos que, recientemente, se han sumado al andar de la pastoral diocesana y hacen presente a Cristo servidor, animando la dimensión del servicio en las comunidades.

Damos gracias por tantas religiosas y religiosos que, en primer lugar con su testimonio y también con sus obras, hicieron y hacen presente el Reino de Dios en esta querida tierra.

Damos gracias por tantos laicos y laicas que sembraron y siembran el Evangelio en la vida cotidiana, en sus familias, en sus lugares de trabajo, dando vida a tantas instituciones de la vida social, que trabajan por un mundo más justo y solidario, que rezan y viven los valores cristianos.

Damos gracias por los cuatro mártires que florecieron en esta tierra en estos 90 años. Los beatos Enrique Angelilli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera. Sus vidas entregadas, cada uno en su propia vocación, nos animan a darlo todo en nuestro camino de fe en este, nuestro tiempo.

  1. Hoy con un corazón agradecido miramos hacia adelante, queremos participar eternamente del Reino de Dios. Y sabemos que el camino se recorre en cada lugar donde nos encontramos. En esta bendita tierra, caminando en esta querida diócesis, con los hermanos y hermanas que hoy tenemos a nuestro lado, con los desafíos y posibilidades propias de este tiempo, con la compañía de nuestra madre la Virgen venerada en tantas advocaciones, nuestros queridos Santos y Santas patronos de nuestras parroquias y comunidades, de modo particular con San Nicolás y San Francisco Solano que, con Jesús Divino Niño Alcalde, nos alientan a seguir sus pasos.

Querida comunidad riojana con un corazón profundamente agradecido por el camino recorrido, amemos nuestro tiempo y miremos hacia adelante, caminemos con ALEGRÍA y  ESPERANZA, aun cuando se hace ‘dura la cuesta’. Que las palabras de nuestro querido beato Angelelli nos sigan animando en el camino y recordando a cada paso que “Hay que seguir andando nomás!”.

Que así sea.

[1] Pio XI. Bula ‘Nobilis Argentinae nationae. 20/04/1934.

[2] Papa Francisco. Evangelii Gaudium n° 268.

[3] Conferencia Episcopal Argentina. En tiempos difíciles, amar a los demás y alegrar sus vidas. Mensaje al pueblo de Dios. 19/04/2024