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Homilía Monseñor Braida: Beato Wenceslao Pedernera y admisión a las Sagradas Órdenes de Lucas Nazar

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Homilía Monseñor Braida: Beato Wenceslao Pedernera y admisión a las Sagradas Órdenes de Lucas Nazar

   

Beato WENCESLAO: LA PALABRA HECHA ENTREGA GENEROSA

(Homilía  Mons. Dante Braida en el 46° aniv. del martirio del beato Wenceslao Pedernera. Admisión a las Sagradas órdenes del Seminarista Lucas Nazar – Capilla Sdo Corazón – Sañogasta- 24-07-22)

 “Padre, que venga tu Reino, danos nuestro pan y perdónanos como nosotros perdonamos” (cf. Lc 11, 1-13)

Queridos hermanos y hermanas:

  1. Atraídos por la vida y testimonio del beato Wenceslao Pedernera vinimos hoy a compartir esta jornada y esta Eucaristía. En este mismo lugar vivió nuestro mártir, aquí cultivó la fe en la última etapa de su vida. A pocos pasos de aquí ofrendó su vida por el Evangelio, momento trágico y doloroso vivido junto a sus seres más queridos: su esposa Martha y sus hijas María Rosa, Susana y Estela.

Esta tierra fue regada por su sangre derramada por vivir el Evangelio que cautivó su vida y la llenó de sentido. Estamos aquí porque valoramos la belleza de esta vida entregada por amor.

Estamos aquí porque queremos acompañar a su familia que ha padecido la muerte de Wenceslao, que vive con gratitud su proclamación como beato y aún espera, como todos, la respuesta clara de la ‘justicia humana’ que esperemos llegue pronto. Y estamos aquí porque queremos compartir juntos el mensaje de amor y vida que nos deja el Beato y queremos nutrirnos de él para que siga germinando en nosotros dando frutos de justicia, compromiso y alegría evangélica.

 

  1. El Evangelio que escuchamos nos presenta a Jesús como maestro de oración que responde al pedido de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar…”. Pero, en primer lugar, destaca que Jesús “estaba orando”. En realidad en muchas ocasiones los evangelios nos muestran a Jesús orando, retirándose en soledad para rezar (cf. Lc 5,16); a veces orando la noche entera (cf. Lc 6,12-13). Tenemos presente que la segunda etapa del evangelio de Lucas presenta a Jesús camino a Jerusalén donde entregará su vida. En ese caminar Él va instruyendo a sus discípulos y haciendo milagros que confirmaban la presencia de su Reino entre nosotros. En ese camino Jesús reza y enseña a rezar. Al final de su vida Jesús también rezará ante de afrontar la pasión (cf. Lc 22,41.42) y morirá orando al Padre “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (cf. Lc 23,46).

Nos dice Francisco: “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos.”[1]  La conversión de Wenceslao se da en un ámbito de oración comunitaria, en aquella novena a la virgen de la Carrodilla en Mendoza, se da en la escucha de la Palabra que va a marcar su vida para siempre. Dice Coca que después de esa novena su Esposo “se compró una Biblia y empezó a leer la Biblia en las noches o en el día, cuando tenía tiempo y bueno…. El Evangelio no se le caía de las manos. Él cambió muchísimo, muchísimo. O sea que él se volcó… muy grande al Evangelio.”[2]

Hoy Wenceslao, como laico nos anima a perseverar en la oración cada día. A no descuidar un tiempo orante por negligencia o dejadez, o por estar tan enredado en los quehaceres de la vida. Porque esos quehaceres necesitan ser iluminados por la Palabra y tienen que ser asumidos por personas movidas por el Espíritu del Evangelio. Así, como Abraham, en la primera lectura, estamos llamados a dialogar con confianza con Dios y suplicarle por la vida de los demás e interceder por ellos. Cómo en Sodoma y Gomorra, también hoy hay muchos hechos de corrupción que deterioran a nuestra sociedad, una economía que se traga los salarios, unos pocos que detentan la mayor parte de la riqueza del país, una iglesia que nos cuesta salir y acompañar la vida de los demás en cualquier situación que se encuentre. Ante esas situaciones necesitamos dejarnos iluminar por la Palabra personal y comunitariamente y responder con acciones que brotan de ella.

 

  1. Siguiendo el Evangelio que escuchamos, cuando enseña a rezar Jesús nos enseña a alabar al Padre y a pedirle lo necesario para vivir: que venga su Reino, que nos dé el pan de cada día; que perdone nuestros pecados, como nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden, y que no nos deje caer en la tentación.

Al elevar pedidos a Dios reconocemos que somos pobres y necesitados y que él es un Padre bueno y providente. A pedirle el pan de cada día pedimos todo lo necesario para vivir, se trata del pan material que incluye todas las necesidades de la vida humana. También pedimos a Dios, como algo necesario para cada día, el perdón. Se pide perdón al Padre de las ofensas y se expresa el propósito de perdonar, a su vez, a los que nos ofenden. Por último pedimos no caer en las tentaciones que siempre nos alejan de Dios y de los demás

Wenceslao, inspirado por la Palabra, trabajó para que él y su familia tengan el pan de cada día y todo lo necesario para una vida digna. También trabajó para ayudar a otros a tener no necesario para vivir, de modo particular a los obreros rurales cuyo trabajo no era bien reconocido o remunerado. Su fe lo llevó a trabajar por un mundo más justo y equitativo.

Él también, inspirado por Jesús, murió perdonando y amando. Esa expresión “perdonen porque yo ya perdoné” o el “no odien”, son palabras que surgen de un corazón que ha meditado y se ha acostumbrado a vivir del Evangelio. Wenceslao muere como Jesús: desangrado y perdonando y, además, allí en su lecho de muerte, está preocupado por cómo estarían su esposa e hijas, según relata su hija María Rosa.

Así, en la vida de Wenceslao podemos ver un Evangelio encarnado, entregado y generoso hasta el final. Un Evangelio hecho vida por la oración y la acción, por una vivencia personal y compartida de la Palabra.

Queridos hermanos y hermanas, que bien nos hace su testimonio. Cuánto nos anima a asumir las responsabilidades de nuestra vida con este mismo Espíritu y con ese mismo compromiso.

La pastoral de la Familia Campesina, que se va consolidando entre nosotros, quiere ser un reflejo claro y contundente de la luz que nos deja este Beato para acompañar la hermosa vida del ámbito rural y para enfrentar los desafíos de este tiempo como son el problema hídrico, el poco precio de lo producido en el campo, la amenaza de perder tierras ancestrales o la permanente emigración, especialmente de los jóvenes, a la ciudad.

 

  1. Hoy también celebramos la Jornada de los Abuelos y Adultos Mayores bajo el lema: «En la vejez seguirán dando fruto» (Sal 92,15). Nos dice el papa Francisco en un mensaje para este día que “una larga vida es una bendición, y los ancianos… son signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia. ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!”

“…debemos vigilar sobre nosotros mismos y aprender a llevar una ancianidad activa también desde el punto de vista espiritual, cultivando nuestra vida interior por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia. Y, junto a la relación con Dios, las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración…”[3]

Hoy tenemos presente a tantos abuelos, abuelas y adultos mayores que alegran nuestras casas y comunidades con su presencia. También a aquellos que están solos o no tienen lo necesario para una vida digna.

Tenemos particularmente presente a Martha –Coca- Cornejo, la esposa de Wenceslao que está transitando esta etapa de adulta mayor como Abuela y Bisabuela. También está padeciendo los dolores de una vida vivida con una gran carga de responsabilidades y trabajos. Queremos expresarle nuestra cercanía y acompañamiento. Como dice Francisco, ella reza por todos y comenta que muchas personas se acercan a pedirle oraciones e intercesión. Ella no duda de la intercesión de su beato esposo. Sin duda que el amor que los unió hace sesenta años en el matrimonio hoy seguirá dando sus frutos.

 

  1. Lucas, estamos aquí, en tu tierra acompañándote en este día en que serás admitido como candidato a las Sagradas Órdenes. Llegas a este momento luego de un largo y progresivo camino de discernimiento con la ayuda de Dios que te ha llamado y de la Iglesia que te viene acompañando a través de muchos de sus miembros. La Iglesia, ha visto en vos claros signos vocacionales y hoy, en esta celebración, de un modo público y en comunidad te invita a un compromiso mayor en tu camino formativo para que, en el momento oportuno puedas recibir la consagración tu vida al Señor y a su pueblo.

La vocación se forja en una relación estrecha con Dios,  madura en una vida entregada en la misión que se te encomienda en cada momento de la vida y siempre crece junto a otros, en una vida fraterna asumida y comprometida. En ese sentido las líneas pastorales que nos vienen guiando como diócesis en los tiempos actuales son una guía segura para tu caminar formativo en estos tiempos.

La Iglesia toda necesita buenos y santos pastores que hoy alienten un estilo sinodal. Sabemos que así  como el beato Wenceslao inicia su camino de conversión en una Eucaristía presidida y por un sacerdote misionero. Viene a la Rioja atraído por la pastoral de un Obispo que, inspirado totalmente en el Concilio Vaticano II, valoraba esencialmente la participación laical. Su espiritualidad se alimentaba también de la partición de la misa dominical como bien lo destaca el P. Gonzalo Llorente cuando dice que de la Nueva Estrella donde residían escuchaban la misa radial del Obispo los domingos o iban a Vichigasta, o Sañogasta o a las fiestas patronales.[4] En ese sentido y en el acompañamiento cotidiano su santidad se forjaba con la cercanía sacerdotal.

Agradecemos la labor de los formadores del Seminario Nuestra Señora de Loreto de la Arquidiócesis de Córdoba que te han recibido y te acompañan. Sabemos de la importancia de esta ardua y delicada misión. En la persona del P. Sergio Colmenares nuestro agradecimiento a todos los formadores de esa Casa como también nuestra gratitud por estar aquí presente junto a los seminaristas cordobeses.

 

  1. Hoy pedimos al beato Wenceslao que interceda ante nuestro Señor para que cada miembro de la Iglesia viva plenamente la vocación. Para que, como él, los laicos vivan su compromiso en la transformación del mundo de acuerdo al Evangelio; que religiosos y religiosas sean testimonio claro y alegre del Reino de Dios; y que los pastores vivamos al servicio del apostolado con un corazón generoso y compasivo, entregado.

Y le pedimos para que todos podamos, con la gracia de Dios, luego de transitar nuestro peregrinar por este mundo vivir para siempre en la plenitud de la gloria con nuestros beatos mártires, nuestra madre la Virgen y todos  los santos y santas de Dios. Así sea.

[1] Papa Francisco: Gaudete et exsultate n° 147.

[2] Peña Gabriela. “El Santo de la Puerta de al Lado”. Pg 190. Pieco. 2022.

[3] Papa Francisco. Mensaje para la II Jornada mundial de los Abuelos y los Adultos Mayores. 2022

[4] Cf. Peña Gabriela. “El Santo de la Puerta de al Lado”. Pg 193. Pieco. 2022.

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