“En tiempos difíciles, compartamos más”

(Homilía de Mons. Dante G. Braida en Pquia. Señor del Milagro. Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo -06/06/21-)

Celebramos hoy la PRESENCIA VIVA de Jesús, en la Eucaristía. Presencia que llena cada corazón de amor y que ilumina a toda la sociedad con ese mismo

En la última cena, al tomar el Pan Jesús dice: “Esto es mi cuerpo”. La palabra cuerpo indica toda su persona que ahora se identifica con ese pan que se parte y reparte entre los discípulos. Cuando toma el cáliz con el vino lo identifica con su sangre que se derramara por muchos, como sangre de la NUEVA ALIANZA entre Dios y la humanidad. El culto a Dios, buscando la alianza con él y el compromiso de seguir sus mandamientos que antes se expresaba con el sacrificio de un cordero derramando parte de su sangre en un altar -que representa a Dios- y la otra sobre el pueblo (Ex 24, 3-8), ahora es reemplazado por Jesús mismo, por su persona, por su Cuerpo y su Sangre.

Así es, Jesucristo luego de pasar la vida haciendo el bien, la entrega totalmente. Entrega su vida como expresión de amor, de un amor que siempre busca el bien y crea alianzas, crea unidad respetando y promoviendo los particulares carismas de cada persona.

Hoy, siguiendo sus huellas, la entrega de nuestra vida por amor crea unidad y construye la vida comunitaria. Por eso cada vez que celebramos la Eucaristía experimentamos esa unidad, esa profunda comunión con Dios y con su pueblo, y allí recibimos también, en abundancia, su infinito amor que nos impulsa a hacer siempre el bien. Por ello, es esencial participar de la Eucaristía. Hoy valoramos y agradecemos poder participar de la misa por los medios de comunicación… pero la presencialidad es siempre necesaria en la medida de lo posible.

En días pasados la Comisión Ejecutiva del episcopado, en una carta, invitaba a descubrir que el cultivo de la vida espiritual es una “necesidad vital” para toda persona. Nos decía: “¿Qué ayuda a mantener encendida la esperanza en este tiempo tan dramático que vivimos? Con claridad lo decimos: La dimensión trascendente y religiosa de la vida. Así lo expresa y tiene necesidad de hacerlo nuestro pueblo. Ella constituye el horizonte de muchos argentinos y los llena de fortaleza, consuelo y esperanza. Aún para muchos que habitualmente no participaban de celebraciones y encuentros religiosos, la enfermedad y la muerte cercana de algún ser querido, así como la angustia y la desesperanza, se revelan como momentos difíciles que la fe ayuda a afrontar con mayor fortaleza. Entonces, la mejor política arraigada en el pueblo, es también la que reconoce la importancia de la espiritualidad en la vida de los pueblos.”

Y finalizaban con este pedido que nos incluye a todos: “En un dialogo abierto y eficaz, creemos posible se adopten aquellas medidas que garanticen estas celebraciones, asumiendo los ciudadanos y las autoridades religiosas, el pleno cumplimiento de las disposiciones en materia de distanciamiento y aquellas otras medidas sanitarias que se vienen llevando adelante en este tiempo.”1

A su vez, es necesario tener en cuenta que el Cristo vivo presente en la Eucaristía es el mismo que está presente en el hermano o la hermana pobre y necesitada de ayuda. Sabemos y lo palpamos cada día que la pandemia ha puesto al descubierto nuevas situaciones de Cuántas personas con precariedad en su trabajo u otras que se sienten solas y un tanto agobiadas o deprimidas. Por eso es tiempo de sacar lo mejor de cada uno para ayudar y compartir. La próxima semana tendremos la “Colecta Anual de Caritas”, que es “un gesto que nos une para servir a Jesús en el pobre. Un gesto que nos saca del yo para abrir las puertas del corazón al otro, al que sufre, a veces solo, descartado y tirado a la orilla del camino de la vida de la sociedad. Es Cristo crucificado, sufriente y solo, invitándonos a que dejemos brotar la semilla de amor sembrada en cada una, en cada uno de nosotros… invitándonos a amar, sin esperar nada a cambio.”2

Teniendo en cuenta el contexto que vivimos y el llamado de Jesús a dar nuestra vida por amor a los demás, el lema de la colecta de este año es “En tiempos difíciles, compartamos más”. Participemos generosamente sabiendo que Dios nunca se deja ganar en generosidad y que de muchas maneras nos recompensa y consuela.

Cuando nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, recibimos en nosotros su amor, pero no para guardarlo mezquinamente, sino para compartirlo con los demás.

La Eucaristía es participación de la Alianza nueva y eterna entre Dios y la humanidad que Cristo vino a instaurar con el ofrecimiento de su vida por amor en el altar de la cruz. Al participar de la Eucaristía y al adorar al Cristo Eucarístico también nosotros participamos de esa Alianza, nos unimos fuertemente a Aunque nos sintamos pequeños y pobres, también nosotros estamos llamados a colaborar para que se dé ese encuentro de unidad entre Dios y los hombres y mujeres de hoy. Al mismo tiempo tenemos que colaborar en la edificación de una nueva y verdadera alianza entre los seres humanos que hoy habitamos esta tierra. Sí, el sueño de Dios, es la unidad de sus hijos. Verlos caminando juntos, hermanados construyendo juntos la historia.

Por eso una vida cristiana y eucarística tiene que ver necesariamente con asumir nuestro aporte en la construcción de la amistad social, mucho más en tiempos tan difíciles como los actuales. Nadie tiene todas las respuestas y soluciones a los tantos desafíos actuales, por eso es tiempo de promover diálogos abiertos y compromisos mancomunados. Decíamos hace unos días que “de la escucha de todos, pueden salir soluciones superadoras. Más que nunca se requiere del diálogo de todos los sectores de la sociedad para consensuar medidas que tengan en cuenta la dignidad de la persona y el bien de todos… Es hora de opciones valientes por el bien común, de dejar de lado intereses particulares y ocuparnos del bien de toda la comunidad. Todos somos corresponsables de que en La Rioja se construya la paz social”.3

 

El sueño de Dios es que vivamos en comunión con Él y con toda la creación y que hagamos realidad entre nosotros la fraternidad universal cómo reflejo de aquella

La Eucaristía nos une fuertemente como hermanos y nos lanza a la misión. A ser fervientes misioneros de la fraternidad para nadie en este mundo se sienta solo o desamparado. Para que nadie en este mundo se sienta huérfano, sino que experimente en la Iglesia una familia que acoge, cuida, alienta e integra.

Somos conscientes que siempre en nosotros esta la tentación del egoísmo o el sectarismo. El mismo Jesús lo experimentó, en el momento más crítico de su vida le dicen “Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo” (Lc 23,35). Sin embargo hace frente a la situación ofreciendo su vida como pan partido y como sangre derramada por amor.

Por eso en este tiempo a la tentación de encerrarnos o de aislarnos hagámosle frente poniendo los ojos fijos en Jesús Eucaristía, para que saciados de su presencia y su amor, entreguemos lo mejor de nosotros, hasta la propia vida por el bien cada hermano o hermana que sufren la soledad o cualquier necesidad.

Pongamos a la Eucaristía en el centro de nuestra vida y todo se irá ordenando… se irá ordenando según Dios… para el bien de sus hijos y de la fraternidad humana. Así sea.